Historias poco conocidas de las FFAA chilenas

Tema en 'HISTORIA MILITAR' iniciado por VERDUGO, 24 Feb 2015.

  1. VERDUGO Colaborador

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    La tragedia ferroviaria de Alpatacal

    Escrito por Ernesto Vargas. Publicado en Historia Ferroviaria de Chile

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    Cadetes junto al tren un día antes de la tragedia

    Aunque este accidente ferroviario no ocurrió en Chile, sino en suelo Argentino, cada año es recordado especialmente por nuestro Ejército, ya que en él perdieron la vida 12 cadetes chilenos y otros tantos resultaron heridos.
    Corria el año el año 1927 y el Gobierno de Argentina extendió una invitación para que una delegación de la Escuela Militar de Chile participara junto a otras de Uruguay, Paraguay y Brasil en las ceremonias de celebración de la Independencia de Argentina y el centenario del General Bartolomé Mitre, las que se llevarían a cabo el día 9 de julio en Buenos Aires.
    Para tal efecto, dos compañías de cadetes chilenos, cuyas edades fluctuaban entre los 12 y 15 años, a cargo del Director de la Escuela Militar, coronel José María Barceló Lira, los capitanes Guillermo Aldana y Guillermo Rosa, y los tenientes Stringe, Garrido, Sagüés, Andrade, Miranda, y Gundelach, partieron desde el antiguo cuartel de la calle Blanco la madrugada del 6 de Julio hacia Los Andes donde luego se embarcaron en el Ferrocarril Trasandino para cruzar la cordillera en medio de la nieve invernal.
    La travesía se realizó sin mayores contratiempos hasta Mendoza, donde fueron recibidos en el Regimiento de Infantería N° 16. Luego de un descanso, la comitiva siguió viaje en el Ferrocarril de Mendoza a Buenos Aires en un tren arrastrado por dos locomotoras a vapor.

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    Ubicación de la estación Alpatacal sobre la ruta Mendoza - Buenos Aires.

    Al llegar a la pequeña estación de Alpatacal, en la provincia de Mendoza, durante la madrugada del 7 de Julio y mientras los soldados dormían, el convoy que viajaba a toda velocidad chocó de frente con otro que esperaba el cruzamiento. Producto de esto, los dos trenes descarrilaron iniciándose un incendio que atrapó a los heridos que se encontraban entre los fierros retorcidos además de los caballos que utilizarían los oficiales durante el desfile.

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    Restos de fierros retorcidos tras el accidente
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    Restos de fierros retorcidos tras el accidente

    La tragedia fue dantesca. Entre los fierros retorcidos y las llamas fallecieron 12 cadetes y 31 quedaron heridos, además de otros tantos heridos y muertos entre el personal ferroviario de los dos trenes. Incluso, unos años mas tarde, otros dos soldados fallecieron producto de las secuelas de este accidente.
    A pesar de la tragedia, y por una decisión del recién electo presidente Carlos Ibañez del Campo, el resto de los soldados que resultaron ilesos o con heridas menores continuaron camino hacia Buenos Aires, donde una delegación de 120 cadetes y 5 oficiales desfiló el 9 de Julio, según estaba planeado, como una muestra de la fortaleza de estos soldados que se sobreponían a la muerte y al dolor, lo que fue ampliamente reconocido por el público, el gobierno argentino y las restantes delegaciones.
    "Cuando los Cadetes chilenos desfilaron por las calles de Buenos Aires —dice un periodista de la época—toda la ciudad se conmovió, presenciando escenas verdaderamente impresionantes en la calle de Florida, donde la muchedumbre se revolvía pugnando por romper el doble cordón humano formado por los cadetes de los demás países sudamericanos, para abrir camino de honor a la Escuela Militar de Chile".

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    Destacamento de cadetes chilenos desfilando en Buenos Aires tras el accidente
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    Ceremonia de despedida de los soldados fallecidos

    Por su parte los restos mortales de los fallecidos junto con los heridos, entre ellos el Director de la Escuela Militar, volvieron a Chile, siendo recibidos por sus familias y una gran cantidad de personas que quisieron acompañarlos en su dolor tanto en la estación del Trasandino en Los Andes como en Santiago.
    Como homenaje a los cadetes fallecidos, la localidad de Alpatacal fue re-bautizada por el Gobierno Argentino como “Cadetes de Chile” y en ese lugar se instaló una estatua de bronce de 4 mts. de altura construida por el escultor argentino Alberto Lagos, que los lugareños llamaron cariñosamente “La Chilena”. Junto con ello, en Chile, al construirse la actual Escuela Militar en la comuna de Las Condes, su patio principal fue bautizado como Patio Alpatacal y en él, una placa recuerda los nombres de los soldados fallecidos producto de este accidente ferroviario.

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    Placa recordatoria en el patio Alpatacal de la Escuela Militar en Santiago

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    'La Chilena'', antes de que fuera robada y destruida

    Lamentablemente, desde hace años, el pequeño pueblo y estación Cadetes de Chile, que tenía como principal finalidad la de servir para maniobras ferroviarias, ha quedado en el abandono y con ella también la escultura de bronce. Producto de ello, el 12 de agosto de 2006 la estatua fue robada y cortada en pedazos por un grupo de delincuentes para vender el metal.
    Aunque la banda fue detenida más tarde, la estatua destruida nunca fue reemplazada.

