Historias poco conocidas de las FFAA chilenas

Tema en 'HISTORIA MILITAR' iniciado por VERDUGO, 24 Feb 2015.

  1. VERDUGO Colaborador

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    ¿Chile hundió un submarino peruano en Valparaíso?

    1
    09
    2013


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    El Combate del Marga-Marga [1976-Viña del Mar]
    “LIBRO SUMERGIDO”
    El 6 de agosto de 1999 se promocionaba la venta en Chile el libro `Agosto 25′ de Manuel Contreras Valdebenito, hijo nada menos que del ex general y jefe de la polémica DINA. En uno de sus capítulos menciona que en los 70, estando la escuadra chilena calentando calderas en Valparaíso para participar en la Operación Unitas con unidades de la Marina de Estados Unidos, se detectó de casualidad la presencia cercana de 2 submarinos. Luego de verificar que dichas unidades no eran propias y que tampoco se trataba del USN GATO -el señuelo del ejercicio-, se ordenó atacar los objetivos.
    Uno de los submarinos fue identificado como nuclear (aparentemente soviético) y el otro de tipo convencional. El primero huyó rápidamente hacia el oeste, mientras el segundo siguió rumbo norte paralelo a la costa, siendo atacado con cargas de profundidad. Se confirmó su hundimiento con toda la tripulación en un estero cercano a Viña del Mar.
    Según el autor el submarino era peruano pero nunca las autoridades peruanas ni chilenas hablaron al respecto. En 1983 buzos de la armada chilena cubrieron los restos con una malla a fin evitar estos puedan causar daños a embarcaciones que transitan la zona. Finalmente el autor revela que la revista Jane’s, en su balance anual reportó: “BAP Rímac Lost” (perdido).
    Aclaración: BAP Rimac no existe en el historial de la MGP, pero existe si la duda sobre la disponibilidad del numeral 47 del listado de MGP de ese entonces. Desde ese momento la duda quedo sembrada.
    Y el segundo tomado desde los que vivieron la experiencia:
    SEPTIEMBRE DEL AÑO 1976
    Es septiembre de 1976 Ingresa a la bahía de Valparaíso, el mercante peruano “Abtao”; pegado bajo su quilla navega un Submarino peruano (clase Balao, de construcción estadounidense,2°Guerra Mundial, igual a los nuestros ).

    El mercante ingresa al puerto y atraca al sitio 3,de los recintos portuarios. El submarino se posa en el fondo arenoso, al frente de la Universidad Santa María. El plan era, desembarcar en la noche comandos; fotografiar y filmar las instalaciones estratégicas de la Armada y el área de las petroleras en Las Salinas. Otro submarino (supuestamente de origen soviético, se posó en el fondo arenoso al frente de Reñaca).El arribo al puerto fue ,a las 09,00 hrs.am.
    El Perú era gobernado por el General Velasco Alvarado, gran aliado de Rusia, y Perú con gran armamento soviético ( aviones, tanques y misiles ).Perú estaba a punto de cambiar de gobernante : asumiría el General Morales Bermúdez, reconocido antichileno y el cual preparaba un ataque a Chile con motivo del centenario del inicio de la Guerra del Pacífico, para reivindicar los territorios que le habían sido quitados por Chile en la guerra. La idea del Perú era, recuperar hasta Iquique.
    A las 10,00 hrs, empiezan a zarpar desde el Molo de Abrigo las unidades de la Escuadra Nacional, compuesta por los Cruceros: Prat, O”Higgins, Latorre, los Destructores misileros Riveros y Williams,las Fragatas Misileras Condell y Lynch y los Destructores artilleros: Portales, Zenteno, Cochrane, Blanco Encalada el Destructor Escolta APD Orella, Petrolero Araucano y Remolcador de Alta mar Aldea.
    Los submarinos O”Brien, Hyatt, Simpson y Thompson, navegaban desde Talcahuano para encontarse con la Escuadra a la altura de Chañaral,y dar inicio a la primera fase de la Operación Unitas con unidades de EE.UU.
    El primero en salir de la rada fué el Destructor Riveros, cuyo sonar detectó al submarino posado al frente de la Santa María .Inmediatamente se informó a la Comandancia en Jefe de la Escuadra a cargo del Vicealmirante don Arturo Troncoso Daroch. Verificado que los submarinos chilenos no se encontraban en el área, se solicitó autorización al C.J.A. Almirante José Merino Castro para atacar. La órden del Almirante no se hizo esperar: el Riveros sigue mar afuera patrullando junto al resto de las unidades y detectan al segundo submarino al frente de Reñaca.
    El Williams se encarga de atacar al primero el cual huye, pero dado a la gran cantidad de bombas de profundidad (después se sumaron al ataque el Portales y el Zenteno),el submarino queda gravemente averiado en el fondo marino al frente del Instituto Oceanológico de la Universidad de Valparaíso, entreReñaca y la playa de Cochoa.
    Sus tripulantes quedaron al interior de él, y posteriormente fué tapado con una malla de acero, trabajo efectuado por los remolcadores Aldea y Yelcho. Hoy se puede leer en la carta de navegación del sector, que está prohibida la pesca y el fondeo de cualquier nave: dice textualmente : “zona de ejercicios navales “.
    El otro submarino, huyó aparentemente averiado ya que se observaron restos aflorar a la superficie. La persecución y ataque de éste estuvo a cargo de los Destructores : Williams, Blanco y Cochrane. Por la velocidad que se observó en la huída de éste Submarino, se concluyó que podría haber sido nuclear.
    La Armada desplegó Infantes de Marina con equipo de guerra, desde el Barón hasta Con Con, por toda la orilla de costa, previniendo desembarco de Comandos. Mientras la Escuadra siguió navegando hacia el Norte en formación de guerra, se dejó patrullando el área, desde El Barón hasta Con-Con al Destructor Escolta APD “Orella”, el cual día y noche lanzaba cargas de profundidad. Esto fué un espectáculo, para las miles de personas que observaban desde la costa, cerros y edificios en altura lo que estaba ocurriendo.
    Jamás se entregó una información oficial; los diarios sólo suponían lo que ocurría. Después dijeron que eran ejercicios de rutina. Con el tiempo, tripulantes de los buques de la Escuadra ( ya jubilados ) han contado la verdad de éstos hechos que jamás se dieron a conocer a la opinión pública, por la gravedad que éstos tuvieron, en un tiempo que estuvimos a punto de ir a la guerra con Perú, y al año siguiente,1978,con Argentina. El asunto sigue siendo negado por ambos países.
  2. VERDUGO Colaborador

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    La misteriosa incursión de un submarino nazi en la rada de Valparaíso



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    Hoy es bastante conocida la historia de los dos submarinos desconocidos que habían penetrado en la rada de Valparaíso en 1976 y que fueron detectados y cazados por los buques de la Escuadra. Hasta hoy no esta clara su procedencia; se señala que uno era soviético y el otro peruano, e incluso que este último habría sido hundido, en fin, un misterio que aún no ha sido aclarado del todo.
    Pero esta misteriosa y poca amistosa vista de submarinos a la rada de Valparaíso no ha sido la única que ha llegado a nuestras costas. Anteriormente, en plena Segunda Guerra Mundial, la rada de Valparaíso también habría sido visitada por un solitario submarino alemán, de aquellos que sembraron el terror en los buques que surcaban elAtlántico, pero que habría sido avistado oportunamente por un guardiamarina del mítico Crucero Almirante Latorre, que se aprestó para hacerle frente. Al igual que la historia de mediados de los 70, la visita del submarino alemán a Valparaíso aún no ha sido realmente aclarada y continúa siendo un gran misterio.
    Para conocer esta poco recordada historia, inserto en esta entrada el entretenido y ameno relato que realiza el historiador Raúl Hermosilla Hanne en su artículo titulado “El submarino alemán” publicado en la página web “Despierta Chile”.
    A continuación la transcripción del artículo:
    “Hasta el día de hoy y a pesar de los más de 50 años transcurridos y de los pocos oficiales de esa época que van quedando con vida, no han logrado los “tripulantes” delCaleuche -como se denominan los socios del Centro de ex Cadetes y Oficiales de la Armada- ponerse de acuerdo sobre la efectividad histórica del caso del submarino alemán que habría sido detectado en Valparaíso por un guardiamarina del “Latorre” a cien metros del acorazado, en plena Segunda Guerra Mundial.
    Trataré de entregar a mis lectores una síntesis del caso, basada en un relato del ilustre marino que fue el Capitán de Corbeta Alberto Santelices, y en las informaciones de algunos periódicos de la época.
    El Acorazado Almirante Latorre, listo y preparado como siempre para entrar en acción, fondeado con diez paños de cadena, se oscurecía totalmente junto con llegar las sombras de la noche, con lo que su enorme silueta se destacaba nítida ante el contraste de las luces del puerto y la ciudad balneario de Viña del Mar, ajena al clima de guerra que se vivía a bordo, a pesar de la neutralidad que mantenía Chile en esa conflagración. Un sistema de “mimetización” luminosa trataba de hacerlo invisible.
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    Acorazado Almirante Latorre
    A falta de boyas acústicas que emitieran sus ondas ultrasónicas en rebusca de peligrosos submarinos, de cables magnetizados que acusaran el paso de merodeadores sumergidos, y de rápidas lanchas de ataque armadas con bombas de profundidad -últimos gritos de la moda y de la táctica naval para la defensa de puertos- en Valparaíso se hacía lo que se podía: el Remolcador Moctezuma junto a un pequeño ballenero de la Compañía Industrial, armados en pie de guerra, recorrían sin descanso la oscura bahía con sus hombres en puestos de vigía, cansados sus ojos por el sueño y el atisbar las aguas en busca de periscopios enemigos.
    A bordo del oscurecido “Latorre”, base del poder naval chileno, la vigilancia funcionaba con todos sus medios de detección y el armamento adecuado, cubierto y listo para entrar en acción. Y a falta de elementos electrónicos y acústicos antisubmarinos, se utilizaba el anticuado pero siempre inefable medio para avistar al enemigo: el ojo humano.
    Fue en estas circunstancias, casi al rayar el alba, cuando un guardiamarina desde la toldilla del acorazado, lanzó el grito de: ¡Periscopio a la vista al rojo nueve cero distancia 100 metros!.
    Sonaron los gongos de la alarma antisubmarina, a cuyo mágico y estridente son giraron los cañones cargados, con la velocidad de un relámpago, en dirección al lugar indicado: a la cuadra de babor y con sus espoletas graduadas para la distancia mínima; mientras los proyectores de combate y de señales lanzaban simultáneamente sus haces de luces refulgentes sobre las aguas, en los planes establecidos de rebusca.
    Muchos ojos vieron, o creyeron ver, el oscuro brazo y los ojos refulgentes de un periscopio que desaparecía de la superficie dejando, también al parecer, una pequeña y débil estela sobre la superficie del mar.
    El almirante, que esa noche dormía a bordo de su buque insignia, voló a cubierta. Nunca se supo si convencido de la necesidad de cubrir también su puesto de combate o a reclamar airado por el escandaloso ruido del zafarrancho y la alharaca siguiente, que lo había despertado de su tranquilo sueño. ¿Qué pasa?, preguntó. El oficial de guardia respondió con sereno convencimiento: El guardiamarina de ronda por babor avistó un periscopio a la cuadra, mi almirante.
    ¿Está seguro, guardiamarina?, preguntó éste entre incrédulo y estupefacto. Afirmativa, mi almirante. Yo también lo vi, mi almirante y yo también fuimos varios, interrumpían los marineros que cubrían puestos de vigías desde la cubierta hasta las cofas.
    Nunca se supo tampoco si habían visto el periscopio ante el temor de aparecer poco diligentes en sus funciones de vigías, por solidaridad con el guardiamarina, por visión real o autoconvencimiento. Pero, sea la situación que fuese, el resultado fue que la noticia se esparció rápidamente. Y antes de que alcanzara a funcionar la censura naval, el guardiamarina declaró hidalgamente ante quien se lo quisiera preguntar -y entre éstos, a lo mejor sin darse cuenta, a algún activo y ágil periodista- de que él había visto un periscopio al rojo nueve cero y a cien metros de distancia. A mayor abundamiento, el hecho fue registrado en el libro bitácora del buque, como reglamentaria y tradicionalmente procedía.
    La espectacular noticia dio la vuelta al mundo. A continuación algunos titulares de otros tantos importantes diarios de habla española: “Submarinos alemanes en la costa de Chile”, “Peligro submarino en el Pacífico”,“Acorazado chileno a punto de ser torpedeado por submarino alemán”; y, en Londres: “Chilean midshipman detects german submarine”.
    Que el acorazado chileno era un excelente buque de línea que la democracia podría necesitar para reemplazar a tanto acorazado perdido en acciones de la guerra, y era por ello que los nazis podrían hundirlo; que Chile era neutral, pero democrático, y que miles de otras razones hábilmente explotadas por la prensa sensacionalista, daban pábulo para todo tipo de especulaciones.
    Para la opinión pública era evidente la inseguridad del Poder Naval chileno ante la audacia alemana, y se pedía seguridad para los marinos en los que descansaba la seguridad nacional en esta guerra interoceánica a la que podríamos vernos arrastrados. Pero la seguridad era cara y había problemas presupuestarios.
    El Comandante en Jefe de la Armada, con su sabiduría, su diplomacia y su experiencia, debía hacer tranquilizadoras declaraciones: el avistador del presunto submarino era un joven guardiamarina, de muy escasa experiencia naval; siempre flotaban en la bahía pequeños maderos que tomaban la posición vertical y fáciles por tanto, de ser confundidos con un periscopio, para hombres de mar sin experiencia; las aletas de los lobos marinos también dejaban pequeñas estelas y finalmente, la bahía estaba protegida contra este tipo de incursiones, existía patrullaje naval, puesto de vigía, vigilancia antisubmarina, etc., que garantizaba la seguridad de los buques de guerra chilenos ante cualquier osado que pretendiera ingresar en la protegida rada de Valparaíso. Renacía la calma y la tranquilidad, a pesar de la prensa, que ya había establecido que el submarino era nazi.
    En pleno auge de comentarios y especulaciones, y debidamente protegido de la avidez periodística, el guardiamarina guardaba el más estricto silencio. Sólo sus compañeros más íntimos lo escuchaban repetir en la soledad del sollao de popa: ¡Pero yo lo vi! Era el “pur si muove” de este nuevo Galileo naval.
    Poco después impactó al mundo la hazaña de un submarino alemán, al mando del Comandante Prien, quien burlando las más sofisticadas defensas, entró a la base naval británica de Scapa Flow, torpedeó y hundió a los principales buques de la Armada Real y luego en pocos minutos escapó ileso al mar abierto. Es posible que si en los barcos ingleses hubiera habido un guardiamarina chileno, el submarino alemán no hubiese podido cumplir su hazaña. En todo caso, el Comandante Prien fue premiado por Neptuno, el dios del mar, quien le permitió morir posteriormente en acción, evitándole así la trágica visión de su patria destrozada, o que el ignominioso Tribunal de Núremberg lo hubiese castigado con la horca, como sanción por su “inhumano ataque contra barcos enemigos en la paz de la noche” o algo parecido.
    La magnitud de la hazaña de Scapa Flow desplazó de las primeras páginas de los diarios a la noticia del submarino alemán incursionando por Valparaíso. No obstante, el periodista encontró una muy estrecha relación entre la entrada de Prien a la base británica con las manifiestas diferencias entre las declaraciones primitivas del guardiamarina y la tranquilidad del almirante, en cuanto a la seguridad de su base naval en Valparaíso. Pero el guardiamarina no se dejó entrevistar nuevamente por los medios.
    Con el transcurso de los años, impactado seguramente por su visión periscópica, junto a la hazaña de Prien, llegó a ser oficial submarinista de la Marina de Chile; y para cerrar el ciclo, trajo al país las nuevas técnicas de la guerra antisubmarina y la defensa de los puertos. Todo ello sin perjuicio de seguir sosteniendo que avistó un periscopio al rojo noventa y a cien metros.
    Antes de levar anclas para su viaje sin retorno, el Capitán Santelices solicitó respetuosamente a alguno de los herederos de la Marina de Gloria a que perteneciera Prien, que diera fe si es efectivo que por aquellos años algún submarino alemán pudo haber evolucionado por la bahía de Valparaíso, en Chile, Sud América. No obtuvo respuesta, a pesar de lo cual hoy reitero yo la misma petición, a cuyo efecto ruego a mis lectores en Alemania que traten de contactar a algún marino sobreviviente de esa época, que pueda aportar un importante testimonio histórico en este asunto”.
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  3. VERDUGO Colaborador

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    Rebelión en la Escuadra:
    1 de Septiembre de 1931
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    Torre de baterías del rebelde Acorazado Latorre
    .
    La Sublevación de la Escuadra de Chile fue un motín y movilización gremial protagonizada por el conjunto de la marinería de la Armada de Chile entre el 31 de agosto y el 7 de septiembre de 1931. El movimiento nació como protesta frente de una fuerte rebaja de salarios, que había sido decretada por el gobierno del vicepresidente Manuel Trucco, en medio de la crisis económica y política que atravesaba Chile a raíz de la Gran Depresión.


    La Sublevación pasó por varias fases durante la semana que duró. Tras apoderarse de los buques y bases, la marinería presentó a las autoridades un petitorio, que el gobierno tramitó y negoció durante algunos días.

    En el transcurso de las negociaciones, los sublevados engrosaron su petitorio con demandas cada vez más generales, y relacionadas con la crisis del país. Ya el día 4 de septiembre, tras el ultimátum del gobierno y en la víspera de ser atacados, los sublevados manifestaban abiertamente su deseo de que el movimiento adquiriera características de revolución social.

    A partir del 5 de septiembre los marinos comenzaron a ser atacados por fuerzas adictas al gobierno, por lo que intentaron una breve resistencia militar. Luego de sostener combates en Coquimbo y Talcahuano, las tripulaciones capitularon.



    Antecedentes
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    Mujeres chilenas preparan ollas comunes, en 1932, como método solidario para combatir el hambre y la escasez.



    Situación económica
    En agosto de 1931 los marineros de la Armada de Chile fueron informados de una rebaja salarial de un 30%, que el ministro de Hacienda, Pedro Blanquier, había aplicado a todos los funcionarios públicos, incluyendo a los de las fuerzas armadas. Esta merma se sumaba a otra vigente desde el año anterior, que había reducido los sueldos de la Armada en un 10%, y a la pérdida definitiva de las bonificaciones adeudadas por concepto de períodos de instrucción en el extranjero.

    La rebaja de sueldos estaba agravada por la pérdida del poder adquisitivo real, producto de la inflación, y por el desquiciamiento general de la economía chilena a raíz de la Gran Depresión.

    La caída de las exportaciones, el derrumbe de los precios de los productos chilenos, la falta de liquidez y la alta deuda externa completaban el grave panorama. La situación económica era tan preocupante que un informe de la Liga de las Naciones concluyó que Chile era el país más golpeado a nivel mundial por la coyuntura económica.[1]

    En tanto, se producía la migración masiva de los obreros de las oficinas salitreras nortinas, que abandonaban la pampa, debido al hambre y la falta de trabajo.

    La situación ya había provocado la caída de la dictadura del general Carlos Ibáñez un mes atrás, el 26 de julio de 1931.



    Rebelión en Coquimbo
    El descontento cundía en los buques de la flota de guerra que se encontraba en Coquimbo. En ese puerto, debido a sus buenas condiciones meteorológicas, se cumplía cada año un período de entrenamiento de varios meses. La escuadra estaba dividida en una escuadrilla activa y otra de instrucción o reserva. El conjunto se constituían de 14 buques y unos 2750 tripulantes. Los buques sumaban 53 005 toneladas:


    La Escuadra de Coquimbo

    Almirante Latorre acorazado tipo dreadnought buque insignia de la flotilla de instrucción 1167 hombres 32 960 t.

    O'Higgins crucero acorazado (1896) buque insignia de la flotilla activa 500 hombres 8500 t.

    Hyatt destructor de clase Serrano (1928) flotilla activa 130 1450 t.
    Aldea23 destructor de clase Serrano (1928) flotilla activa 130 1450 t.
    Riquelme destructor de clase Serrano (1928) flotilla activa 130 1450 t.
    Videla destructor de clase Serrano (1928) flotilla activa 130 1450 t.
    Serrano destructor de clase Serrano (1928) flotilla de instrucción 130 1450 t.
    Orella24 destructor de clase Serrano (1928) flotilla de instrucción 130 1450 t.
    Lynch25 cazatorpedero líder de clase Lynch o Foulknor (1913) flotilla de instrucción 160 1430 t.
    Capitán O'Brien26 submarino Clase Odín (1929) 53 1520 t.
    Tegualda H-227 submarino de la clase H (1917) 22 355 t.
    Guale H-6 submarino de la clase H (1917) 22 355 t.
    Galvez28 remolcador (1897) buque auxiliar ¿40? 475 t.
    Artillero29 remolcador (1908) buque auxiliar ¿10? 140 t.


    El motín estalló en la noche del 31 de agosto al 1 de septiembre. Los oficiales que se encontraban a bordo fueron encerrados en sus camarotes. Muchos otros estaban alojados en tierra, por lo que se enteraron del suceso a la mañana siguiente. Horas después se inició la comunicación entre amotinados y el gobierno central por medio un primer radiograma al ministro de Marina. El mensaje estaba firmado por el "Estado Mayor de las Tripulaciones".
    La escuadra tomada asumió entonces medidas de vigilancia y racionamiento, preparándose para las futuras eventualidades del conflicto. Temían concretamente que la flotilla de submarinos fondeada en Talcahuano fuera usada por el gobierno en contra de los buques sublevados.
    La situación inmediata en tierra fue descrita por el dirigente universitario católico Bernardo Leighton, enviado al lugar de los hechos por el ministro del InteriorMarcial Mora a fin de intentar disuadir a la población de que apoyara la rebelión:

    Comprobamos allá que los habitantes de esa ciudad [Coquimbo] simpatizaban con el motín, mientras los vecinos de La Serena no mostraban la misma actitud.
    Bernardo Leighton.30



    Primer manifiesto de los alzados

    El radiograma del 1 de septiembre constaba de 3 considerandos, que se pueden resumir como sigue:

    La tripulación no aceptaba la dilapidación de la Hacienda producto de la incapacidad del gobierno.

    Aceptar la rebaja de sueldos "sería acatar la política de bandidaje gubernativo".

    El gobierno y sus predecesores pecaban de falta de iniciativa y comprensión.

    Y por consiguiente se comunicaban al ministro de Marina los siguientes acuerdos:

    1.Los elementos modestos no debían ser quienes sufrieran los constantes errores y falta de probidad de la clase gobernante.

    2.Los poderes competentes debían pedir la extradición de los políticos ausentes del país.

    3.El gobierno no debía indisponer a la ciudadanía contra los alzados y las fuerzas armadas.

    4.La Escuadra se mantendría en Coquimbo mientras no se lograra una solución.

    5.Que no apuntarían sus armas en contra de sus "hermanos de pueblo".

    6.Que la tripulación no estaba movida por ideas anarquistas y que deseaba proteger a sus conciudadanos.


    Se propaga el movimiento
    Dos días después la sublevación se extendió a la base naval de Talcahuano. Allí se unió el personal del apostadero naval, las escuelas politécnicas navales, la artillería costera, la radioestación naval, la Escuela de Grumetes de la Isla Quiriquina y los obreros de los astilleros fiscales. El posterior consejo de guerra de San Felipe identificó al sargento señalero Orlando Robles como líder local de la rebelión.

    En Talcahuano, además de sublevarse las bases de tierra, se amotinaron los buques fondeados en dicho puerto; la denominada "Escuadra del Sur", compuesta por 15 buques activos y 3 en mantenimiento, que sumaban 36.040 toneladas. Esta Escuadra, integrada sobre todo por navíos anticuados y submarinos, era operada por unos 1.700 marineros embarcados.

    La Escuadra del Sur

    Blanco Encalada crucero protegido (1893) Buque insignia de la "Escuadra del Sur".
    Por su mal estado solo podía navegar a 5 nudos. 427 hombres 4.420 t.

    Araucano buque madre de submarinos (1929) ¿500? hombres 9.000 t.

    Almirante Riveros cazatorpedero líderclase Lynch o Foulknor (1914) Fue alcanzado por artillería del Ejército durante el asalto a Talcahuano. Un tiro hizo que reventara una de sus calderas. Se retiró a la Isla Quiriquina, donde desembarcó muertos y heridos. 197 1829 t.

    Micalvi transporte (1925) Se le encomendó dirigirse a Lota a embarcar grupos de mineros del carbón. Allí fue tomado por Carabineros. ¿90? 850 t.

    Capitán Thompson submarino clase Odín (1929) 53 1.520 t.

    Almirante Simpson submarino clase Odín (1929) 53 1.520 t.

    Gualcolda H-1 submarino clase H(1917)22355 t.

    Quidora H-4 submarino clase H(1917) Terminó siendo alcanzado durante el bombardeo aéreo en Coquimbo. 22 355 t.

    Fresia H-5 submarino clase H(1917) 22 355 t.

    Colo Colo escampavía (1929) Fue enviado a Isla Quiriquina como apoyo a la sublevación de la Escuela de Grumetes. El 7 de septiembre tuvo un enfrentamiento con el submarino Rucumilla, operado a esas alturas por personal gobiernista. Trató de embestirlo, pero éste alcanzó a evadir la maniobra sumergiéndose. ¿80? 760 t.

    Elicura escampavía-minador(1914) Quedó patrullando las cercanías de la Isla Quiriquina como apoyo a la sublevación de la Escuela de Grumetes. 73 545 t.

    Orompello escampavía-minador (1914) Intentó trasladarse a Coquimbo con el resto de la Escuadra, pero debió volver por falta de potencia de las máquinas. 73 545 t.

    Janequeo escampavía (1929) buque auxiliar ¿80? 790 t.

    Leucotón escampavía-minador (1914) buque auxiliar 73 540 t.

    Piloto Sibbald escampavía (1916) buque auxiliar ¿80? 1.100 t.

    Prat acorazado pre-dreadnought (1890) En el dique de Talcahuano; no participó de la acción. 480 normalmente 6.901 t.

    Chacabuco crucero protegido (1897) En el dique de Talcahuano; no participó de la acción. 400 normalmente 4.300 t.

    Rucumilla H-3 submarino clase H(1917) Se encontraba en reparaciones. Tras el asalto de Tacahuano fue puesto en funcionamiento y operado por un grupo adicto al gobierno, conformado por oficiales, un ex cadete naval y dos marineros. Salieron a la caza de alguna nave rezagada de la Escuadra del Sur, sin mayor suerte. Fueron atacados por el Colo Colo y estuvieron a punto de embancarse en la boca del Río Biobío. 18 (tripulación gobiernista de emergencia) 355 t.


    Los sublevados de la Escuadra del Sur desembarcaron a los oficiales y zarparon hacia el norte con rumbo a la caleta de Dichato. Allí alistaron los buques para emprender la travesía hacia el puerto de Coquimbo. Dejaron atrás al destructor Riveros, que sufría desperfectos en su maquinaria, como apoyo a la sublevación en Talcahuano. El Micalvi fue despachado a recoger mineros del carbón a Lota. El Blanco Encalada viajó hacia el norte retrasado respecto del resto de la Escuadra debido a que apenas desarrollaba una velocidad de 5 nudos.[23]

    Otras unidades dispersas se unieron poco a poco a la sublevación. Es el caso del petrolero Maipo, que se encontraba navegando rumbo a California y que giró de regreso a Chile con la intención de reunirse al resto de la escuadra.[24]

    En tierra ocurrió otro tanto en diversas bases que también se plegaron al movimiento. Fueron tomadas por suboficiales y tropa: la Escuela de Comunicaciones de Valparaíso, la radioestación naval de Playa Ancha, la base aeronaval de Quintero y los regimientos Arica (La Serena) y Maipo (Valparaíso), del Ejército de Chile.

    En total 30 buques activos estaban ya en manos de los sublevados.


    Negociaciones

    Juan Esteban Montero, pese había dejado el gobierno en manos de su vicepresidente, Manuel Trucco, para postularse a las elecciones del 4 de octubre, supervisó el manejo gubernamental de la crisis. A estas alturas el petitorio de la marinería incluía ya más demandas relacionadas con la crisis económica general del país:

    División de la tierra.
    "Solidaridad de las industrias"
    Que la carga de la deuda externa fuera principalmente solventada por los "millonarios".

    En el gobierno el presidente Juan Esteban Montero había levantado su candidatura para las próximas elecciones y era reemplazado temporalmente por el vicepresidente Manuel Trucco. Este último, alarmado, aceptó negociar con los marinos, al tiempo que prepararaba un ataque con unidades de la Fuerza Aérea de Chile y el Ejército de Chile. Entretanto se entablaban comunicaciones confidenciales con las autoridades de Estados Unidos, a fin de solicitar la presencia de una fuerza naval considerable que sometiera a la Escuadra en caso de fallar las operaciones previstas por el gobierno.[25]

    Trucco envió al contraalmirante Edgardo von Schroeders a parlamentar a Coquimbo, con la instrucción de que las negociaciones se realizaran en tierra. Los rebeldes no cedieron en este punto, por lo que Von Schroeders debió subir al Almirante Latorre, donde afirma que fue tratado con respeto y consideración.

    Von Schroeders reserva largos pasajes de sus memorias acerca de las negociaciones a describir despectivamente al despensero Manuel Astica, con quien ocasionalmente se trabó en discusiones teóricas sobre la política económica del gobierno. El oficial califica al aspirante a condestable como "peligroso espécimen", "funesto", "instruido para su clase social" y "comunista con odios". Agrega, refiriéndose a los sucesos posteriores a la Sublevación:

    No comprendo como el Consejo de Guerra de San Felipe no condenó a este energúmeno (Astica) a la pena de muerte.

    Edgardo von Schroeders.[26]
    Por otra parte, el contralmirante creyó observar algunos sutiles síntomas de división entre los sublevados, que comunicó esperanzado al gobierno.