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    Estado actual del lugar donde se ubicaba la estatua en homenaje a las víctimas

    Los militares chilenos fallecidos en este accidente fueron: Brigadier Osvaldo Medina Moena, los cadetes Guillermo Perry Fonseca y Oscar Martini Pérez, sargentos primeros Eudoro Garín Pino, Luis Navarrete Larenas, Cipriano Collao Collao y Nicolás Montes, el cabo primero Manuel Zamora Riveros, el dragoneante José Quintana Novoa, y los soldados Juan González González, Juan Pérez Seguel y Luis Gajardo Rosas.
    También fallecieron en el accidente los siguiente trabajadores ferroviarios argentinos: Inspector Domingo Doda, Camarero Manuel Estévez, Pió Ferrari, Sabino Ferro, Miguel Ferra, Manuel Reys, Camilo Bondin, Maquinista Jose Guzzo, Arturo Levet, Avelino Bavio, Victor Lorocotondo, Saturnino Velasco, Damián Alustizo, José Alvarez, Foguista Luis Bordin y el Inspector de Máquinas Tomás Bunting.
    Aunque esta tragedia ferroviaria ocurrió en Argentina, es recordada cada año por la Escuela Militar chilena y el Ejército de Chile como una muestra imborrable de los más altos valores de valentía y fortaleza del soldado chileno en el cumplimiento del deber incluso en tiempos de paz, enfrentado situaciones trágicas y dolorosas como la de aquel 7 de Julio en Alpatacal.
  2. VERDUGO Colaborador

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    En esa oportunidad y debido a la perdida de los uniformes de parada, los cadetes desfilaron en tenida de cuartel de diario
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    Triste historia que desconocía; excelente aporte don Verdu!!
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    En ese sector existe un seño (argentino), el cual esta empecinado en que no se pierda esa historia, por lo mismo hace gestiones y todos los años logra juntar gente argentina y chilena, desendientes y grupos folcloricos de ambos paises para recordar la fecha, lastinma que el monumento fue robado y ninguna de las autoridades de ambos paises (Ejercitos) hagan algo por reponerla.
  9. VERDUGO Colaborador

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    Misiones del Ejército chileno para la profesionalización militar de Colombia

    El desempeño de las misiones militares chilenas en Ecuador motivó a Colombia a solicitar asistencia de oficiales del Ejército de Chile para iniciar su propio proceso de reforma militar. También surgía esta necesidad de profesionalización de la complicada situación en que quedó Colombia con la segregación de Panamá y las guerras internas provocadas por el conflicto entre liberales y conservadores.

    En 1899 estalló la llamada "Guerra de los Mil Días", producto de un conflicto político interno que dejó al país en una situación realmente lamentable. Calmado ya el estado beligerante, ascendió al poder el General Rafael Reyes Prieto, en 1904, quien manifestaba una gran preocupación por la situación militar de Colombia y por la incapacidad del Ejército de mantenerlo en el poder ante un eventual nuevo levantamiento golpista o revolucionario.

    Coincidió que oficiaba entonces como ministro de Colombia en Ecuador, el General Rafael Uribe Uribe, quien había sido testigo del proceso de reforma militar quiteña quedando sorprendido con el dominio de la escuela prusiana por parte de los oficiales chilenos. Uribe había trabajado directamente como observador de las instrucciones, asesorado por el Capitán Ernesto Medina. En 1905, fue destinado a la representación de su patria en Chile, ocasión en que pudo confirmar sus impresiones sobre el prestigio y la profesionalidad del Ejército de Chile.

    Desde aquel momento, Uribe se empeñó en convencer al Presidente Reyes de conducir la reforma militar en planes, con personal militar chileno y no alemán, como muchos sugerían. Así, en septiembre de 1905 publicó la "Memoria sobre las Instrucciones Militares de Chile", un trabajo completísimo de investigación y recopilación, que terminaría de imponer la idea de profesionalizar al ejército colombiano bajo instrucción chilena. Al mes siguiente, salían los primeros envíos de cadetes para estudiar en la Escuela Militar de Santiago, entre los que figuraban dos hijos del propio Uribe. El Ejército de Chile también autorizó al Alférez de Caballería del Ejército de Colombia, José Manuel Izquierdo y Valdés, para ser incorporado en carácter de oficial extranjero en el Regimiento Cazadores del General Baquedano.

    Hacia fines de 1905, el Gobierno de Colombia procedió a solicitar directamente el envío de oficiales chilenos para iniciar la instrucción. Por recomendación de Uribe, se requeriría también de asistencia para la fundación de la Escuela Naval.
    En diciembre de 1906, quedó conformada la que sería la primera misión, escogida por el General Körner Henze. Los elegidos fueron el Capitán Arturo Ahumada y el Capitán Diego Guillén, recibiendo autorización para partir el 7 de enero del año siguiente. Se sumó a ellos el Teniente Primero Alberto Asmussen, para asumir la instrucción relativa a la que sería la Armada de Colombia y tomar la Dirección de la Escuela Naval.

    La misión chilena se encontró de inmediato con el desafío de organizar la Escuela Militar, dirigirla e impartir las clases en ellas. También debieron correr con la necesidad de producir los reglamentos orgánicos y organizar el alto mando del Ejército, de la Inspección General y del Estado Mayor.

    Considerando que esta misión se extendió por sólo dos años, la eficiencia con que logró iniciar esta titánica labor ha de ser ejemplar, al punto de que acercó ostensiblemente a ambos países a nivel diplomático, quizás como nunca antes había sucedido, considerando las diferencias que hubo entre Chile y el prócer Bolívar a inicios de la república, y luego por el apoyo de Colombia a la posición peruana durante la Guerra del Pacífico.

    La segunda misión chilena llegó a Colombia en 1909, compuesta por el Capitán Francisco Javier Díaz Valderrama y el Mayor Pedro Charpín Vidal. Díaz permaneció en Bogotá hasta 1911, con actuación destacada. Charpín lo hizo hasta un año más, fundando el 1º de mayo de 1909 la Escuela Superior de Guerra de Colombia, que comenzó a impartir sus primeras clases en 1910. La caída del Presidente Reyes y el ascenso de Jorge Holguín al poder, en 1909, y luego de Ramón González Valencia, en 1910, no fueron obstáculo para la continuación del proceso de reforma militar instruido por los chilenos. De hecho, el desempeño de Capitán Díaz Valderrama fue tan reconocido que, una vez ascendido a General, fue contratado como asesor del Ministerio de Guerra durante el conflicto entre Colombia y Perú, en 1932.