    Previamente al comienzo de las conversaciones, de acuerdo a la edición de esos días de la revista Sucesos, incluso se habría producido una discusión al interior de la tripulación del Almirante Latorre. En ella se había impuesto la idea de mantener el movimiento en un carácter de resistencia pasiva. Incluso tras este diálogo un grupo de marineros comunistas habría decidido abandonar voluntariamente el acorazado.[27]

    Pero, pese a todo, la negociación parecía ir bien encaminada. Incluso se consensuó la redacción de un acta de acuerdo que, aunque llena de giros retóricos que relativizaban las afirmaciones, comprometía al gobierno a aceptar todas las peticiones gremiales de los tripulantes y a estudiar la mejor forma de aplicar el conjunto de las reformas sociales solicitadas.

    "2º) Que el Gobierno, impuesto de las verdaderas razones y causas que han originado el movimiento, acepta las declaraciones manifestadas por las tripulaciones al Gobierno y al país, y estudiará la mejor forma de llevar a la práctica todas las ideas que ellas contienen y que tiendan al engrandecimiento de la patria".

    Acta de Acuerdo
    Entre el Estado Mayor de las Tripulaciones y el delegado del gobierno Edgardo Von Schroeders.[28]
    Solo faltaba firmar.


    Ultimátum
    Hay dos versiones de lo que sucedió entonces:

    a) Según los oficiales navales, los cabecillas más duros idearon pedir la firma del obispo de la vecina ciudad de La Serena, José María Caro, en calidad de ministro de fe. Para ellos se habría tratado de una maniobra para dilatar la negociación. Sospechando de esta petición, el gobierno rompió el diálogo y envió un ultimátum conminando a la rendición incondicional de los sublevados.[29]
    b) Según los líderes de la sublevación, el gobierno rompió el diálogo inesperadamente y sin motivo aparente, por lo que llegaron a la conclusión de que la misión de Von Schroeders no había tenido más objetivo que ganar tiempo y espiar el estado de la rebelión.[30] [31]

    Como fuere, las negociaciones se rompieron el 4 de septiembre. El gobierno remitió un ultimátum de rendición incondicional, que fue contestado por los rebeldes anunciando que la sublevación pasaba a partir de ese momento a ser una "revolución social", y que prontamente se embarcarían en la escuadra delegados del pueblo, de la Federación Obrera de Chile (FOCH), y del Partido Comunista de Chile.

    El mismo día 4 se iniciaba en Santiago una huelga general, convocada por el presidente de la FOCH, Elías Lafferte. El Batallón de Ferrocarrileros del Ejército fue despachado a cumplir su misión habitual; suplir a los trabajadores ferroviarios en paro. La medida buscaba evitar inconvenientes en el transporte e impedir que se entorpecieran los movimientos militares que se avecinaban,


    El silencio de la Armada
    Para la Armada de Chile la Sublevación se transformó en un tema olvidable. No aparece consignada en las reseñas históricas que publica acerca de la institución y sus buques. Los oficiales internamente se comenzaron a referir a ella en forma indirecta, bajo el eufemismo "sucesos de 1931". Salvo por las primeras investigaciones y aclaraciones del año 1932, recién a fines de la década de 1990 comenzaron a pubicarse en revistas especializadas y en libros de edición independiente algunos relatos de oficiales relacionados con la Sublevación.[42]

    Después de 60 años, en febrero de 1992, decidí narrar lo que vi y experimenté a bordo del destructor Hyatt en 1931 [...] Sin embargo, dada la tácita ley de silencio prevaleciente en la Armada en torno a estos hechos, me abstuve de hacerlo [...]

    Carlos Aguirre
    capitán de navío (r), 2003.[43]

    Interpretación de izquierda: la revolución que no fue [editar]El libro La revolución de la Escuadra (1972), del autor izquierdista Patricio Manns, fue editado con un gran tiraje durante el gobierno de Salvador Allende. El autor, quien en los años 1980s militó en el Frente Patriótico Manuel Rodríguez, se lamentaba del fracaso de la Sublevación, que desde su punto de vista pudo haberse convertido en una revolución generalizada:

    El levantamiento marca una de esas encrucijadas fundamentales en la vida de los hombres, de sus instituciones, o de los pueblos [...] y que tienen el poder -o pudieron tenerlo en ese instante crucial- de provocar cambios revolucionarios.

    Patricio Manns.[44]
    Al respecto otro autor de esta tendencia acota:

    Los marineros empezaron a confraternizar con los trabajadores. Sin embargo, el comando de la rebelión no pudo o no quiso concretar acuerdos con las organizaciones obreras más importantes, como la FOCH y la IWW. Este error condujo al aislamiento y la pronta derrota de los rebeldes. A su vez, los dirigentes del movimiento obrero no supieron aquilatar la importancia de la rebelión de los marineros, manteniéndose a la expectativa y desperdiciando una coyuntura excepcional.

    Luis Vitale.[45]

    Un caso similar con un final diferente [editar]La Sublevación de la Escuadrade Chile se produjo en forma casi simultánea con el Motín naval de Invergordon, en el Reino Unido. Los marineros británicos iniciaron su acción por motivos idénticos a los de sus colegas chilenos: una rebaja de sueldos producto de la Gran Depresión. A diferencia de lo ocurrido en Chile, el oficial responsable de la marinería amotinada, el contraalmirante Wilfrid Tomkinson, logró evitar el uso de la fuerza y justificó la indisciplina de sus marineros, argumentando que se trataba de una queja bien fundada. Incluso parte de la rebaja salarial fue revertida.[46]
  4. VERDUGO Colaborador

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    Acorazado Almirante Latorre

    El acorazado HMS Canadá, después llamado Almirante Latorre, en honor del vicealmirante don Juan José Latorre, fue un buque tipo dreadnought que sirvió con su primer nombre en la Marina Real (Royal Navy) del Reino Unido y, con su segunda denominación, en la Armada de Chile.


    El pedido chileno

    El buque fue fruto de una ley chilena, que a raíz de las celebraciones del centenario de la Independencia de Chile, en septiembre de 1910, autorizó la construcción de dos acorazados, seis destructores y dos submarinos. Los acorazados fueron encargados con los nombres de Santiago y Valparaíso.

    El pedido se hizo en un contexto de carrera naval en el Cono Sur, en la que Argentina y Brasil también habían encargado sus propios acorazados. Brasil había comenzado a construir en el Reino Unido el Minas Gerais y el São Paulo en 1907. Argentina, por su parte, había iniciado a principios de 1910 la construcción de los dreadnoughts ARA Moreno y ARA Rivadavia, en los Estados Unidos.


    Oficiales del Acorazado Latorre.

    Tanto los acorazados brasileños como los argentinos dejaban obsoleta a la flota chilena existente entonces. De alguna manera, en Sudamérica se vivía una pequeña carrera a escala entre el cañón y el blindaje, gemela de la que se desarrollaba en las potencias coloniales a nivel de grandes flotas. En este contexto, las autoridades navales chilenas tuvieron la ventaja de ser las últimas en encargar sus dreadnoughts, por lo que pudieron solicitar especificaciones más exigentes que las de los barcos argentinos en concreto. Ante el gran blindaje de estos últimos buques, se resolvió aumentar en dos pulgadas el calibre de las baterías principales chilenas (14"), respecto a las de de sus vecinos sudamericanos (12").

    En las gradas, el proyectado Valparaíso, pasó a denominarse Almirante Latorre, y el Santiago, fue renombrado Almirante Cochrane. La construcción fue encargada al astillero británico Armstrong Whitworth, en base al diseño de un ingeniero de la misma empresa, Eustace Tennyson d'Eyncourt. Fuentes chilenas afirman que el Latorre fue el primer acorazado con cañones de 14", pero muchas otras fuentes contradicen esta información, asegurando que en 1910 estaban en gradas los buques japoneses Kongo e Hiei , además de los estadounideses USS New York y USS Texas, que contaban con piezas de ese calibre. Todos estos acorazados fueron lanzados en 1912, un año antes que el Latorre.


    El diseño estaba basado en los acorazados británicos de la clase Iron Duke, se diferenciaba de ellos por su batería de 14" su menor blindaje y autonomía. El buque durante gran parte del servicio se encabuzaba, lo que fue superado después de que le instalaron bulges antitorpedos. Comparados con los acorazados argentinos y brasileños, poseía menor blindaje. La batería de 14" disparaba granadas que no eran demasiado distintas que las de 13, 5" de los acorazados británicos, es por esto que esta arma no fue usada en buques de la royal Navy. Este buque presentaba los mismos problemas que todos los buques de la royal Navy, es decir poco blindaje; en favor de mayor velocidad. Por otra parte su precio fue excesivo, si se lo compara con el precio de acorazados de la misma Royal Navy, mucho más poderosos. Por ejemplo, eran más caros que los acorazados rápidos Queen Elizabeth, cuando estas naves poseían batería de 15", una velocidad y potencia mucho mayor y mejor protección. Sin embargo, si se les compara con los acorazados argentinos y brasileros, este buque los supera en potencia artillera y velocidad.

    HMS Canada

    Al comenzar la Primera Guerra Mundial, los británicos readquirieron el Latorre, que pasó a llamarse HMS Canada. Por su parte, el acorazado gemelo del Latorre (parte del pedido de Chile), el Almirante Cochrane, estaba menos adelantado, por lo que fue comprada a un modesto precio en 1917, convirtiéndose en el portaaviones HMS Eagle, uno de los pioneros dentro de este tipo de buques.

    El HMS Canadá formó parte del Cuarto Escuadrón de Batalla de la famosa Gran Flota, paticipando en la Batalla de Jutlandia. Durante la batalla disparó 42 granadas de 14", y no recibió impactos del fuego alemán. Más tarde fue trasladado al Primer Escuadrón de Batalla, y en 1919 fue destinado al Mar Mediterráneo.

    Almirante Latorre

    Después de finalizada la guerra, el Canada fue readquirido por Chile en 1920, como parte de un paquete que incluía 3 cazatorpederos y un remolcador, todo a un precio de un millón de libras (alrededor de la mitad del coste original del acorazado). En cambio, el HMS Eagle no fue readquirido.

    El Latorre fue reacondicionado y modernizado, con nuevos sistemas de control de tiro y reforzamiento de corazas. Arribó a Valparaíso en 1921, equilibrando así la Armada chilena las fuerzas navales con Brasil y Argentina, y aun superando a la del Perú. Fue en su momento, el buque de guerra más grande de Sudamérica y el orgullo de la Armada de Chile, donde se educaron generaciones de marinos y oficiales y muchas leyendas y mitos se tejieron respecto de su tamaño.

    El Latorre albergaba aviación embarcada, gracias a sus catapultas y grúas, para lanzamiento y recuperación de hidroaviones. En 1930 fue enviado a Davenport, donde se le sometió a transformaciones mayores. Al regreso de este viaje, estando fondeado en Coquimbo, el acorazado fue el cuartel central de la marinería rebelada, durante la llamada Sublevación de la Escuadra de 1931. Durante dicha coyuntura, el Latorre repelió un bombardeo aéreo realizado por la Fuerza Aérea de Chile, leal al gobierno de Manuel Trucco.

    Entre ese año y 1935 el acorazado permaneció en la reserva activa, debido a los problemas económicos del país. Después del comienzo de la Segunda Guerra Mundial, los Estados Unidos hicieron una oferta de compra por el buque, que sin embargo fue rechazada. En 1951 se produjo un incendio en la sala de máquinas del buque.

    En 1958, siendo ya un barco obsoleto, fue retirado del servicio y convertido en chatarra en Japón. Muchos de sus componentes menores se utilizaron en el acondicionamiento del histórico acorazado-museo japonés Mikasa, veterano de la batalla de Tsushima, con el que compartía muchas partes, por ser también construido en astilleros británicos.

    Astillero Armstrong Whithworth and Co.
    Clase tipo: dreadnought
    Tipo: acorazado
    Autorizado: 27 de noviembre de 1911
    Puesta en grada: noviembre de 1913
    Botado: 27 de noviembre de 1913
    Asignado Marina Real Británica: septiembre de 1914
    Armada de Chile 20 de febrero de 1921
    Baja: 27 de noviembre de 1920 Marina real britanica
    27 de febrero de 1958 Armada de Chile
    Destino: vendido a la Mitsubishi Heavy Industries Ltd.
    Características generales
    Desplazamiento: 25.000 t. de estándar; 32.000 t. de carga máxima.
    Eslora: 190,5 m (625 pies)
    Manga: 28,2 m (92 pies y 6 pulgadas)
    Calado: 8,5 m (28 pies)
    Armamento:
    10 cañones de 14" (356 mm) en 5 torres dobles
    12 cañones de 6" (152 mm)
    2 cañones antiaéreos de 3" (76 mm)
    4 ametralladoras de 3
    4 tubos de torpedo de 21" (sumergidos)
    18 ametralladoras Oerlikon de 20 mm (1943)

    Propulsión: 4 turbinas Brown Curtis
    alimentadas por 21 calderas Yarrows
    SHP 37.000 (SHP 39.247 durante ensayos)

    Potencia: 56.803 SHP
    Velocidad: 22.75 nudos(41 km/h)
    Tripulación: 1.167 hombres
    Aeronaves: hidroavión Fairey III F
    Equipamiento aeronaves: Una catapulta (1932-1940)
    Orgullosos saludos [IMG] [IMG]
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    El Crucero Esmeralda (3°)

    Construído en astilleros W.G.Armstrong, Mitchell and Co. Ltd., de Low Walker, Inglaterra.
    Su quilla fue puesta el 5 de abril de 1881. Lanzado al agua el 06 de junio de 1883. Las pruebas en la mar se ejecutaron el 15 de julio de 1884.
    Llegó a Chile el 16 de octubre de 1884.

    Fue el primer crucero protegido del mundo y el más rápido de su época. Su diseño del ingeniero y constructor naval George Rendel constituyó una revolución en la construcción naval que trajo enormes utilidades al astillero, ya que en el se basaron todos los cruceros construidos posteriormente por Armstrong, que dieron al final con el diseño de los acorazados.

    Con el se estableció la velocidad como requisito básico de un buque de guerra y fue el primer buque de guerra en el mundo que abandonó la vela como sistema de propulsió. Tal fue el impacto de la construcción de este crucero, que con se abandonó definitivamente la vela en este tipo de buque y todos los paises del mundo trataron de imitar su diseño. El éxito fue tal que después de construir otros tres cruceros del mismo tipo, el Astillero se trasladó a Newcastle, upon Tyne, Elswick, desde donde, en un lapso de 18 años, se fabricaron 23 unidades de 19 tipos diferentes, para las Armadas italiana, argentina, japonesa, brasileña, norteamericana, portuguesa, turca y británica.

    Los cañones de 10" eran de 20 calibres, estriados, y su carga pesaba 250 lbs. y el proyectil 450 lbs. Estaban montados en plataformas giratorias accionadas hidraulicamente, con una torrecilla donde se colocaba el apuntador. Los cañones de 6" iban en montajes simples, con protección de escudo en ambas bandas.

    Tenía casco de acero con un espolñola a proa, dos chimeneas en línea de crujía y dos mástiles. CarecÃía de doblefondo. Su cubierta protegida tenía un espesor de 1" sobre las santabarbaras, departamentos de máquinas y calderas y en sus extremos. La combinaciónn de cubierta protegida integral, complementada con subdivisiones celulares sobre ella, daba razonable protección a sus partes vitales, flotabilidad y estabilidad.

    La flotabilidad se mejoraba rellenando con corcho los compartimientos hasta una altura de 5 a 6 pies, distancia comprendida entre la cubierta protegida y la cubierta de entrepuentes.