    La profunda reforma modernizadora de las fuerzas armadas de Colombia se completó con las misiones chilenas de 1912-1913 (Mayor Washington Montero, Capitán de Artillería Pedro Vignola y Capitán de Ingenieros Manuel Aguirre) y la de 1913-1914 (Mayor Carlos Sáez). En 1915, además, Colombia contrató a dos Capitanes chilenos (Ramón Álvarez Goldsack y Óscar Herrera Jarpa), para entregar instrucciones a los artilleros y crear la Escuela de Artillería.
  10. VERDUGO Colaborador

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    150 AÑOS | 15 DE MARZO DE 1867

    En Panamá se haría canje de prisioneros

    A un acuerdo se ha llegado por la acción intermediaria que está realizando Francia, respecto de los prisioneros de guerra de Chile y de España. Estos son los pasajeros chilenos de un buque mercante, y los marinos hispanos de la goleta Covadonga, en el apresamiento hecho por Chile. El convenio de canje se llevará a efecto en Panamá.
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    Este caso se dio en el contexto de la Guerra en Chile y Peru contra España. Los marinos españoles apresados eran la tripulacion de la goleta "Covadonga", que fue capturada por la corbeta "Esmeralda" y entre cuyos tripulantes se encontraba el Guardiamarina Arturo Prat Chacon.
    El 21 de mayo de 1879, estos mismos buques estaban en la rada de Iquique a cargo del bloqueo y el Guardiamrina Prat, ahora el Capitan Prat, ahora comandante de la "Esmeralda", la cual a la postre seria hundida por el monitor "Huascar".
    Ademas en la guerra contra España, Chile y Peru actuaron como aliados.
    Cosas de la historia
    A Diego Ruben le gusta esto.
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    Liberación de los patriotas de Juan Fernández en 1817


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    Después de la Batalla de Chacabuco, el 12 de febrero del 1817, en que el Ejército de los Andes derrotó al Ejército Realista, las fuerzas patriotas obtuvieron el control de Santiago y Valparaíso, mientras que los partidarios al Rey siguieron en posesión de Concepción, Talcahuano, Valdivia y Chiloé.
    Luego de esta decisiva victoria, Bernardo O' Higgins pronunció la célebre frase que da a conocer su clara visión marítima: "Este triunfo y cien más se harán insignificantes si no dominamos el mar", lo que plasmó al asumir como tarea central de gobierno la formación de una fuerza naval capaz de disputar a España el dominio del mar.

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    El 26 de febrero de 1817, se presentó sorpresivamente en Valparaíso el bergantín español "Águila", que fue capturado por las autoridades del puerto con la estrategia de mantener izada su bandera para engañar a las naves de esa nacionalidad que entraran al puerto.
    Las autoridades marítimas patriotas, se apoderaron del buque, desembarcando al capitán y nombrando pocos días después al joven irlandés Teniente Harvey Morris -llamado también Raimundo Morris- como su Comandante. La dotación quedó formada por 43 hombres, de los cuales 25 eran extranjeros, especialmente ingleses, y 18 soldados chilenos.
    A la nave se le instalaron 16 cañones y pasó a ser el primer buque de guerra que tuvo la Armada de Chile, izando la bandera de la Patria Vieja.

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    La primera comisión que desempeñó el "Águila" fue el 17 de marzo de 1817 a Juan Fernández para liberar y traer al país a 78 ciudadanos ilustres, quienes habían sufrido dos años de destierro por haber tenido alguna participación en los movimientos de la Patria Vieja.
    O'Higgins dispuso embarcar 25 soldados pertenecientes al Batallón N°1 de Cazadores, al mando de Morris, la primera guarnición de infantería embarcada, antecesora de las Infanterías de Marina de Chile y Argentina.
    Entre los prisioneros se encontraba Manuel Blanco Encalada, el más joven de los desterrados (27 años), quien llegó a convertirse en el primer Presidente de Chile y primer Comandante en Jefe de la Escuadra Nacional.
    El 31 de mayo de ese año, el Teniente Morris arriba sin novedad a Valparaíso, dando término a su comisión al liberar a un total de 125 personas que se encontraban desterradas.
    Morris era Oficial del Regimiento Cazadores de los Andes, pero había recibido su educación en la marina inglesa.

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    Morris apareció en el escalafón de oficiales de la Armada en 1824, como Teniente 1°, pero no figura con destinación de embarcado. Tiene el honor de ser el primer Comandante a cargo de un buque de guerra. Se ha dicho que Morris era de "carácter vividor", pero en su biografía encontramos que era tan entusiasta y valiente que se justificaba su apodo de "el loco".
  13. VERDUGO Colaborador

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    10 de abril de 1898


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    Construido en astilleros Armstrong, Withworth & Co. Ltd, Newcastle upon Tyne, Elswick, Inglaterra y diseñado por Philip Watts

    Desde París se informa que han quedado terminadas las pruebas de velocidad del crucero acorazado "O'Higgins" III, y que las de artillería serán efectuadas en el transcurso de la semana entrante. Llegado a Chile, en 1899, el buque cuyas tres chimeneas le valieron el apodo de "111", se integró a la escuadra que mandaba el Contralmirante Manuel Señoret, quien izó su insignia en el mástil principal de la nave a bordo de la cual en 1909 fue instalada una estación de radio. Sus últimos años los pasó sirviendo como buque cuartel en Talcahuano antes de ser dada de baja en febrero de 1935.
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    Muertes y reliquias: lo que seguramente no sabes sobre el Monitor Huáscar


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    Lugar donde cayo Arturo Prat Chacon






    “¡Humos al norte!”, fue el grito del vigía de la goletaCovadonga, un 21 de mayo de 1879, que alertó a los marinos del avistamiento de dos grandes buques peruanos, el Huáscar y el Independencia, frente a la costa de Iquique, en Perú.
    Eran cerca de las 6:30 AM y el comandante Carlos Condell, capitán de la goleta, alertaba a las dos naves chilenas que lo acompañaban: la fragata Esmeralda y el transporte Lamar.
    En la fragata, el capitán Arturo Prat se vestía velozmente mientras, fuerte, clamaba: “seguir mis aguas”, “reforzar las cargas” y “venir al habla”.
    “Muchachos. La contienda es desigual, pero ánimo y valor. Nunca se ha arriado nuestra bandera ante el enemigo y espero que no sea esta la ocasión de hacerlo. Por mi parte, os aseguro que, mientras yo viva, esa bandera flameará en su lugar y, si yo muero, mis oficiales sabrán cumplir con su deber”, cuenta la historia que dijo.

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    Bandera chilena en Huáscar | Fabián Barría | BBCL

    Luego de una hora del toque de “romper el fuego” y “al ataque”, los buques no presentaban daños considerables. En tanto, en la rudimentaria nave de Prat reventaban las desgastadas calderas debido a la sobreexigencia.
    El combate se subdividió en dos: el Independencia combatía con la Covadonga y la Esmeralda intentaba no darse por vencida con el Huáscar.
    Pero la situación para la fragata chilena se tornó insostenible, si incluso desde tierra le disparaban cañonazos. Encima, Miguel Grau, capitán del Huáscar, decide realizar una maniobra decisiva: chocar la Esmeralda.
    “¡Al abordaje muchachos!”, cuenta la historia que fue el último grito de Prat en su nave. En la bulla, sólo el sargento Aldea y el marinero Ugarte lo habrían acompañado.
    Tras el salto, una bala alcanzó al héroe nacional, lo que habría hecho que cayera de rodillas y resultara acribillado por un marino peruano.
    Los chilenos, sin ánimos de rendirse, continuaron batallando. Pero nuevos ataques del Huáscar produjeron que, a eso de las 12 del mediodía, sonara el último cañonazo de la Esmeralda y, diez minutos más tarde, esta fragata se hundiera.
    En fin. En -no tan- resumidas cuentas, esa es la historia que todos conocemos. ¿No es así? Pero… ¿qué hay más allá?
    Cañones, muertes, héroes y “contiendas desiguales”, son algunas de las historias que rondan estas batallas y que te contamos a continuación:

    La muerte de Prat

    El capitán de fragata, Arturo Prat, murió en medio de lo que se considera un valiente acto por la patria. Luego de su salto desde la Esmeralda al Huáscar, habría recibido un balazo que lo dejó arrodillado y, en esa postura, le dispararon en su frente.
    Grau escribiría 7 días más tarde a su cuñada, comentándole el deceso del capitán. “El valiente comandante de la Esmeralda murió como un héroe en la cubierta de este buque, en momentos en que emprendió un abordaje temerario”, sostuvo.
    Luego de casi dos semanas, el mismo Grau escribiría a Carmela Carvajal, la viuda de Prat, que “deplorando sinceramente tan infausto acontecimiento y acompañándola en su duelo, cumplo con el penoso deber de enviarle las, para usted, inestimables prendas que se encontraron en su poder y que son las que figuran en la lista adjunta”.
    Así, le envía las posesiones que pudo rescatar del capitán chileno. Hoy, su espada y la campana de su corbeta se encuentran en posesión de la Escuela Naval, en Valparaíso.
    Carvajal le respondería dos meses después, manifestando que “no puedo menos de expresar a usted que es altamente consolador (…) presenciar el grandioso despliegue de sentimientos magnánimos y luchas inmortales que hacen revivir en esta América las escenas y los hombres de la epopeya antigua”.
    En el actual museo Huáscar, está demarcada la zona en que Prat habría caído de rodillas y, posteriormente, recibido el disparo en la cabeza. Allí se lee que “en este sitio cayó Arturo Prat el 21 de mayo de 1879”.

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    Lugar donde cayo Miguel Grau




    Al día siguiente del combate, el diario peruano El Comercio de Iquique publicó la historia sobre la hazaña del capitán y que, luego de eso, “un marinero acertó a Prat un tiro de fusil Comblain en la frente, destapándole completamente el cráneo, cuyos sesos quedaron desparramados sobre cubierta”.
    El acta de exhumación del cuerpo detalla que “el cráneo estaba partido, casi destrozado, la mandíbula inferior caída y cubierta por el cabello de barba. El cuerpo tenía una camisa, sujeta a la cintura con una cinta blanca, en la que se leía claramente: ‘Arturo Prat, mayo 22′”.

    Los cañones

    En 1997 la Municipalidad de Valparaíso y la sociedad Estacionamientos Subterráneos Valparaíso S.A. firmaron un contrato para construir parquímetros bajo la plaza Sotomayor, en pleno centro porteño.
    En las excavaciones encontraron diversos objetos de valor histórico, relacionados con la marina: el primer muelle de la ciudad y una serie de cañones que, en la actualidad, se ubican en la Plaza de Los Héroes de la Base Naval de Talcahuano.
    Entre ellos se encuentran los dos cañones Armstrong, originales del monitor Huáscar. De acuerdo a la información de suboficial Manuel Barra, “eran capaces de disparar proyectiles de, aproximadamente, 132 kilos y, cada cañón, pesa 12 toneladas”.

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    Las armas, hoy en desuso, llegaron a Talcahuano en 2006, luego que en 2005, el ministro de Educación de la época manifestara su interés de que estos descansaran junto a la brisa marina chorera.

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    En el monitor Huáscar, éstos estaban ubicados en la actual Torre Coles, de 6,7 metros de diámetro y unas 36 toneladas de peso. Justo donde muestra la siguiente imagen:

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    La captura del Huáscar: “La contienda es desigual”

    El navío perteneció a Perú desde enero de 1866, hasta el 8 de octubre de 1879, momento en que, durante la Batalla de Angamos, fue capturado por 6 navíos chilenos.
    La contienda, nuevamente, era desigual.
    En ella participaron los navíos Loa y Covadonga, además de los blindados Cochrane y Blanco. Éstos persiguieron al Huáscar, que iba acompañado del buque Unión, por varias millas en las costas de Angamos. Encima, estuvieron involucrados los barcos chilenos Matías Cousiño y el O’Higgins.
    Según cuenta la historia, cerca de las 10 AM de ese día, el monitor peruano, comandado por Miguel Grau, abrió fuego contra la comisión chilena, siendo respondido rápidamente por el Cochrane, estando a una distancia cercana a los mil metros.
    Las municiones que llegaron al Huáscar quedaron marcadas y hoy, a más de 100 años de la batalla, todavía se pueden apreciar.