    El único defecto era que tenía un francobordo de 11 pies.

    Su construcción fue financiada por erogación popular.

    Su primer Comandante fue Luis Angel Lynch Irwing en 1884.

    Vendido durante la guerra chino-japonesa, en 1895, al gobierno de Meiji de Japón, para lo cual se le trasladó a las Islas Galápagos donde se cambió bandera a la de Ecuador, país que hizo de intermediario para esta venta, el 15 de noviembre de 1894.

    Arribó a Yokosuka el 5 de febrero de 1895 donde se le bautizó con el nombre de "Idzumi"

    Refaccionado, se le reemplazaron los cañones de 10" por otros de 6" de tiro rápido y los de 6" por otros más livianos de 4.7", con lo que mejoraron sus condiciones marineras. Participó en la guerra chino-japonesa.

    En mayo de 1905, durante la guerra ruso-japonesa, al mando del Capitán de Navio Ichiro Ishida se encontraba en la Tercera Escuadra del
    Vicealmirante Shichiro Kataoka. A las 06.55 horas del día 27, el "Idzumi " divisó a la Escuadra Baltica rusa. Durante la batalla naval de Tsushima mantuvo permanentemente informado al Almirante Togo, a bordo del buque insignia "Mikasa", de todos los movimientos del enemigo, quien pudo planear las operaciones que le dieron una aplastante victoria, gracias a los informes detallados que se le enviaban. Por la importancia de los informes enviados por el "Idzumi", el Almirante Togo le concedió el Diploma de mérito de Primera Clase.

    Diseñado por George W. Rendel; artillera de Sir W.G.Armstrong.

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    Pero el interés histórico de este buque esta en quizás, en la única vez que un país de este lejano lado del mundo puso en aprietos a la hoy principal potencia militar mundial, Estados Unidos. Años en donde el nombre de Chile era justificante en las discusiones del Congreso de este país para crear una flota de mar, que hasta hoy, no tiene rival.

    Aquí les pego el artículo de Carlos Tromben, Capitán de Navío de la Armada de Chile, y publicado en la International Journal of Naval History, de Abril de 2002.

    Vale la pena, darle el tiempo y leerlo.




    PRESENCIA NAVAL. EL CRUCERO “ESMERALDA” EN
    PANAMÁ.


    Carlos Tromben, Capitán de Navío




    INTRODUCCIÓN

    El 10 de abril de 1885 el crucero “Esmeralda” zarpó de Valparaíso en demanda de Panamá. Después de reabastecerse en Callao, llegó a su destino el 28 del mismo mes donde cumplió una misión poco difundida en nuestra historia naval.

    No se han encontrado antecedentes concretos sobre los orígenes de la misión que debió cumplir, excepto lo escrito por su comandante el capitán de navío Juan Esteban López Lermanda. Dice en un libro de recuerdos sobre la Guerra del Pacífico que fue llamado a presentarse ante el Presidente de la República Domingo Santa María González. En el despacho presidencial se encontraba el Ministro de Relaciones Exteriores Luis Aldunate quien le dijo que “el gobierno ha tenido sus razones para fijarse precisamente en Ud. para el desempeño de la delicada comisión que le he comunicado y que se le va a encomendar” con lo cual fue prácticamente reincorporado al servicio activo después de haber sido relevado del mando del blindado “Blanco Encalada” durante la Guerra del Pacífico que había terminado pocos años antes. López no dice en qué consistía la misión encomendada ni narra como la cumplió, tal vez porque su libro que está dedicado a explicar solamente su actuación en dicho conflicto. Otro personaje de la época que se ha referido a estos acontecimientos es el capitán de fragata Alberto Silva Palma [3] que más
    tarde alcanzó el grado de contraalmirante.

    Benjamín Vicuña Mackenna en un articulo sobre la Isla de Pascua, que no había sido incorporada aún, se refiere a la rivalidad entre Chile y Estados Unidos. Dice que el puerto de Panamá fue ocupado “hace pocos días por una división de la armada de la Federación del Norte. Se pregunta si la continua expansión estadounidense se detendrá en ese punto. Se contesta si mismo expresando: “no lo sabemos a punto fijo, pero no ha dejado de ser por esto un hecho previsor y laudable de que junto a los capotes grises de los soldados de la Unión hayan aparecido (como en Chimbote) en la ciudad de Panamá las chaquetas azules de nuestros marinos de la “Esmeralda” si más no sea como una muda protesta”. Estas aseveraciones, por su poca claridad y alusiones tangenciales y la oscuridad que ha rodeado a este asunto, merecen una investigación más profunda.

    LAS RELACIONES INTERNACIONALES DE CHILE EN LA ÉPOCA.

    William Sater se ha referido extensamente a las relaciones entre su país y el nuestro en un libro que lleva el sugestivo título “Chile y Estados Unidos. Imperios en Conflicto”. En el capítulo correspondiente al período que nos interesa, dice que Chile emergió de la Guerra del Pacífico como una potencial amenaza para los Estados Unidos. En el congreso de este país se decía periódicamente que los tres blindados chilenos (“Blanco”, “Cochrane” y “Huáscar”) podían hundir con facilidad a los buques con casco de madera de la Armada estadounidense. Terminada la guerra, se había sumado a los citados buques el crucero protegido “Esmeralda”, de buena potencia de fuego e impresionante velocidad.
    Una publicación estadounidense citada por Sater decía, en Agosto de 1885, poco después de los sucesos de Panamá, que este últimopuede destruir nuestra Armada completa, buque por buque, y no ser tocado nunca. En esa época se desempeñó como comandante de buque en el Pacífico sudamericano el capitán de navío Alfred Mahan. De sus experiencias, lecturas y análisis saldría más tarde su libro “La influencia del Poder Naval
    en la Historia”
    , una obra de gran trascendencia sobre el tema. Dice Sater: “ La nueva doctrina naval de Alfred Thayer Mahan reforzó las lecciones de la Guerra del Pacífico. Estados Unidos construyó una gran flota, tal vez por inspiración del ejemplo de Chile”


    Emilio Meneses Ciuffardi coincide a grandes rasgos sobre la ya citada percepción estadounidense sobre la capacidad naval chilena al final de la Guerra del Pacífico y de la frustración de ese país por no haber podido impedir que el nuestro impusiese sus términos a Perú y Bolivia al final de ese conflicto.

    Muchos autores, incluyendo los citados, se han referido al hecho de que Estados Unidos tuvo, en general, una mayor simpatía por Perú y Bolivia en el conflicto aludido. Sus acciones como mediador, esperando impedir las pérdidas territoriales peruanas, no tuvieron resultados. Posteriormente, el gobierno provisional de García Calderón ofreció ceder una base en Chimbote para Estados Unidos. El contraalmirante Patricio Lynch, Comandante en Jefe de las Fuerzas chilenas que ocupaban parcialmente Perú se impuso de los entendimientos entre el gobernante peruano y la diplomacia estadounidense y dispuso que el blindado “Blanco Encalada” ocupara Chimbote con fuerzas de Infantería
    de Marina frustrando igual propósito de la fragata estadounidense “Pensacola” en diciembre de 1881. La crisis de Panamá ocurrió cuatro años después cuando el crucero “Esmeralda” ya estaba incorporado a la Escuadra.

    Revisando las Memorias del Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile de 1885 y 1886, nada se dice del viaje del “Esmeralda”. En la parte concerniente a las relaciones con Colombia se describen los movimientos revolucionarios en varios de sus estados confederados y se resumen los sucesos con el siguiente párrafo “Contribuyó a la pacificación de este Estado la presencia de tropas norte–americanas desembarcadas en
    los puertos de Colón y Panamá para proteger, según se dijo, el libre tráfico del ferrocarril intercontinental, conforme a la interpretación dada al artículo 35 del Tratado de 1846 que liga a Colombia con los Estados Unidos”.
    Chile tenía en relaciones
    normales con Ministros en Colombia, Ecuador y Perú y cónsules en Ciudad de Panamá, Buenaventura, Guayaquil y Callao. Llama la atención que estos documentos no se haga ninguna alusión a las recaladas de este buque en dichos puertos.
    Las Memorias consultadas dan cuenta de algunos asuntos pendientes con los tres países del Pacífico sur ya nombrados. Con Colombia, había preocupación por los chilenos que trabajaban en la construcción del canal de Panamá y por la actitud de las autoridades de esa nación con relación al paso de pertrechos de guerra para los beligerantes durante la Guerra del Pacífico. Chile deseaba que se reglamentase este asunto para el futuro. Con Ecuador, país de tradicionales buenas relaciones con Chile, se encontraba pendiente la crisis suscitada por apresamiento de la torpedera peruana “Alay” en aguas ecuatorianas durante el citado conflicto. Con Perú existían los problemas derivados del término de la guerra.

    Mario Barros en su clásico libro nada dice tampoco del viaje del crucero “Esmeralda”.

    LA CRISIS DEL ISTMO DE PANAMÁ

    Panamá era uno de los estados que formaban parte de la República Federativa de Colombia. Geográficamente distante de Bogotá y muy aislado, era alcanzable solamente por mar. Desde el período colonial gozaba de cierta autonomía y era un importante punto de tránsito para la producción de plata y oro del virreinato de Perú y para el comercio con Europa. Ya en el período republicano, las caravanas de mulas que cruzaban el istmo habían sido reemplazadas por una vía férrea levantada por capitales estadounidenses. Ella permitía un más rápido transbordo de pasajeros y carga entre los dos océanos. En la época que nos interesa, una compañía francesa intentaba construir un canal transoceánico a través del istmo, utilizando la experiencia del canal de Suez. En Estados Unidos se miraba con preocupación la influencia que ganaría Francia en América, que era además una potencia en plena expansión colonial en varias partes del mundo. En el país norteamericano había quienes pensaban que se debía invertir recursos financieros en construir un paso interoceánico a través de Nicaragua.

    En esa época, Chile era uno de los pocos países sudamericanos que gozaba de estabilidad política. Perú se encontraba sumido en una larga Guerra Civil. En Bolivia y Ecuador había también inestabilidad. Colombia era un caso especial. Hubo movimientos revolucionarios en varias áreas de la confederación. En el Estado de Panamá, el movimiento fue muy violento y con connotaciones separatistas, estimuladas por los
    intereses franceses y estadounidenses en juego.

    Las convulsiones políticas en el istmo eran frecuentes. Reussner y Nicolás afirman que entre 1850 (año en que se estableció el ferrocarril) y 1903 (en que se independizó Panamá) hubo cincuenta y tres movimientos revolucionarios contra las autoridades de Bogotá. ¡Un promedio de uno al año!

    La rebelión de 1885 fue encabezada por Rafael Aizpurú en Ciudad de Panamá (costa del Pacífico) el 16 de marzo. Los rebeldes aislaron el istmo de las autoridades centrales de Colombia. La ausencia de fuerzas leales al gobierno federal en Colón (costa del Caribe) desencadenó una rebelión en esa ciudad. El regreso de las tropas gubernamentales hizo que los rebeldes incendiaran esta última ciudad. Los sucesos en ambas localidades panameñas conmovieron a la opinión pública chilena. Sin duda que la perspectiva de una interrupción de las comunicaciones a través del istmo era preocupantes. Hemos seguido las noticias publicadas en el diario “La Unión” de Valparaíso durante 1885. Ese medio de prensa estaba recién creado. La fuente de éstas es una sección que el diario llamaba “telegramas por el cable submarino vía Galverston”. Los telegramas se publicaban con fecha y lugar de origen en inglés y se entregaba además su traducción. Otra fuente de información eran extractos de editoriales o noticias publicados por los diarios de Panamá y Guayaquil, que llegaban en los buques que hacían el servicio de carga, pasajeros y correo a lo largo de la costa del Pacífico. Llama la atención la mala calidad del periodismo de la época. Las noticias se publican sin ninguna elaboración y sin relacionarlas con reacciones en el plano interno. Las informaciones eran insertadas en forma dispersa y sin presentar una evolución de los hechos.

    A partir del 4 de abril, “La Unión” comienza a publicar cables en que se informa de los hechos acaecidos en el Estado de Panamá. Muestra en forma fragmentaria los preparativos estadounidenses para intervenir. Un cable fechado el 31 de marzo dice “gran indignación ha causado en Colón y en Ciudad de Panamá la actitud indolente de los buques de guerra surtos en Colón”. En otro, fechado en Ciudad de Panamá el 2 de abril, puede leerse que “una Comisión compuesta de residentes estadounidenses ha telegrafiado al Gobierno de Washington diciendo que sus intereses y vidas corren peligro y solicitan protección inmediata”. Otros cables dan cuenta de los movimientos de tropas y buques destinados a intervenir en la revolución y de las instrucciones para el comandante de la USS Galena estacionado en Colón. En los días siguientes se dan detalles del incendio de ese puerto y de la interrupción de las comunicaciones a través del istmo. En ese mismo período este diario conservador y por lo tanto, tenaz opositor del
    gobierno del liberal presidente Santa María, se refiere al rumor sobre intentos de Gran Bretaña por adquirir el crucero “Esmeralda” para enfrentar una crisis internacional con Rusia. El diario aprovecha la ocasión, el 9 de abril de 1885, para hacer comentarios sobre la mala calidad de este buque por su escaso blindaje, aunque le reconoce su buen andar.
    La crítica está orientada en contra del Presidente que ordenó su adquisición, ya que hay consenso de que esta unidad era de muy buena calidad.

    La Revista de Marina publicó más adelante el itinerario cumplido por este crucero que fue enviado a Ciudad de Panamá parta intervenir. Zarpó de Valparaíso el 10 de abril y llegó a su destino el día 29 después de haber recalado previamente en Callao. Estuvo en Ciudad de Panamá hasta el 12 de mayo en que zarpó a Guayaquil. En este puerto Ecuatoriano estuvo entre el 19 de mayo y el 3 de junio. El día 9 de ese mes llegó a Callao donde relevó a otras unidades chilenas que permanecían en ese puerto observando la Unión”, en su edición del 28 de abril, publica un informe del comandante del crucero “Esmeralda” fechado en Callao donde da cuenta de su viaje, del consumo de carbón y
    donde anuncia su “zarpe a Panamá a cumplir las órdenes que el Supremo Gobierno ha tenido a bien encomendarme, después de hacer carbón”. Tres días después “La Unión” critica al gobierno por el gasto que involucró el viaje basándose en el consumo de carbón informado por el comandante López. Un cable fechado en Panamá que da cuenta de la llegada del crucero “Esmeralda” el 28 de marzo, dos días antes de que las partes, es decir los rebeldes y el gobierno federal colombiano, llegaran a un acuerdo de paz. El 5 de junio una noticia del cable dice que oficiales navales estadounidenses que formaron parte de la expedición a Panamá dijeron que el pueblo estaba deseoso que los Estados Unidos
    hiciesen permanente su posesión provisoria de Panamá. Agregaron que en las circunstancias actuales era imposible que el país permaneciese pacífico por más tiempo.
    Doce días después el diario da cuenta de la llegada del crucero a Callao el 10 de junio y del destierro del general ecuatoriano Eloi Alfaro que tomó parte en una revolución en Ecuador y en Colombia. Diez días después de esta información, publica un cable fechado en Washington en que se dice que Estados Unidos tendrá que intervenir nuevamente en Panamá. En el resto de los ejemplares de ese año “La Unión” no vuelve a publicar informes del viaje del crucero “Esmeralda” ni de las actividades desarrolladas en Panamá y en Guayaquil. Curiosamente, la Revista de Marina tampoco se refiere al tema, pese a que en esos años ubicaba muchos detalles de la actividad naval.

    El 28 de mayo de 1885, “La Unión” reproduce un editorial sin fecha de “El Telégrafo de Guayaquil”. Uno de sus párrafos más importantes dice: ”El buque chileno, desgraciadamente, llegó al istmo cuando el conflicto había desaparecido por completo, dejando en la oscuridad o para el porvenir la explicación de una importante incógnita, a saber, ¿las fuerzas norteamericanas procedieron arbitrariamente o con acuerdo del gobierno legal? Eso se sabrá en breve, no lo dudamos y eso mismo determinará la política de las demás naciones americanas, y especialmente Chile, a quien podemos considerar a la vanguardia, deben adoptar en previsión de las emergencias o probabilidades del porvenir”. Sin duda que la presencia del crucero chileno en el puerto ecuatoriano tiene directa relación con esta publicación.

    Emilio Meneses, citando fuentes estadounidenses y un informe del comandante López fechado en Callao el 9 de junio de 1885 nos entrega mayores antecedentes sobre el asunto. La reacción estadounidense se manifestó el 7 de abril cuando llegó el USS “Shennandoah” a Ciudad de Panamá y tres días después comenzaron a llegar otras unidades de ese país a Colón. El 27 de abril los infantes de marina estadounidenses desembarcaron en Ciudad de Panamá. Al día siguiente llegaron tropas federales colombianas provenientes de Buenaventura. El 28 de abril, día del arribo del crucero “Esmeralda” a ese puerto, se iniciaron las conversaciones entre los rebeldes, el
    comandante de las fuerzas estadounidenses y los jefes de las fuerzas federalescolombianas. Con ello la crisis se fue atenuando. El comandante López manifiesta su extrañeza porque las autoridades colombianas no se aproximaron a él. También informa que su buque fue objeto de numerosas visitas de oficiales estadounidenses preocupados por conocer detalles de sus características. Termina Meneses diciendo que “la visita del Esmeralda causó bastante curiosidad y preocupación a las autoridades navales de Estados Unidos y Francia en relación a los motivos que tenía Chile para enviar ese buque “. Más adelante dice: “El viaje...... no se tradujo en una intervención chilena a favor de los intereses colombianos, entre otros motivos porque ellos ya no corrían peligro, pero su presencia dejó claramente establecido cual potencia disponía de la nave más poderosa, si las circunstancias lo requerían. La Armada de Chile estaba consciente de la utilidad del empleo político de los medios navales y el razonamiento que llevó al comandante López a no actuar precipitadamente indica un elaborado juicio político para evaluar la situación que encontró al llegar a Panamá. La meta de los marinos chilenos
    no era demostrar que podía físicamente imponerse a eventuales rivales, sino velar porque los intereses de Colombia estuviesen debidamente resguardados”
    .


    Rodrigo Fuenzalida Bade nos da una versión algo diferente de los hechos. Dice en la biografía del comandante López “Al tomar el mando de la “Esmeralda” (sic), el más poderoso buque en la costa del Pacífico en ese momento, López fue comisionado para dirigirse a Panamá y visitar Guayaquil y El Callao.Estados Unidos amenazaba la integridad de Colombia y podía bombardear Guayaquil si no se aceptaban ciertas exigencias. Como segundo llevó López al capitán Alfredo Marazzi que dominaba el idioma inglés.

    A cien millas de la costa de Chile abrió López un sobre cerrado con las instrucciones del Gobierno de Chile. Ellas decían: “Tiene Ud. carta blanca para hacer lo que quiera”.
    En 1885 durante la revolución de Aizpurú en Panamá y Prestán en Colón, fondeó en Panamá donde supo que Estados Unidos había tomado posesión de Colón y proyectaba apoderarse de Panamá, dirigir la política interna de Colombia y cambiar autoridades para iniciar después la gigantesca obra que se realizó después con la apertura del Canal de Panamá. Se consultaba también el bombardeo de Guayaquil en caso que Ecuador se opusiera estos proyectos. Resuelto a defender los principios de confraternidad hispanoamericana, audaz e inflexible, anunció que en nombre de Chile tomaría posesión de Panamá para resguardar el orden tal como lo había hecho la Escuadra norteamericana en Colombia en la revolución contra el Presidente Rafael Nuñez en 1884. Transcurrido el plazo de notificación, desembarcó tropas y ocupó la plaza de Panamá, produciendo una notable impresión. Un almirante francés le insinuó que podía ser atacado por los buques norteamericanos pero López no se inmutó. Yo no abandonaré Panamá mientras las fuerzas de los Estados Unidos no hayan abandonado Colón, fue la respuesta del jefe chileno. Días más tarde, la Marina de Estados Unidos reembarcaba sus fuerzas en Colón, a la vez que los marinos chilenos hacían lo mismo en Panamá, devolviviéndole su integridad y regresando a bordo del “Esmeralda”
    . Cabe
    hacer presente que cuando este autor escribe Panamá, se está refiriendo a la ciudad–puerto de ese nombre ubicada en la costa del Pacífico y no a todo el estado.

    El ya citado Alberto Silva Palma da una versión diferente de la anterior. Dice, después de referirse del episodio de Chimbote: “Posteriormente, cuando llegó la nueva “Esmeralda” a relevar a la gloriosa de Iquique, sobrevino en Panamá una revuelta que reclamaba en aquel lugar la presencia de una nave chilena para defender la territorialidad de aquel Estado. Esa “Esmeralda”, el crucero más rápido a flote en aquella época, haciendo uso de sus buenas condiciones de andar, al mando del capitánJ. E. López, fue comisionado para que, a la brevedad posible, llegase a aquel escenario de disturbios.

    A su arribo, supo con sorpresa que ya los americanos habían desembarcado al otro lado del istmo, en Colón, fuerzas de desembarco con la intención de ejercer dominio o presión sobre uno de los contendores o con el objeto de guardar o resguardar los intereses americanos.

    De este lado, en Panamá, el capitán López, poniéndose al habla con el comandante de una corbeta francesa, y como jefe más caracterizado, comunicó al jefe de las fuerzas americanas en Colón, que si ellas no eran embarcadas, él se vería obligado a desembarcar igual número en el puerto de Panamá. Planteada la cuestión de esta forma, si no se retiraban los americanos, el asunto podía complicarse. La justicia de esta actitud
    o quizás la conveniencia de no indisponerse con las naciones de Sud–América, que por el momento estaban mejor armadas que ellos, resolvieron embarcar sus tropas, quedando con esto concluida la intervención extraña, en este asunto interno de un país
    independien
    te”
    .


    UN TESTIMONIO DIRECTO

    El informe del comandante del crucero “Esmeralda”, capitán de navío Juan Esteban López Lermanda es un extenso documento manuscrito, redactado en Callao, al finalizar la comisión a Panamá y Guayaquil. En él no señala en detalle la misión que recibió pero dice que está escribiendo en virtud de “la parte final de las instrucciones en que se prescribe hacer una memoria sobre los informes que se obtengan....”. La frase, con las
    negrillas agregadas, da a entender que la misión estaba relacionada con el conocimiento de la situación real en el istmo y en las demás áreas del Pacífico sudamericano. El informe se extiende en numerosos detalles que corroboran esta impresión. A la llegada del crucero a Panamá, el 28 de abril de 1885, se encontraban en este puerto las siguientes unidades navales: tres buques franceses, uno de los cuales enarbolaba la insignia del almirante que comandaba la estación naval en el Pacífico, uno inglés y dos estadounidenses. Otra unidad de este país llegó pocos días después. Asimismo, arribó desde Buenaventura (Estado de Cauca) la cañonera colombiana “Boyacá” trayendo a remolque un pontón. Estas naves traían una fuerza militar, al mando del general Montoya, con el propósito de restablecer el control de las autoridades federales
    colombianas en el istmo de Panamá.

    Las tropas rebeldes, al mando del general Aizpurú, eran de una fuerza similar y tan mal equipadas y entrenadas como las tropas federales, según la apreciación del comandante López. “En la estación del ferrocarril y protegiendo el tráfico del istmo, se encontraban acantonados fuerzas de los Estados Unidos de Norteamérica compuestas de tropas de marina venidas desde Nueva York y de parte de la marinería de los buques anclados en Panamá. En Colón había una pequeña fuerza del ejército nacional apoyados por fuertes destacamentos de tropas norteamericanas”. Esa era la situación a la llegada del crucero“Esmeralda”. El comandante López narra que, tanto el almirante francés como los comandantes estadounidenses e inglés, procuraron informarse de los motivos de la presencia del buque chileno. Él hizo lo mismo en estas conversaciones, en sus contactos con el Cónsul de Chile en Ciudad de Panamá y en otros contactos. Le llamó la atención que “ni las autoridades que mandaban en tierra ni las que dominaban la bahía,
    procuraban entrar en contacto con nosotros ni con los demás buques de guerra que habían en los puertos”. Indudablemente que se refiere a los dos bandos colombianos en pugna. “Como los acontecimientos iban a tener un próximo desenlace, creí conducente y prudente abstenerme de comunicarme con ninguna de las partes beligerantes y esperar el desenlace para proceder”
    .


    Pasa enseguida el comandante del crucero “Esmeralda” a explicar la situación general en la época de su arribo. “Existen en Panamá dos grandes empresas que se disputan la preponderancia en el istmo. La Sociedad Universal del Canal Interoceánico y la del ferrocarril que lo atraviesa; entre ambas dan vida por completo a todo el movimiento comercial de aquellos lugares; tienen en juego grandes capitales: dispone de un numerosísimo personal y casi nadie ni nada se mueve en aquellos pueblos sin que tenga relación con estas dos grandes empresas o sin que estén ligadas a ellas por algún vínculo”. Más adelante dice que ambas compañías tiene capitales en común pero directorios separados. En la primera había mayoría francesa y en la segunda, estadounidense. Existía una gran rivalidad entre ambos grupos. “El día que se una la dirección de las dos compañías, no se hará en el Estado de Panamá más que su exclusiva voluntad, poniendo y removiendo autoridades a su antojo” concluye esta parte del informe. Más adelante dice que la enajenación de la compañía del ferrocarril (o su absorción por la del canal) implicaría una fuerte indemnización al gobierno de Colombia,
    de acuerdo al convenio suscrito cuando fue creada. También implicaría la pérdida del control estadounidense de dicha vía férrea. Por ello, se mantienen independientes ambas empresas pese a que tienen accionistas en común.

    Más adelante el informe resalta que la población del istmo es cosmopolita, siendo una minoría los colombianos prominentes. A esto “se agrega una indiferencia y alejamiento del gobierno general que toca ya en el desquiciamiento, con leyes que son letra muerta, con la justicia que es solo una fórmula .....” El gobierno colombiano de Panamá bien poco se preocupa, continua haciendo ver el Comandante chileno. “Sin fuerza y poder para reprimir los males, ni para hacer bien a la comunidad y con su residencia a gran distancia, hace que los habitantes de aquella ciudad sepan más de Chile con quien tienen
    fáciles vías de comunicación y mucho más con Nueva York, de donde solo distan ocho días, que del gobierno de la capital”
    . Las continuas revueltas y su represión por tropas
    traídas desde Buenaventura (Estado de Cauca) o Cartagena “ha hecho que se produzca un odio profundo entre ellos... (entre colombianos de Panamá y de los otros estados )....y si a esto se agrega la indiferencia por la cosa pública.......resulta que los gobiernen los caucanos o los dominen los norteamericanos, para ellos (los panameños) le es indiferente. El espíritu patrio está muerto y no hay allí otro motor que el dinero de las dos grandes empresas y de la voluntad de sus directores”.

    Luego el informe entra en un tema del más alto interés. Sostiene que en un tiempo no muy lejano el istmo formará parte de los Estados Unidos al ser vendido por Colombia. No cree que este sea aún el momento oportuno para la anexión porque Estados Unidos no cuenta con el poder naval en el Atlántico frente a las potencias europeas ni en el Pacífico. Resalta que los diarios serios de Nueva York editorializan sobre la presencia del “Esmeralda” en Ciudad de Panamá, lo que es reproducido en el diario “La Estrella de Panamá”, pero que este tema no alarma ni a los pueblos ni a las autoridades locales como tampoco el hecho que en la isla Flamenco hay una factoría de una empresa estadounidense donde no se admite ni la policía ni las autoridades colombianas.

    El comandante López pasa enseguida a narrar algunos pormenores de la revolución en curso. Dice que el Presidente del Estado de Panamá, general Santo Domingo Vila, decidió expedicionar con sus tropas sobre Cartagena que se había insurreccionado contra el gobierno federal colombiano. La ausencia de tropas gubernamentales en Colón hizo posible la insurrección de Pedro Prestán en ese puerto. Era auspiciado por la compañía del canal en construcción. Los revolucionarios encargaron armas a Nueva York, al mismo tiempo que conferenciaban con un buque de guerra estadounidense asegurando que el libre tránsito a través del istmo se mantendría. Cuando llegaron las armas, el comandante
    estadounidense se opuso a su desembarco. Prestán respondió tomando de rehén a uno de los oficiales de ese buque y amenazó con incendiar la ciudad. Se cree que la actitud del comandante estadounidense fue incentivada por la compañía del ferrocarril, rival, como ha sido dicho, de la compañía del canal. El asunto se arregló con un permiso para un desembarco parcial de armas a cambio de la libertad del oficial. Entretanto, las autoridades colombianas de Ciudad de Panamá organizaron una fuerza que, trasladada a través del istmo por medio del ferrocarril, venció a las tropas de Prestán que antes de abandonar Colón procedieron a incendiar y saquear la ciudad hasta que ingresaron las
    tropas gubernamentales y las que desembarcó el buque estadounidense. Poco después y aprovechando la ausencia de fuerzas del gobierno central colombiano en Ciudad de Panamá, estalló una insurección encabezada por Rafael Aizpurú en este puerto del Pacífico. Se dice que éste caudillo era amparado por la compañía del canal, tal como las tropas que derrotaron a Prestán en la costa caribeña lo eran por la compañía del ferrocarril.

    Las fuerzas leales al gobierno central colombiano y las estadounidenses, que fueron llegando desde la zona atlántica, solicitadas por dichas autoridades en vista de que la revolución había estallado en varios de sus estados, quedaron aisladas en Colón.