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    Minutos después de la respuesta chilena, Grau murió por la explosión de una granada en las cercanías del mando.
    Debido a los daños, el segundo al mando en el Huáscar decidió hundir el barco, momento que los marinos chilenos aprovecharon para abordarlo y tomarlo como botín de guerra.
    Esta sería la primera bandera chilena que izaron en el buque:


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    La muerte de Grau

    El comandante Miguel Grau murió producto de la explosión de una granada lanzada desde el blindado Cochrane, durante la misma Batalla Naval de Angamos.
    De acuerdo al suboficial Barra, se percataron de su deceso luego que, en el Huáscar, se encontraran “los restos de una pierna”. “La reconocieron porque él era blanco y velludo”, dijo.
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    Tal como ocurre con la muerte de Prat, para este comandante también existe un homenaje en la cubierta del Huáscar. En él se lee “Homenaje de la Armada de Chile al almirante peruano don Miguel Grau, caído en defensa de su patria el 8 de octubre de 1879”.
    Además, en el actual Huáscar aún se conserva su dormitorio, que puedes ver a continuación:

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    ¿De dónde viene el Huáscar?

    En septiembre de 1865 inició la guerra de Perú, Chile, Ecuador y Bolivia contra España, por lo que, a sabiendas de la situación crítica, un año antes el gobierno peruano mandó a construir el barco al astillero Laird & Brothers, en Reino Unido.
    De acuerdo a los dichos del suboficial Barra, desde que zarpó de Europa, llegó a Valparaíso y “estuvo por cerca de un año y ocho meses” en ese puerto. Y es que claro, en esos tiempos no se pensaba en que, 14 años más tarde, sería Chile y Perú quienes se enfrentarían.

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    Debido a una revuelta interna en el país vecino, las autoridades ordenan que el Huáscar arribe en mar peruano, llegando a El Callao recién en febrero de 1868.
    Tras su llegada, el nuevo gobierno de Perú nombra a Miguel Grau como comandante del navío.

    ¿Qué es de él hoy?

    En 2010, comenzó una seria polémica por la eventual devolución del Huáscar al pueblo peruano. De hecho, el entonces vicepresidente de Perú, Luis Giampietri, propuso “hundir” el barco para acabar con el problema.

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    Desde Chile, el exministro de Defensa, en el mismo año, dejó abierta la posibilidad de entregar el navío a la administración del país vecino. Ésta fue fervientemente apoyada por la presidenta del Partido por la Democracia (PPD) de la fecha, Carolina Tohá.
    Ella, reconociendo que la propuesta no era popular, sustuvo en su Twitter que “aunque me saquen la mugre, devolver el Huáscar a Perú no me parece mala idea”.

    Aunque me saquen la mugre, devolver el Huáscar a Perú no me parece mala idea

    — Carolina Tohá (@Carolina_Toha) August 18, 2010


    En fin, el buque continúa en Chile, apostado en la costa de la Base Naval de Talcahuano. Hoy es un museo que puede ser visitado por cualquier persona pagando $1000 por concepto de entrada. Aunque niños y adultos mayores cancelan $500.
    “El Huáscar iba a ser vendido como chatarra. Generalmente todos estos buques en desuso se van a la India y allá los desarman”, comentó el comandante Jorge Salvo. Por suerte, esto no sucedió y, como pocos patrimonios de la región del Bío Bío, se restauró.
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    Asiáticos en la Guerra del Pacífico De esclavos a soldados
    El batallón chino de Lynch y una inmigración improbable

    Óscar Contardo


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    En el siglo XIX miles de chinos emigraban a los puertos del sur de China en busca de trabajo. En los puertos se concentraban los enganchadores que les prometían un porvenir en América. Finalmente eran esclavizados.



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    En la guerra hubo un batallón de cantoneses esclavizados que prefirieron marchar con los chilenos a permanecer en Perú. Es el episodio más épico de la inmigración china en Chile, poco revisada por la historia y recopilada por un taiwanés que en medio del desierto se enteró de que sus paisanos habían estado allí desde mucho antes.



    ÓSCAR CONTARDO

    Entre los veteranos de la Guerra del Pacífico hubo chinos. Sin grandes monumentos, ni un recuerdo colectivo fijado en los textos escolares entre las tropas que ganaron el norte hubo orientales que llegaron a obtener pensiones de gracia por su lealtad al Ejército y que incluso fueron vistos ya ancianos, marchando como veteranos. Pocos se acuerdan de ellos.

    Un chileno en Cantón

    Pero antes de los chinos de la guerra hubo un chileno en la Guerra del Opio (1839-1942). Al servicio de la armada inglesa un joven Patricio Lynch llegó a las costas de Cantón. Allí debió aprender rudimentos del idioma que volvió a escuchar cuarenta años más tarde cuando en su marcha por el norte de Perú durante la Guerra del Pacífico encontró centenares de chinos esclavizados. Los fue liberando en la medida que avanzaba en su expedición. "Los dos mil hombres que le siguen parecen multiplicarse en los valles y serranías costeras; no sólo no pierde hombres, sino que captura valioso botín e informaciones preciosas entre los agraciados chinos que libera a su paso", explica Elsa Kan Ching en su tesis de historia de 1966, uno de los pocos documentos dedicados a la historia de la inmigración de chinos a Chile. Un proceso que tuvo su momento más llamativamente dramático en la Guerra del Pacífico, cuando los chinos liberados por Lynch en Perú se sumaron al ejército chileno. Eran culíes, trabajadores que vivían en condiciones miserables, mano de obra barata que mediante un resquicio contractual se salvaba de ser calificada como esclavitud. Enganchados en China después de firmar un contrato, eran hacinados en veleros en un viaje de cuatro meses. Los que llegaban vivos lo hacían para trabajar en Perú en condiciones torturantes. Eso encontró Lynch.

    En la medida que Lynch los liberaba muchos quisieron marchar con el Ejército. Hubo dudas pero finalmente fueron aceptados. Algunos soldados chilenos incluso dejaron el quepí y se protegieron del sol con los enormes sombreros de los inesperados aliados. Los cronistas registraron como en Lurín y frente a un templo al Kuan Yo, dios de la guerra, un millar de cantoneses juraron ponerse a las órdenes de general en jefe chileno en la voz de Quintín Quintana, un chino de Ica que pese a ser libre y haber logrado prosperidad asumió el liderazgo de sus paisanos recién liberados: "si ordena trabajar, trabajar; si matar, matar; si incendiar, incendiar, si morir, mueren". Así lo hicieron.

    El historiador y diplomático taiwanés Diego Lin Chou recopiló esta historia en "Chile y China: Inmigración y relaciones bilaterales" (Centro Barros Arana/Dibam). Allí relata que el general Arturo Villarroel, apodado "el general dinamita", dirigió la "Legión asiática" para desenterrar las minas y los torpedos, por lo que fue llamada "Legión Vulcano". Según informó en la época el diario El Heraldo: "los chinos han recibido de la Intendencia Jeneral del Ejército un traje completo de brin, desde kepí a zapatos...su alegría sólo es comparable con la de los niños cargando dulces". El diplomático taiwanés recopiló esta historia llevado por la curiosidad. En 1992 estaba de viaje por el norte. En un pequeño pueblo un lugareño le dijo a Diego Lin Chou que hacía tiempo que no veía "chinitos", porque en la década de los '40 había muchos. Era un pueblo en medio del desierto y la probabilidad que un paisano hubiera estado allí en medio de la nada y en las antípodas de su país a Lin Chou le pareció improbable, y por lo tanto una posibilidad atractiva para investigar. Decubrió el tráfico de culíes, las penosas condiciones en que llegaban a América -principalmente a Perú y Cuba- y los trabajos desde las plantaciones de azúcar del norte de Perú hasta las guaneras de Iquique.

    Así comenzó a reconstruir una historia de inmigración que tiene mucho de fantasma y que tuvo su momento más épico en los episodios de la guerra del pacífico, aunque continuaría con un carácter diferente hasta hoy.

    Espejismos chinos

    La presencia de chinos en Chile se cuela desde mucho antes de la guerra. Sus registros son como citas casuales, vistazos de hombres que aparecían repentinamente sin que nadie explicara cómo llegaron allí y con los que, al parecer, no había posibilidad (ni interés) de comunicarse. Hacia 1850 Vicuña Mackenna recuerda haber visto a diez chinos trabajando en Quillota y a otros cincuenta en una mina del norte, según detalla el libro de Diego Lin Chou.En ese rastro improbable se perdió incluso más de alguna historia familiar. Como la que descubrió Kranko Zapatta un periodista que se enteró de que su padre, que decía ser oriundo de la sierra peruana, era hijo de un culí que adoptó el nombre de una familia que lo refugió.

    "Mi abuelo después de la Guerra del Pacifico se quedó en Perú. Se hizo pasar por Serrano (indígena de los Andes peruanos). Allí estaba con una familia que hacía la comida en un campo de prisioneros y adoptó su apellido". El abuelo partió a Ecuador, allí formó familia. Luego uno de sus hijos se vino a Chile. Aquí se casó y vivió sin nunca reconocer su origen chino, ni comentarles de ese origen a sus propios hijos. Sólo se enteraron cuando un hermano de Kranko Zapatta visitó a la familia ecuatoriana de su padre. No los conocía, sólo sabía sus nombres, y como era natural todos eran en castellano. La sorpresa se la llevó en el aeropuerto cuando vio que sus anfitriones eran una familia evidentemente oriental. "¿Cómo no sabías que eras chino?" le dijeron.

    Atípico mestizaje

    Algo parecido debe suceder con un número importante de los descendientes de la inmigración temprana a la que alude Vicuña Mackenna, que terminó fundiéndose con la población local de las tierras al sur del norte salitrero.

    Lo definitivo es que después de la Guerra del Pacífico los orientales siguieron concentrándose en el norte grande. "Esta tendencia se mantuvo en tres décadas del siglo XX por el auge de la industria calichera, los chinos llegados a Chile [lo hacían] por invitación de sus parientes o amigos". Si en 1875 había 122 en diez años la cifra llegaba a los 1.164.

    Llegaban como trabajadores, ya no como culíes y sus nombres eran registrados según lograban darse a entender.

    Luzmira Yáñez es profesora jubilada vive en Antofagasta. Su padre llegó a Arica en 1919. Natural de Cantón se radicó en Chile luego de servir en un barco inglés. Todo indica que su nombre era Hung Yang, pero el encargado de registrarlo encontró más apropiado el nombre Roberto y el apellido Yáñez creando la rama cantonesa de los Yáñez, tal como existe una de los López (derivada de Lo Pi) y los González (Wong Sa Lee).

    "Mi padre se asimiló a la colonia china de Arica. Allí fundaron el club Chung Wha en 1923. Él fue el primer presidente y justamente los primeros directores tenían nombres españolizados: Antonio López, Manuel González y Felipe Leiva", explica Luzmira Yáñez.

    Mejor suerte con la conservación de su patrimonio onomástico tuvo el padre de Gustavo Chiang, ingeniero y que junto a su hermano Jaime tienen el curioso récord de haber sido ambos rectores de la Universidad Federico Santa María "elegidos, no designados", aclara. El padre de los ingenieros Chiang llegó a Iquique en 1907 con 17 años y ni una palabra de castellano. "Es el único chino que logró conservar su nombre sin españolizar: Chiang Chi Juan". La salvedad era que como transcribieron Juan en lugar de Hwan, la gente lo llamaba "Juanito". Don Gustavo Chiang recuerda que llegó a trabajar como empleado de un almacén y a los diez años era dueño de uno. "Después se fue a un pueblo que se llamaba Lagunas -que está en el mapa, pero ya no existe- . Allí tuvo 5 pulperías". Chiang Chi Juan se casó en 1919, pero antes dejó el budismo. "Lo bautizó monseñor Caro", cuenta Gustavo Chiang, que con 80 años ha visitado varias veces China y la aldea desde donde partió su padre.

    Actualmente, no existe una cifra del número de personas que compondrían la colonia china en nuestro país. Lo único claro es que la mayor parte de ellos está en el norte grande.



    IQUIQUE ORIENTAL

    Narciso Donoso
    Corresponsal en Iquique


    El arroz y el té son sagrados en Iquique. Ambas tradiciones fueron impuestas por los miles de chinos residentes desde hace más de un siglo. Sin embargo, y pese a estar a miles de kilómetros de su nación, los chinos están profundamente divididos por diversos factores.