    La compañía del ferrocarril movió sus influencias para hacer que aumentase la presencia de fuerzas estadounidenses en Ciudad de Panamá, en manos en ese momento de Aizpurú. Cuando éste supo de estas gestiones y de que el gobierno central colombiano estaba organizando una fuerza en Buenaventura para terminar con su insurrección, procedió a levantar barricadas en las calles, lo que alarmó a los habitantes, temiendo que se repitiesen los sucesos de Colón. En esas circunstancias, intervinieron fuerzas estadounidenses que estuvieron apunto de trabarse en combate con las de Aizpurú. Finalmente, los norteamericanos lograron que el líder revolucionario cediera y se comprometiera a no combatir en la ciudad, habiendo llegado en esos días la fuerza enviada por el gobierno central colombiano desde el Estado de Cauca (Buenaventura).
    Los estadounidenses se retiraron de la ciudad y Aizpurú llegó a un acuerdo con las tropas colombianas que, mandadas por el general Montoya, tomaron posesión de Ciudad de Panamá el 30 de abril de 1885, dejando en libertad al citado caudillo y sus seguidores. El comandante López, que había llegado dos días antes con el crucero “Esmeralda”, dice que visitó al nuevo gobernante “ para manifestarle los deseos del gobierno de Chile por la conservación de la paz en el istmo y lo sensible que habían sido las desgracias ocurridas en Colón. No creí conveniente hacer otras manifestaciones, tanto porque los acontecimientos estaban terminados, cuanto por que vi que las autoridades colombianas se encontraban íntimamente ligadas con las de Estados Unidos; sin embargo, antes de separarme, le signifiqué el buen espíritu de que me encontraba animado para el caso de que se nos creyese útiles”. Se extiende el autor más adelante en los detalles de las consideraciones guardadas por los estadounidenses respecto de las autoridades y fuerzas colombianas recién llegadas. Simultáneamente da cuenta del desagrado del almirante y de los ciudadanos franceses por la escasa influencia que tuvieron en los sucesos y de los avances de la influencia estadounidenses. Se llegó a sostener que todo fue premeditado, dada la celeridad con que llegaron las fuerzas de Estados Unidos. López dice textualmente: “ Los Norteamericanos repiten a quien quiera oirles que no permitirán que nación europea alguna intervenga en los asuntos de América y agregan que son bastante poderosos para garantir los intereses de los Sud Americanos y de los extranjeros residentes en el continente.”

    El informe se extiende más adelante en la situación de los chilenos en Panamá, en las malas condiciones de desarrollo de las ciudades de esta zona, en las pocas posibilidades de éxito de las excavaciones que hacía en esa época la compañía que construía el canal, ya sea por falta de recursos financieros o por el mal trazado de las obras. Se refiere también a las penosas condiciones en que se desarrollan los trabajos, en un clima tropical inhóspito, favorable a toda clase de enfermedades con una alta tasa de mortandad. Los trabajadores más resistentes parecían ser los jamaicanos de origen africano. “ Dando por terminada mi misión en Panamá, dejé aquella bahía el 12 de mayo al mediodía y haciendo rumbo al puerto colombiano de Buenaventura, donde fondeamos en la desembocadura del río en la noche del 13”. La estadía se limitó a permanecer en ese punto, ya que al comandante no le mereció confianza el práctico que debería haberlo asesorado para llevar al crucero hasta la ciudad. Por ello se limitó a enviar embarcaciones y recibir noticias para luego zarpar a Guayaquil.

    Una vez en el puerto ecuatoriano, se reunió con la corbeta “Chacabuco” cuyo comandante le hizo notar que “había una pequeña preocupación por la visita que hacían nuestros buques, suponiendo que tratábamos de inmiscuirnos en sus asuntos políticos”.

    El comandante López se extiende en su informe sobre la alarma que existía en la población y las autoridades de Guayaquil respecto a una posible intervención estadounidense en sus asuntos. Además, se refiere al estado de intranquilidad interna en Ecuador y a la pugna entre Guayaquil donde dominaban los elementos liberales y Quito donde lo hacían los conservadores. Los gobiernos de Ecuador y Colombia estaban de acuerdo en vigilar los exiliados de los respectivos países para evitar que intentaran nuevos movimientos para alterar la vida política. El conflicto con Estados Unidos derivaba del hecho que tropas leales al gobierno ecuatoriano en ejercicio había destruido la propiedad de un ciudadano estadounidense que estaba además preso por su participación en un movimiento revolucionario. El gobierno estadounidense reclamaba la libertad de dicho ciudadano y la indemnización de los daños. En esos días circuló el rumor de que había fondeado en la isla Puná un buque de ese país con un ultimátum y amenaza de bombardeo de Guayaquil. El gobierno de Quito había sido presionado para resolver el asunto por medio de su representante en Washington. El comandante del crucero “Esmeralda” fue invitado por el Gobernador de Guayaquil para analizar estos asuntos. Después señalar lo anteriormente resumido, le solicitó “ que para evitar que el pueblo fuese quemado, esperaba que yo interpusiese mi influjo y el poder de nuestro buque para impedir tan graves males, previniéndome que por cable se había impuesto a
    su Ministro en Santiago de lo sucedido para que se me diesen instrucciones.....”
    El
    comandante López contestó que “no participaba de los temores del señor Gobernador y que si algo grave había, el Gobierno de Chile tendría anticipado conocimiento.....y daría oportunas instrucciones a su Ministro en Quito....” Continua diciendo el Comandante “ .... le hice presente, a la vez, sobre lo inverosímil del proceder que se atribuía al Gobierno de Estados Unidos en un asunto que sin duda tenía muchas facilidades para ser arreglado amigablemente antes de ordenar que se quemase a Guayaquil....”. El Gobernador insistió en sus temores dado que el gobierno ecuatoriano no estaba dispuesto a entregar al prisionero estadounidense por un principio de autonomía. El Comandante
    contra argumentó diciendo que consideraba las amenazas estadounidenses “como un apremio para obtener lo que se pretendía, pareciéndome difícil que se llevase al terreno de los hechos”.

    Otro tema de análisis fue la preocupación del Gobernador porque la prensa de Panamá se manifestaba favorable a la intervención estadounidense en el istmo. López sugirió que la prensa local refutase tales opiniones lo que ocurrió pocos días después. También le pidió
    la opinión para la defensa de Guayaquil. El crucero, de acuerdo con el informe, continuó dicho puerto ecuatoriano hasta apreciar que la amenaza no se cumplía. Zarpó cuando el Comandante apreció que la salida no podría ser interpretada como que “procurábamos esquivar nuestros servicios a un pueblo de una república amiga; así fue que nuestro alejamiento de la ría se vio con pesar, pues aquella ciudad tenía cifradas esperanzas en
    el crucero para que lo salvase en el caso que llegase el conflicto”
    .


    Después de elogiosos comentarios sobre la laboriosidad de Guayaquil y la buena señalización marítima del litoral ecuatoriano, el Comandante finaliza su largo informe con estos comentarios “habiendo tenido lugar nuestro arribo a Panamá cuando la mayor parte de los acontecimientos se habían desarrollado y encantando el Istmo ocupado por fuerzas norteamericanas con aquiescencia de las autoridades de Colombia,
    mi misión se simplificó como puede verse en este pequeño trabajo que espero sea del agrado del Supremo Gobierno, contando con la especial benevolencia de US.


    COMENTARIOS FINALES

    Al analizar las actividades del crucero “Esmeralda” en aguas peruanas, colombianas y ecuatorianas entre abril y junio de 1885, pueden señalarse las contradicciones existentes en las fuentes consultadas. El informe del comandante López en ninguna de sus páginas señala haber desembarcado tropas en Ciudad de Panamá. El buque chileno actuó más bien por presencia, fundamentalmente porque las autoridades colombianas nada le pidieron. Su actuación puede encuadrarse en lo que se denomina presencia naval, es decir mostrar la bandera y el poder naval para promover el interés nacional. En el caso de Panamá, la interrupción de las comunicaciones a través del istmo, representaban una seria amenaza para Chile y su comercio. En el caso de Ecuador, se trataba de apoyar a un país amigo.

    Sobre los efectos de esta presencia naval comenta el comandante López que fue muy positiva en los chilenos dispersos en los diferentes países visitados e impresionante para los peruanos, que veían que Chile mantenía, e incluso incrementaba, su poder naval habiendo finalizado recientemente la Guerra del Pacífico y existiendo asuntos pendientes derivados de ella. En Panamá, dice el informe, “el aplauso fue unánime; la prensa se ocupó muchas veces de nuestro buque, llamando la atención sobre esta máquina de guerra, como la más poderosa y rápida que en su clase se hallaba a flote. Los oficiales norteamericanos de las estaciones navales de uno y otro océano, no satisfechos con las repetidas vistas que se hacían para conocer el buque, tomaban croquis y apuntes de sus más insignificantes detalles.

    Si el propósito de la comisión fue la presencia naval, puede decirse que la cumplió. Si el fin era restablecer el orden en el istmo, no se logró ya que era innecesario, porque a la llegada del crucero chileno, las fuerzas estadounidenses y del gobierno federal colombiano ya lo habían logrado. En Ecuador, la presencia puede haber moderado a las partes en conflicto.

    El informe del comandante López, al no corroborar algunos aspectos tratados en otros textos citados, hace dudar de la exactitud lo expuesto en ellos y señala la necesidad de acudir a las fuentes directas. La continuación de la búsqueda de antecedentes en archivos, memorias y otros diarios podría permitir ahondar en el tema.

    Esta investigación también ha permitido detectar lo incompleto que es el Archivo de la Armada. No hay antecedentes del año 1885 y el informe del comandante López, pieza fundamental para esta monografía, debió ser ubicado en el Archivo Nacional.

    Para cerrar por el momento este asunto, diremos que en el trabajo de un historiador parece no haber nada definitivo.

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  6. VERDUGO Colaborador

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    Juan de Dios Aldea Fonseca nació en Chillán en 1853. Hijo del profesor don José Manuel Aldea y doña Úrsula Fonseca.

    Su niñez transcurrió en Santiago junto a sus abuelos paternos, don Juan de Dios Aldea y doña María Antonieta Contreras. Luego a los 8 años de edad fue llevado por su padre a la escuela franciscana de Chillán que él dirigía, donde se distinguió por su excelente caligrafía, don muy apreciado en aquellos tiempos, y manifiesto interés por los ejercicios militares.

    A los 12 años de edad consiguió el permiso de su padre para vivir con su tía, doña Petronila Aldea de Gutiérrez y a varios de sus primos de alrededor de su misma edad. Entre ellos, Juan de Dios se hizo un hombre, que a los 16 años manifestaba un firme carácter, que era complementado con su pujanza física y su espíritu jovial y bondadoso.

    Lo que en un comienzo fue un juego, una ilusión, a los 19 años era una realidad. El 01 de agosto de 1872, furtivamente se enroló como soldado voluntario en la Comisión de Enganche enviada por el Batallón de Artillería de Marina, existente en Valparaíso, cuerpo que dependía de la Comandancia General de Marina. Permaneció en la Primera Compañía de ese Batallón hasta marzo de 1874. En abril de ese año fue enviado en comisión a Valdivia.

    El 11 de mayo de 1874, después de haber permanecido como soldado durante 01 año,09 meses y 10 días, asciende a Cabo 2º.

    Permaneció en la Primera Compañía del Batallón hasta junio de 1877, con excepción de una comisión del servicio a Magallanes durante junio y julio de 1875.

    El 01 de enero de 1876 ascendió a Cabo 1º, después de permanecer 01 año y 07 meses como Cabo 2º.

    El 01 de enero de 1877 asciende a Sargento 2º, grado en el que alcanzó a permanecer durante 02 años,04 meses y 21 días.

    En junio de 1877 se embarca en la corbeta Esmeralda, y zarpa con su buque a recorrer el litoral, regresando a Valparaíso en noviembre del mismo año.

    En febrero de 1878 es transbordado al Pontón Thalaba, donde permanece hasta marzo. En abril regresa a la Primera Compañía del Batallón. En octubre vuelve al Pontón "Thalaba" por dos meses y luego regresa a su Compañía, siendo designado a la Guardia de la Intendencia de Valparaíso.

    Declarada la Guerra del Pacífico, en abril de 1879 es transbordado a la corbeta "Esmeralda".

    Su amor a la patria y a las armas era una cuestión heredada. El diario "La Discusión de Chillán" al referirse a los varones de la familia Aldea, señala que en su mayoría han sido hombres de armas. En efecto, muchos de esos Aldea, valerosos guerreros, dignos predecesores del héroe de la Esmeralda, entregaron sus vidas en los campos de batalla. Bien se podría afirmar que para el Sargento Aldea no se trataba más que de una vocación irresistible.

    La consecuencia se cuenta entre sus principales virtudes. Ello se materializa durante la Guerra del Pacífico, en el Combate Naval de Iquique, el 21 de mayo de 1879, al acompañar a su Comandante, Arturo Prat, en el inmortal abordaje al monitor peruano Huáscar, sin que lo intimidara la gran superioridad del enemigo.

    Aldea, cumpliendo fielmente con su deber, al darse la alarma del avistamiento del monitor "Huáscar" y la fragata blindada "Independencia, al toque de "generala" formó en el alcázar a sus 33 Artilleros de Marina que pronto rindieron honores a los pabellones patrios izados en las diferentes drizas de la corbeta, presentándoles armas, y batiendo marchas con su corneta y tambor.

    Cerca de la 08.00 horas, al toque de "atención" del Grumete Gaspar Cabrales, el Sargento 2° de Artillería de Marina, Juan de Dios Aldea Fonseca, se colocó en su puesto de combate, junto a su Comandante, el Capitán de Fragata Arturo Prat Chacón, ya que su deber era protegerlo durante el combate. Allí escuchó la inmortal arenga de Prat.

    Al primer espolonazo del "Huáscar", acompañó a su Comandante en su heroico abordaje a la nave enemiga. Mientras el oficial caía con su cráneo destrozado, su fiel subalterno caía agónico afirmándose en una bita, junto al mástil del monitor. Tenía el cuerpo herido y sus miembros fracturados. Las balas le habían perforado el cuello, un costado del cuerpo , el brazo izquierdo y pierna derecha. Así permaneció durante el resto del combate, lo que lo desangró.

    Alrededor de las 19.00 horas del 21 de mayo de 1879, fue dejado por los peruanos en el muelle de Iquique, junto los cadáveres de su Comandante y del Teniente Ignacio Serrano, . Entrada la noche, alrededor de las 20.30 horas, fue recogido por el ciudadano italiano Adolfo Gariazo y otros extranjeros avecindados en Iquique, don Hilario Maino, don José Picconi, don José Paluneri, y llevado al hospital, donde sufrió la amputación del tercio superior de su brazo herido y posteriormente igual intervención en su pierna derecha, lo cual no logró superar, falleciendo el día 24 de mayo.

    Fue enterrado el día 25 en una fosa común y su cadáver exhumado el 01 de junio de 1881, gracias a la información dada por el joven español Feliciano Arego, quien había observado su entierro y a la comisión formada para ese efecto, presidida por el señor Adolfo Gariazo, señores Hilario Maino, Carlos A. Navarrete, Máximo Urízar, Pedro Mardones, Antonio Alfonso, doctor Cornelio Guzmán, Teniente de la Armada, Carlos Krug, Ramón Silva, Eleuterio ******, Segundo Bueno y el notario público Eduardo Reyes Lavalle.

    Su sacrificio y lealtad no pasaron inadvertidos para historiadores, poetas y testigos oculares, que dieron cuenta de su acción, agonía y muerte. El poeta Rubén Darío en su "Canto Étula a las Glorias de Chile", le dedica unos versos exaltando su valentía y lealtad.

    La heroica muerte de Juan de Dios Aldea Fonseca ha quedado para siempre perpetuada en el nombre de una de las unidades de la Armada y de numerosas calles de las ciudades de nuestro país.

    Sus restos reposan en la Cripta del Monumento a los Héroes de Iquique en Valparaíso.