    El ex dirigente de la colectividad y actual gobernador rotario del Distrito 4320, doctor Alberto Chong, llegó a Chile a los 14 y señala con tristeza que es muy difícil terminar con las divisiones. Estima que en Iquique viven más de medio millar de chinos y que se dividen en tres grupos: los que llegaron entre 1920 y 1930 por el apogeo de las salitreras y se dedicaron al comercio, los que entre 1940 y 1960 instalan chifas y los que a partir del 90 vienen por la Zona Franca. Misma división hace Jou-Lin Fang (98), quien agrega el componente político que dividió a los orientales entre nacionalistas y comunistas. Fang recuerda con nostalgia la fuerte presencia que alcanzó su colectividad y que les permitió incluso mantener un hospital, clubes y hasta un equipo de básquetbol. Llegó a Chile en 1928 después de 60 días de viajar en tercera clase en el vapor japonés "Amoy Meru". Fue dirigente de la colectividad y luchó por integrar a los descendientes de chinos nacidos en Chile. Cuando Iquique tenía 30 mil habitantes, los chinos sumaban mil y sus negocios estaban en todas las esquinas. Y el análisis de Chong y Fang se hace evidente cuando se trata de conversar con algunos de los propietarios de los más de 50 chifas existentes en la ciudad, quienes luego de preguntar "para llevar o servir" y enterarse de que se trata de una entrevista, se rehusaban a hablar o pierden por arte de magia su capacidad para entender español. Sus compatriotas los acusan de no interactuar con la comunidad y sólo dedicarse a ganar dinero.

    Una excepción a la condición anterior es el dueño del restaurant Sol Oriental, Fabio Huafang (38), quien es egresado de gastroeconomía y cocinero de trayectoria reconocida. Fabio llegó en 1996 a Chile y comenta. "Hay dos estilos de chino, los que vienen de Cantón y los de Shanghai y el norte. No hay mucha unión como colectividad porque todos se dedican mucho al trabajo y son grupos cerrados".En cuanto a las diferencias por el comunismo, estima que es un mito y que hoy el "comunismo chino es más capitalista que el propio Estados Unidos".

    Cuento chino

    La actriz y dramaturga Alejandra Rojas junto al Premio Nacional de Arte Gustavo Meza preparan una obra sobre la participación de los chinos en la Guerra del Pacífico. La obra, con financiamiento del Fondo Bicentenario, se llamará "Xi wang zhi di" (Tierra de Esperanzas) e itinerará por las ciudades del norte. "Ya hemos hecho parte de la investigación. Tenemos plazo hasta diciembre para escribir los textos, el guión y luego tener el montaje el próximo año", explica Alejandra Rojas.

    Será uno de los escasos reconocimientos de la participación china en la historia del norte de Chile. Marcelo Villalba, investigador de la Guerra del Pacífico, ha estado tratando de iniciar una campaña para levantar un monumento a los chinos de la guerra. "Es una deuda que se tiene para con ellos y que se ha propuesto a las autoridades chinas y esperamos que alguna municipalidad se sume a esta iniciativa. Los chilenos les debemos mucho". Villalba mantiene un sitio web dedicado a la Guerra del Pacífico y conoce al detalle los pormenores del rol de los orientales en esta guerra. "Los chinos vivían bajo una esclavitud de las peores. Los grilletes que llevaban les provocaban heridas y les deformaban los pies. Algunos vivieron engrillados por más de 20 años". Villalba cuenta que en "Seis años de vacaciones" las memorias escritas por el oficial voluntario Arturo Benavides Santos en 1925 permiten conocer la manera en que se integraron los chinos a la causa de Chile. "Benavides relata la historia de un chino que es contratado en el Batallón Lautaro. Comienza cuando una avanzada de las tropas chilenas encuentra dos trenes en buenas condiciones pero con algunas piezas faltantes. Los chilenos reúnen a los residentes les indican que querían que aparecieran las partes faltantes; entonces se aproximó un chino de grandes proporciones y con una actitud tranquila dijo que él sabía dónde los peruanos escondieron lo que los chilenos buscaban para hacer funcionar los trenes, pero los entregaría solamente si era contratado por el ejército de Chile. La condición fue aceptada, se arreglaron las máquinas y el chino Hajan se transformó en uno más del Batallón Lautaro. Por sus formidables condiciones físicas, fue encomendado a llevar a los rezagados cuando se tocaba llamado a cuartel, los que no oponían resistencia ante este gigante asiático", puntualiza Villalba.
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    Torpedera chilena en el Lago Titicaca persiguió Peruanos en la Guerra del Pacífico hace mas de 120 años, A fin de pacificar zonas extremas en conflicto.


    Experiencia Chilena en pacificacion de regiones conflictivas, aplicable a situación del VRAE Peruano, región fuera de control gobernando por narcotraficantes y Terroristas.

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    Los Chilenos tratamos de liberar a la región de Puno, de la opresión de "los señoritos de Lima" durante la Guerra del Pacífico.
    La historia que no cuentan en Perú.
    Una vez que se ha tomado Lima y efectuado la campaña de la sierra, las batallas de La Concepción y Huamachuco, sólo quedaba el ejército peruano de Arequipa, Chile organiza una expedición con el propósito de vencer a estas tropas, pero no hubo enfrentamientos, pues cuando llegaron los chilenos, las tropas peruanas se disuelven por completo.
    No obstante, manifiesta el historiador Eduardo Rivera, subsisten algunas sospechas de apoyo de Bolivia a la causa peruana, con transmisión de información de inteligencia a algunas patrullas, por medio del vapor boliviano "Yavarí", en el lago Titicaca.
    Se decide enviar al lago una torpedera, que es una embarcación de unos diez metros de eslora, con torpedos de botalón y dos ametralladoras. Un buque muy modesto en su estructura, pero en todo caso un buque de guerra, con todas las de la ley.
    La torpedera "Colo Colo" se acondiciona para ser transportada en un vagón de ferrocarril, en el puerto de Ilo de la costa peruana, hasta el puerto de Puno, en el Lago Titicaca y después los ingenieros y mecánicos chilenos la rearman para lanzarla al agua.
    Así inicia diversos patrullajes, constituyéndose en el primer buque de guerra extranjero en navegar en el Titicaca y el primer buque de guerra chileno, que surca las aguas más altas del mundo.
    El historiador sostiene que este es un hito importantísimo dentro de la capacidad que tuvo Chile en su momento, para poder desplazar su poder naval dentro de las necesidades de su fuerza bélica.
    Aunque no hubo enfrentamiento, puesto que el "Yavarí" era un buque mercante, que aún presta servicios en el lago, la sola presencia de la torpedera inhibió las operaciones lacustres y el uso militar del lago.
    Cumplida su misión volvió a las aguas del Pacifico y fue llevada a Valparaíso, donde después de apoyar algunas labores hidrográficas, fue desguazada en este puerto en 1885.