    *Fuente : Armada de Chile



    En la actualidad hay una Repartición y una Unidad que llevan su nombre en Honor a su Valentía y Lealtad.
    Destacamento IM N° 3 Aldea
    LSDH Sargento Aldea.

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  7. VERDUGO Colaborador

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    Combate de La Concepción


    El Combate de la Concepción, es uno de los hechos de armas más valorados y recordados en Chile. Se produjo en la llamada Guerra del Pacífico, en la
    Campaña de la Sierra, el periodo más salvaje de la contienda. Un puñado de chilenos, 77 en total, combatieron durante diecinueve horas apoyados en un
    pequeño cuartel a más de mil quinientos enemigos entre soldados de línea e indios serranos. También es recordado en el Perú por la historia del pequeño
    poblado, que hasta hoy se mantiene invicto ante el enemigo.


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    En los primeros meses del año de 1882 hubo varios intentos por acabar con la resistencia peruana, pero cada uno de ellos fracasó rotundamente. La falta de recursos para sus soldados, que no contaban con lo mínimo para sobrevivir, obligándolos a recurrir a lo que pudieran encontrar en cada poblado que habitaban para su alimentación y obligando a dichos lugareños a pagar un cupo d guerra para la mantención de las tropas, comenzó poco a poco a levantar el ánimo indígena contra Chile, y aunque tenían órdenes desde Lima de tratar amigablemente a los indígenas para evitar se unieran a Cáceres, la necesidad, el hambre y en algunos casos la ambición, fueron más fuertes, creando así ellos mismo uno de los enemigos más sanguinarios que enfrentarían.

    Cada día que transcurría menguaba más al Ejército chileno, victima de las distintas enfermedades que contraían los soldados. El Tifus era el más mortal enemigo para las guarniciones que ocupaban los distintos poblados, y aunque existieron pequeños enfrentamientos contra las fuerzas peruanas, las pérdidas por enfermedad eran inmensamente superiores. El alto mando chileno estaba alarmado, y pedía diariamente a las autoridades chilenas la orden para abandonar la sierra, pero el Gobierno chileno restaba importancia a las noticias. Era muy fácil para ellos, sentados en sus escritorios a miles de kilómetros de la Guerra, decidir que aún no era tiempo, que eran noticias infundadas y que los soldados chilenos serían capaces de soportar esas penurias y muchas más.

    No se daban cuenta del real estado de las tropas, muchos de los cuales, con sus uniformes andrajosos y con hojotas, hechas con los restos de sus botas, debían soportar las fiebres, el frío y el hambre. Muchos soldados vieron como última alternativa el desertar.

    La situación llegó a ser insostenible para los chilenos, lo que obligó al Coronel Del Canto, jefe de la División chilena, partir a Lima para solicitar personalmente la orden de retirada. Los hechos relatados por este al General Lynch causaron alarma. Las tropas necesitaban nuevos uniformes y carecían de mantas que les proporcionaran el abrigo necesario, para las continuas lluvias y nevadas que debían soportar. Muchos estaban muriendo congelados.

    Los hospitales sanitariamente eran poco aptos, pues las medicinas escaseaban y los practicantes no daban abasto para la cantidad de enfermos, que caían victima de Tifus y Viruela.

    Solo luego del envío de un medico de confianza del ministro chileno Novoa, el cual le corroboró y aumentó todo lo que había narrado Del Canto, fue autorizada la orden de evacuar la Sierra por las tropas chilenas.

    En un principio, solamente debía acortarse la línea de ocupación, partiendo por la evacuación de Huancayo, que era el cuartel General chileno.

    Dicha noticia, que trato de mantenerse en completo secreto, no tardo en llegar a oídos de General peruano Andrés A. Cáceres, quien vio en esto una oportunidad de exterminar las guarniciones chilenas, empezando a crear un plan de ataque contra sus enemigos.

    A fines de junio el cuartel peruano estaba apostado en el pueblo de Izcuchaca, ubicado al sur de Huancayo. Cáceres planeaba encerrar a los chilenos en su retirada, evitando así que se juntaran las distintas guarniciones y cortando toda posibilidad de comunicación con Lima, para lo cual, envía al Coronel Máximo Tafur hacia el norte al poblado de Oroya, destruir la guarnición existente en el lugar y cortar el puente, para así evitar cualquier vía de escape del enemigo.

    Da órdenes al Coronel Juan Gastó se dirigiera con la División Vanguardia, que estaba compuesta por los Batallones Pucará N º 4, América y las columnas Libres de Ayacucho hasta el pueblo de Comas donde se le unirían las Montoneras del lugar que estaban comandadas por Ambrosio Salazar. Una vez reunidos, debería exterminar la guarnición chilena apostada en el lugar, que solo constaba de un puñado de hombres.

    Mientras el General Cáceres con el resto de sus tropas caería sobre la 4º Compañía del Batallón Santiago apostada en Marcavalle.

    Todo estaba preparado, el ataque debía comenzar en la madrugada del día domingo 9 de julio de 1882, en las tres destinaciones al mismo tiempo, para así evitar que las tropas chilenas se refuercen, ya que estas, comenzaban su marcha el mismo día.

    El primero en atacar fue la División comandada por el General Cáceres, cayendo sobre los chilenos en Marcavalle a las 5 A. M. del día estipulado.

    Mientras tanto en el poblado de Concepción, ubicado a 24 kilómetros al norte de Huancayo, la guarnición chilena compuesta por 73 soldados y cuatro oficiales al mando del Teniente Ignacio Carrera Pinto, acompañados por tres cantineras, mujeres que seguían a los soldados, una de las cuales estaba en un avanzado estado de embarazo y un pequeño niño de cinco años, arreglaban sus pertenencias para partir, ya que en cualquier momento debería pasar el grueso del Ejército a recogerlos, como se lo había comunicado el Coronel Estanislao del Canto el día anterior.

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    El Teniente Ignacio Carrera Pinto era un jefe que había demostrado serenidad y valor en la batalla de Tacna, en la cual participó como subteniente del Regimiento Esmeralda y en las Batallas de Chorrillos y Miraflores, donde actuó como secretario de Comandante del Regimiento Chacabuco 6º de Línea, al cual había sido asignado. Siempre llevó con orgullo el legado que le dejara su abuelo José Miguel Carrera Verdugo, uno de los principales Héroes de la Independencia de Chile.

    Al amanecer el subteniente Arturo Pérez Canto, segundo al mando, ordena formar la tropa para pasar lista, siendo esta una acción rutinaria. Se cuentan en la fila a 65 hombres, incluidos los oficiales. Los once restantes se encontraban en la improvisada enfermería victimas de tercianas y altas fiebres.

    Le llama la atención al Teniente Carrera Pinto el silencio que cubre el pueblo esa mañana. Muchos de los residentes no se encontraban en el lugar como de costumbre, pero atribuyó todo esto a que esa gente era muy creyente y como era día domingo habían dirigido sus pasos hacia el templo de Santa Rosa de Ocopa para escuchar misa.

    Nada le hacía presagiar que los enemigos ya los observaban.

    La mañana transcurrió en completa normalidad para los chilenos, mientras las fuerzas del Coronel Gastó se incrementaban con las montoneras de Comas y se aprestaba a atacar a la compañía del Chacabuco en Concepción.

    De pronto se comienza a escuchar los gritos de los vigías chilenos que anunciaban la presencia de las tropas enemigas. Cientos de hombres se descolgaban desde los cerros con destino al poblado. El grito de alarma hizo al Teniente Carrera Pinto reunir a sus hombres, acudiendo también los soldados enfermos, entre los cuales se encontraba el subteniente Julio Montt. Estos al ser reprendidos por el jefe de la guarnición por haberse levantado, se justifican diciendo que no podían quedarse acostados mientras sus compañeros se enfrentaban al enemigo, y que preferían morir en combate que ser muertos en su lecho de enfermos. Carrera Pinto, comprendiendo que sus argumentos eran válidos, les ordena mantenerse atrás de la tropa como reserva. Eran las 14.30 horas.

    Gastó envía un parlamentario para hablar con el jefe de la guarnición chilena, exigiéndole rendición, para evitar así una masacre segura, ofreciéndole a cambio todas las garantías de salvar sus vidas. El Teniente chileno no se demoró en responder negativamente a la propuesta. Pelearían hasta morir o en el mejor de los casos hasta la llegada de las tropas que debían pasar a recogerlos ese mismo día. Esas mismas tropas que habían acudido en defensa de la guarnición apostada en Marcavalle esa mañana, las mismas que atrasarían un día su partida, las mismas que no llegarían a tiempo.

    La primera orden fue para un sargento y dos soldados. Debían apurar el paso y tratar de llegar a Huancayo en busca de refuerzos, pues sabía que sería una lucha imposible frente a un enemigo inmensamente superior en número. Poco duró esa esperanza, pues dichos hombres cayeron acribillados antes de salir del poblado, siendo luego de muertos rodeados por los indígenas y descuartizados, para luego pasar a adornar las puntas de sus lanzas con los restos de sus cuerpos. La guerra tomaba ribetes salvajes.

    No había muchas alternativas para proceder, por lo cual Carrera Pinto divide a sus hombres enviándolos a los cuatro costados de la plaza para tratar de evitar así la entrada en masa del enemigo. Al comienzo dio resultado, las descargas de los fusiles daban en el fácil blanco que dejaban las montoneras que atacaban desordenadamente. Los chilenos alternaban la carga de bayoneta y los disparos para ahorrar munición. Una hora pudieron sostener el salvaje avance enemigo, siendo obligados por el constante empuje a volver al cuartel.

    Se repitieran una tras otras las cargas de las montoneras enemigas, la misma cantidad de veces fuero obligadas a retroceder.

    El Coronel Gastó, preocupado por la posibilidad de la llegada del resto del Ejército enemigo desde Huancayo, ordena a algunos de sus hombres ocupen los puestos de vigía en el Cerro León y que no dejarán sin vigilancia ni por un segundo el camino de Huancayo.

    Mucho se ha alargado el combate, el Coronel peruano jamás se imaginó tamaña resistencia. Eran alrededor de las 19:00 horas cuando ordena un alto al fuego. Debía idear una forma de hacerlos salir del cuartel.

    Ese repentino silencio hizo albergar esperanzas en los chilenos en la posibilidad de que los refuerzos llegaban y que por eso los peruanos comenzaban a desaparecer.

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    Que equivocados estaban. Solo eran momentos de calma para atacarlos con más fuerza.

    Los soldados peruanos acompañados por los lugareños comenzaban a ubicarse en los altos de las casas vecinas al cuartel chileno para proceder a dispararles, siendo atacados también por el frente, dejándolos sin posibilidades de escape.

    Carrera Pinto ordena una carga con el fin de liberar una salida, lanzándose con sus hombres a la bayoneta entre un tumulto de indígenas. En eso estaba cuando un disparo que le atraviesa el brazo izquierdo lo hace caer, siendo recogido por sus hombres y se retiran al cuartel.

    Los disparos desde las alturas no dieron el resultado esperado, lo que obligó al jefe peruano a pensar como podrían hacer salir a los chilenos del cuartel para batirlos. La solución que se encontró era la de rociar el cuartel con líquidos inflamables y prenderle fuego, así el humo los obligaría a salir o en el mejor de los casos morirían carbonizados.

    No tardaron en ejecutar el plan. El cuartel en llamas no era seguro para sus ocupantes, por lo cual Se lanzan cargando sobre la indiada que los esperaba a la salida. En dicha carga, el teniente Ignacio Carrera Pinto es herido de muerte junto a varios de sus hombres, obligando al resto a volver sobre sus pasos al cuartel en llamas.

    El diario peruano el Eco de Junín, se refiere a este hecho:

    "Este jefe murió heroicamente defendiendo el puesto que le había sido confiado, dando ejemplo de valor a sus subalternos, que se batieron hasta el último momento, haciendo frente a nuestros soldados que competían en arrojo y decisión con enemigos dispuestos a vender caras sus vidas; peruanos y chilenos lucharon con denuedo y encarnizamiento."

    Poco o nada se podía hacer, mientras tanto en el medio del combate, la cantinera chilena daba a luz a un varón dentro de un cuartel que se incendia y que sofoca a todos sus moradores.

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    Muerto el teniente Ignacio Carrera Pinto, al mando de la 4º compañía queda ahora el subteniente Julio Montt Salamanca. Rodeados por el fuego, la indiada y los disparos enemigos desde los techos colindantes muere este joven oficial de solo 18 años en la puerta del cuartel cargando a la bayoneta.

    La noche ya había caído sobre el poblado y continuaba el combate. Los indígenas trataban de hacer forados en el cuartel para atacarlos desde allí o tratar de ingresar al recinto. Los pocos defensores que quedaban cubrían los agujeros con los mismos cuerpos de sus enemigos que caían al tratar de entrar.

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    El Coronel Gastó se ve preocupado por la situación. Por un lado le desconcertaba lo que el consideraba una inútil resistencia de sus enemigos, pero también veía con preocupación que los indígenas estaban prácticamente incontrolables, muchos de los cuales en el calor de la batalla se habían dedicado al saqueo de algunas casas del lugar, entregándose a la ingesta de alcohol.

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    Ahora le toca el turno de mando al subteniente Arturo Pérez Canto quien con sus hombres se da maña para sostener el ataque hasta el amanecer. Aunque sin esperanzas y cansado de tanto batallar, se lanza contra los enemigos siendo acribillado en el lugar.

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    Quedan solo cinco sobrevivientes. El subteniente Luis Cruz Martínez, joven que no llegaba a los 18 años de edad y cuatro soldados, todos ellos alentados por las mujeres que los acompañaban. Se llegó a la conclusión de que ya no había más que hacer, solo restaba seguir los pasos de sus superiores y elevar una plegaria para que las mujeres sean respetadas luego de la muerte de todos los soldados.

    Sin municiones, sin alimentos, el joven oficial junto a sus soldados se lanza en pos de la muerte. Era el fin de la guarnición chilena apostada en Concepción. Fueron brutalmente asesinados por la indiada, procediendo luego de darles muerte a desvestirlos, descuartizarlos y repartirse los restos como trofeo. El coronel Gastó nada pudo hacer para controlar el furor de los montoneros.

    Las mujeres y los niños no corrieron mejor suerte, siendo sacadas del cuartel aun humeante por la indiada descontrolada, arrastrándolos a la plaza, para proceder a desvestirlas, matarlas y mutilarlas y usarlas de adorno en las puntas de sus lanzas. Aunque los oficiales peruanos trataron de detener esta carnicería, nada pudieron hacer contra el ímpetu indígena.

    Destruida la guarnición chilena tras más de diecinueve horas de combate las fuerzas peruanas abandonaban el poblado dejando tras ellos un pueblo sembrado de cadáveres, sabían que el grueso del Ejército chileno estaba cerca. Su misión ya la habían cumplido. La guarnición chilena apostada en Concepción había sido completamente aniquilada. Eran las 9:30 A. M. del día 10 de Julio de 1882.