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    INFORMACIÓN OFICIAL
    En el sitio oficial de la Armada de Chile hay un registro para la "Colo Colo", en el cual en parte se indica que fue construida por astilleros Yarrow of Poplar, Isle of Dogs, en el río Tamesis, Londres.
    Llegó a Chile encajonada por partes, siendo armada en 1880 (en plena guerra), en Valparaíso. Tenía las dimensiones apropiadas para ser izada por los buques de la Escuadra y transportada a las áreas de operaciones. La proa estaba reforzada, de modo que podía embestir una embarcación de igual porte o un poco mayor. Se podía transformar en una embarcación de transporte de pasajeros.
    En los patrullajes en el Titicaca llevaba una tripulación de dos oficiales y 25 marinos, al mando del Teniente 1º Angel Custodio Lynch Irving.
    Todas las embarcaciones peruanas que se habían refugiado en Chileyaca, se entregaron a las autoridades chilenas encabezadas por el coronel Diego Dublé Almeida.
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    Esta historia es muy re' guena....
    El incidente del Itata fue un asunto diplomático e incidente militar entre los Estados Unidos y los insurgentes de Chile durante la Guerra Civil de 1891. El incidente se refería a un envío de armas en el transporte Itata desde Estados Unidos a Chile, para ayudar a las fuerzas insurgentes congresistas en la guerra civil chilena. El incidente del Itata fue una de las causas de la crisis del Baltimore y es una de las razones por las que Benjamin Harrison no fue reelegido para un segundo mandato como Presidente de los Estados Unidos.

    Antecedentes
    En 1891, después de una serie de luchas con los intereses multinacionales del salitre, el Congreso Nacional de Chile se negó a firmar el presupuesto nacional propuesto por el presidente José Manuel Balmaceda; entonces el mandatario disolvió el Congreso. La Armada de Chile se alió con el Congreso, mientras que el Ejército se alió con el presidente Balmaceda, originándose un conflicto armado.
    Los partidarios del Congreso, incluyendo a los miembros del disuelto Parlamento y sus partidarios con intereses sobre las multinacionales salitreras, compraron armamento a Europa y Estados Unidos. Con el apoyo de la Armada, dichas fuerzas capturaron rápidamente las provincias del norte de Chile, muchas de las cuales habían sido recientemente conquistadas a Bolivia y Perú durante la Guerra del Pacífico.

    Washington
    El canciller del gobierno de Balmaceda, Prudencio Lazcano, recurrió al Secretario de Estado de los Estados Unidos, James Blaine, para obtener ayuda. Blaine inicialmente rechazó la solicitud de Lazcano, pero más tarde, con el apoyo de su pronto sucesor, John W. Foster y contra el consejo de John Moore Basset, decidió ayudar a la administración Balmaceda. Moore renunció en protesta por la decisión de Blaine.

    Envío de armas de Estados Unidos

    Mientras tanto, Ricardo Trumbull, un agente de los rebeldes congresistas, fue enviado a Nueva York. Con el consejo de William Russell Grace, cuya empresa de nitratos se había trasladado desde Perú a Nueva York en la década de 1860 y que había ejercido como alcalde de Nueva York, Trumbull adquirió para los congresistas lo último en tecnología de armas de Estados Unidos, incluyendo rifles Remington. El ferrocarril fue cargado con armamento para transportarlo al puerto de Los Ángeles, California. La goleta Robert and Minnie transfirió las armas al vapor Itata, mientras navegaba cerca de la isla San Clemente.

    San Diego

    Antes de que el Itata pudiera encontrarse con el Robert and Minnie la nave chilena fue detenida el 6 de mayo en el puerto de San Diego bajo las órdenes de John W. Foster. El mariscal George Gard se hizo cargo de la nave, pero permitió que el Itata permaneciera bajo vapor y en medio de la corriente, listo para partir, durante su detención.1 A las 5:30 p.m. del 7 de mayo el Itata levó anclas y salió de San Diego contra las órdenes de Estados Unidos, mientras Guard estaba en el puerto buscando el Robert and Minnie, que había sido visto el día anterior en las cercanías de las aguas mexicanas.2 Los periódicos nacionales estadounidenses informaron posteriormente de una reclamación del mariscal Gard, quien había estado a bordo del Itata cuando partió y fue puesto en tierra por la tripulación en la misma tarde en el punto de lastre, señalando que el barco estaba cargado de soldados chilenos.

    Iquique

    La Marina de los Estados Unidos envió varios buques, al mando de dos almirantes, que los reportes de prensa afirmaban iban a abastecer a la Esmeralda con armas y municiones. Sin embargo, tanto la Itata y el Charleston, un buque de guerra que los Estados Unidos enviaron después del Itata a San Francisco, llegaron al puerto mexicano de Acapulco el 16 de mayo, sin lograr interceptar al Itata.3
    El Charleston dejó Acapulco para unirse a otros dos barcos de Estados Unidos, incluyendo el San Francisco y el Baltimore, y un contingente internacional de buques de guerra de la Marina Real del Imperio Británico y la Marina Imperial Alemana para esperar al Itata en el puerto de Iquique. Allí, el 4 de junio, los contralmirantes estadounidenses W.P. McCann y George Brown, convencieron a los congresistas chilenos de entregar el Itata y su carga de alrededor de 5.000 rifles.4 Irónicamente, otro cargamento de armas a bordo del buque Maipo con armamento y municiones de fabricación alemana Krupp llegó a Iquique el 3 de julio, por lo que la carga del Itata no era imprescindible para la causa congresista.

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