    El siguiente es el relato del soldado Marcos Ibarra D., del Batallón 2º de Línea a su llegada a Concepción:

    "Llegamos a las seis de la tarde a la entrada del pueblo La Concepción. Mi Coronel Canto se sorprendió de que todas las habitaciones estuvieran cerradas y no se veía un ser viviente. Hizo hacer alto la marcha y que cargáramos el rifle Comblain. Hizo avanzar a los Carabineros de Yungay a hacer un reconocimiento a la plaza, antes de un minuto llegó un ayudante de campo diciendo que en la plaza se encuentra un cuadro horroroso de muertos, entonces avanzamos y nos impusimos. Había perecido toda la 4º Compañía del Batallón Chacabuco 6º de Línea. Esos valientes hombres, se batieron hasta quemar el último cartucho contra 2000 cholos serranos bien armados. Los chilenos pelearon del 9 hasta el 10 de julio. Un corneta, una mujer chilena con una guagua estaban traspasados por balas, flechas y lanzas. Estas víctimas se encontraron en medio de los cadáveres."

    Al llegar pocas horas después los hombres del Coronel Estanislao del Canto al poblado de Concepción, se dan cuenta de lo macabro del espectáculo ante sus ojos. El cuartel aún humeante seguía consumiéndose por las llamas, encontrando en la plaza los restos mutilados de sus compañeros.

    La caballería es enviada en persecución del enemigo con la orden indiscutible de no tomar prisioneros. No se salvó nadie que se haya atravesado en su camino.

    Las casas de los ciudadanos que colaboraron con las tropas peruanas fueron incendiadas y sus dueños fusilados.

    Mientras tanto en Concepción el comandante del regimiento Chacabuco don Marcial Pinto Agüero, al verse imposibilitado de llevar los cuerpos a Chile, ordena extraer los corazones de los cuatro oficiales, los cuales reposan hoy en la Catedral de Santiago. Luego se prendió fuego a la iglesia, cuyos restos sirvieron de sepultura para la 4º compañía, las mujeres y los niños que habían estado apostados en Concepción.

    Visto los resultados de la defensa del poblado por la 4º Compañía del Chacabuco, el comandante de dicho Batallón, Coronel Marcial Pinto Agüero,
    tomando como ejemplo a sus hombres, decreta la siguiente Orden del Día:

    "Soldados del Ejército del Centro; Al pasar por el pueblo de Concepción, habéis presenciado el lúgubre cuadro de escombros humeantes, cuyos combustibles eran los restos queridos de cuatro oficiales y setenta y tres individuos de tropa del batallón Chacabuco 6º de Línea. Militares de manos salvajes fueron los autores de tamaño crimen; pero es necesario que tengáis entendido que los que defendían el puesto que se les había confiado, eran chilenos que, fieles al cariño por su patria y animados por el entusiasmo de defender su bandera, prefirieron sucumbir antes que rendirse.
    Amigos chilenos; si os encontráis en igual situación a la de los setenta y siete héroes de Concepción, sed sus imitadores; entonces agregareis una brillante página a la historia nacional y haréis que la efigie de la patria se muestre una vez más con semblante risueño simbolizando en su actitud los hechos de sus hijos.
    Soldados: seguid siempre en el noble sendero del deber, con entusiasmo y abnegación; conservad la sangre fría y el arrojo de los Caupolicanes y Lautaros; sed siempre dignos de vosotros mismos y habréis conseguido la felicidad de la Patria.
    Chilenos todos: ¡Un hurra a la eterna memoria de los héroes de Concepción! "


    El combate arrojó como un triunfo para las tropas peruanas comandadas por el valiente General Cáceres, y una muestra más de la decisión y patriotismo del soldado chileno.



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    Actual monumento a los Heroes de La Concepción,ubicada en la Alameda en el corazón de Santiago de Chile.





    [IMG] LOS 77 DE LA CONCEPCIÓN [IMG]

    1. Capitán Ignacio Carrera Pinto 4ª Compañía
    2. Subteniente Arturo Pérez Canto 4ª Compañía
    3. Subteniente Julio Montt Salamanca 5ª Compañía
    4. Subteniente Luis Cruz Martínez 6ª Compañía
    5. Sargento 1º Manuel Jesús Silva 4ª Compañía
    6. Sargento 2º Clodomiro Rosas 4ª Compañía
    7. Cabo 1º Gabriel Silva 4ª Compañía
    8. Cabo 1º Carlos Segundo Morales 4ª Compañía
    9. Cabo 1º Juan Ignacio Bolívar 4ª Compañía
    10. Cabo 2º Pedro Méndez 4ª Compañía
    11. Cabo 2º Plácido Villarroel 4ª Compañía
    12. Soldado Tiburcio Chandía 4ª Compañía
    13. Soldado Amador Gutiérrez 4ª Compañía
    14. Soldado Juan Ferra 4ª Compañía
    15. Soldado Pedro N. Zúñiga 4ª Compañía
    16. Soldado Pablo Ortega 4ª Compañía
    17. Soldado Avelino Olguín 4ª Compañía
    18. Soldado José Martín Espinoza 4ª Compañía
    19. Soldado Pablo Trejos 4ª Compañía
    20. Soldado José Félix Valenzuela 4ª Compañía
    21. Soldado Agustín Molina 4ª Compañía
    22. Soldado Rafael Otárola 4ª Compañía
    23. Soldado Félix Contreras 4ª Compañía
    24. Soldado Enrique Reyes 4ª Compañía
    25. Soldado Federico Sepúlveda 4ª Compañía
    26. Soldado Francisco Escalona 4ª Compañía
    27. Soldado José Argomedo 4ª Compañía
    28. Soldado Juan Bautista Muñoz 4ª Compañía
    29. Soldado Abelardo Silva 4ª Compañía
    30. Soldado Efraín Encina 4ª Compañía
    31. Soldado Vicente Muñoz 4ª Compañía
    32. Soldado Emilio Correa 4ª Compañía
    33. Soldado Mariano González 4ª Compañía
    34. Soldado Pedro Moncada 4ª Compañía
    35. Soldado Ángel Agustín Muñoz 4ª Compañía
    36. Soldado Juan Hinojosa 4ª Compañía
    37. Soldado Eduardo Aranís 4ª Compañía
    38. Soldado Manuel Antonio Martínez 4ª Compañía
    39. Soldado José Arias 4ª Compañía
    40. Soldado Emilio Rubilar 4ª Compañía
    41. Soldado Máximo Reyes 4ª Compañía
    42. Soldado Pedro Lira 4ª Compañía
    43. Soldado Erasmo Carrasco 4ª Compañía
    44. Soldado Estanislao Rosales 4ª Compañía
    45. Soldado Emigdio Sandoval 4ª Compañía
    46. Soldado Estanislao Jiménez 4ª Compañía
    47. Soldado Juan Bautista Campos 4ª Compañía
    48. Soldado Florencio Astudillo 4ª Compañía
    49. Soldado Pablo Guajardo 4ª Compañía
    50. Soldado José Saldoval 4ª Compañía
    51. Soldado Juan Bautista Jofré 4ª Compañía
    52. Soldado Manuel Contreras 4ª Compañía
    53. Soldado Rudencio Zúñiga 4ª Compañía
    54. Soldado Hipólito Utreras 4ª Compañía
    55. Soldado Manuel Rivera 4ª Compañía
    56. Soldado Agustín Segundo Sánchez 4ª Compañía
    57. Soldado Lorenzo Aceitón 4ª Compañía
    58. Soldado Gregorio Maldonado 4ª Compañía
    59. Soldado Bonifacio Lagos 4ª Compañía
    60. Soldado Manuel Jesús Muñoz 4ª Compañía
    61. Soldado Bernardo Jaque 4ª Compañía
    62. Soldado Lindor González 4ª Compañía
    63. Soldado Toribio Morán 4ª Compañía
    64. Soldado Lorenzo Serrano 4ª Compañía
    65. Soldado Luis González 4ª Compañía
    66. Soldado Lorenzo Torres 4ª Compañía
    67. Soldado José del Carmen Sepúlveda 4ª Compañía
    68. Soldado Lorenzo Jofré 1ª Compañía
    69. Soldado Juan D. Rojas Trigo 2ª Compañía
    70. Soldado José Jerónimo Jiménez 2ª Compañía
    71. Soldado Francisco Contreras 3ª Compañía
    72. Soldado Pablo González 5ª Compañía
    73. Soldado Zenón Ortiz 6ª Compañía
    74. Soldado José Miguel Pardo 6ª Compañía
    75. Soldado Juan Montenegro 6ª Compañía
    76. Soldado Casimiro Olmos 6ª Compañía
    77. Soldado Pedro González 1ª Compañía del Batallón Lautaro
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  8. VERDUGO Colaborador

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    Triste historia sobretodo el final de las mujeres el niño y el bebe nacido durante la noche
  9. VERDUGO Colaborador

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    Alejandro Bello Silva

    [IMG]
    Alejandro Bello
    Teniente primero
    Años de servicio 19091914
    Lealtad [IMG] Chile
    Servicio/rama Ejército
    Nacimiento 1887
    Fallecimiento 1914(?)
    El teniente 1.º Alejandro Bello Silva ( 1887 - 1914) fue un aviador chileno que se extravió en 1914, mientras efectuaba una prueba necesaria para obtener el título de piloto militar.

    Biografía
    El tercero de los tres hijos de José María Bello y Ana Rosa Silva, vivió su infancia en Ancud debido al relegamiento de su padre por la Guerra Civil de 1891.
    El 27 de mayo de 1909, con 22 años, ingresó como cadete a la Escuela Militar, obteniendo el grado de teniente 2.° de Ejército. Efectuó estudios de aviación en Francia, en la Escuela de Aviación L´Espace.


    Desaparición
    En la madrugada del 9 de marzo de 1914, el teniente Alejandro Bello se encontraba en el aeródromo Lo Espejo, donde debía efectuar un examen para poder conseguir el título de piloto militar. Bello, junto a dos compañeros tenían que realizar el circuito Lo Espejo-Culitrín-Cartagena-Lo Espejo, en la zona central de Chile, para aprobar el examen.
    Durante el primer intento los aviadores tuvieron que regresar a la base porque la visibilidad era pésima debido a la neblina. Durante el aterrizaje de regreso, Bello dañó su aeronave. En el segundo intento, Bello usó un biplanoSánchez-Besa de 80 HP número 13, de nombre Manuel Rodríguez. Despegó junto a un compañero y el instructor, quienes tuvieron que realizar un aterrizaje de emergencia por falta de combustible. Sin embargo, Bello continuó su ruta y se perdió entre las nubes.

    Búsqueda

    [IMG]

    Teniente Bello.

    Bello desapareció y ese mismo día se iniciaron las búsquedas. Varias personas afirman haber visto el aterrizaje o la caída del avión, aunque estos datos eran falsos.
    A partir de ese momento se generaron diversas teorías, algunas de las cuales dicen que Bello cayó al mar o que la nave destruida se encuentra en una quebrada (específicamente, en la Quebrada del Diablo, cercana a San Vicente de Tagua Tagua, en la VI Región). Se han efectuado diversas expediciones para dar con algunas pistas, la penúltima de ellas en 1988, pero no se han encontrado rastros del teniente Bello ni del avión que piloteaba.
    El 28 de noviembre de 2007 partió una expedición a la comuna de San Antonio. En los cerros de Cuncumén encontraron dos piezas metálicas pertenecientes a un avión.
    Jaime González Colville, de la Academia Chilena de la Historia, consideró que es muy dudoso que los restos del teniente Bello se encuentren cerca de Cuncumén.


    El teniente Bello en la cultura popular
    • En Chile se utiliza la expresión «más perdido que el Teniente Bello», para referirse a personas distraídas o que se han perdido en el camino.
    • El periodista y escritor Hugo Silva publicó en 1945 la novela Pacha Pulai, que mezcla la historia de Alejandro Bello con la leyenda de la Ciudad de los Césares, que data de tiempos coloniales.
    • Se le hace mención en el episodio de Diego y Glot, Súper Familia, en el concurso televisivo dirigido por Don Francisco.
    • Su figura es usada en el cuento de ciencia ficción “El Prisionero” de la antología Alucinaciones TXT. De dicho cuento derivaría más tarde la novela La sombra de fuego: El último vuelo del teniente Bello. También figura como personaje de ficción en otros cuentos de Chile: “Relación del reyno” y en la novela gráfica1899, que también mezcla elementos de Pacha Pulai.
    • Francisco Mouat en su libro Chilenos de raza relata la historia del teniente perdido y la finalización de la historia.
  10. VERDUGO Colaborador

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    A continuacion la carta que enviara el Almirante peruanio Miguel Grau a la viuda del Comandante chileno Arturo Prat, informandole el fallecimiento de su esposo, este gesto le valio a tan distinguido marino peruano ser conocido en Chile como el "Caballero de los Mares", por lo mismo cuando muere mas tarde en el Combate de Angamos, donde el Huascar es capturado por la ACH, es que se le dieron sepultura a sus restos con todos los honores militares de la epoca. Eran otrs tiempos, donde incluso las Guerras tenian codigos.

    Condolencias a la viuda del Comandante Prat





    [IMG]
    Monitor Huáscar
    Al ancla, Pisagua, Junio 2 de 1879
    Distinguidísima señora:
    Un sagrado deber me autorizo a dirigirme a ud. y siento profundamente que esta carta, por las luchas que va a rememorar, contribuya a aumentar el dolor que hoy justamente debe dominarla. En el combate naval del 21 próximo pasado que tuvo lugar en las aguas de Iquique, entre las naves peruanas y chilenas, su digno y valeroso esposo, el capitán de fragata don Arturo Prat, comandante de la Esmeralda, fue como usted no lo ignorara ya, victima de su temerario arrojo en defensa y gloria de la bandera de su patria. Deplorando sinceramente tan infausto acontecimiento y acompañándola en su duelo, cumplo con el penoso y triste deber de enviarle las para usted inestimables prendas que se encontraron en su poder, y que son las que figuran en la lista adjunta. Ellas le servirán indudablemente de algún consuelo en medio de su desgracia y por eso me he anticipado a remitírselas.
    Reiterándole mis sentimientos de condolencia, logro, señora, la oportunidad para ofrecerle mis servicios, consideraciones y respetos con que me suscribo de usted, señora, muy afectísimo seguro servidor.
    Miguel Grau
  11. VERDUGO Colaborador

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    Un día como hoy...
    2 de octubre de 1814


    [IMG]


    Batalla de Rancagua. Con el retiro de las tropas chilenas se puso fin al primer intento independentista del país, que se conoce como Patria Vieja; y se inició el periodo de Reconquista, por parte de los españoles.
    La lucha fue desigual. Mientras el General español Mariano Osorio tenía 5 mil hombres bien armados, 1.180 estaban bajo el mando de O'Higgins.
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  12. Diego Ruben Administrador

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    Bien Verdu recordando las campañas de la Independencia de la patria latinoamericana !
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  13. VERDUGO Colaborador

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    Un día como hoy...
    6 de octubre de 1861


    Se compra el "Paquete Maule". A bordo de este vapor a ruedas, el 09 de marzo de 1866 en el Golfo de Arauco serán capturados por la "Blanca" y la "Numancia", el Comandante Luis Alfredo Lynch y 126 tripulantes. Conducidos prisioneros a España, regresarán tras dos años de cautiverio. Más tarde, otro buque con el mismo nombre será utilizado para transportar tropas en la Guerra del Pacífico.


    06 de octubre de 1891
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    Devuelto por Estados Unidos, zarpa desde San Diego el transporte "Itata" retenido durante la guerra civil.
    Naufragó en agosto de 1922 a la altura de Cruz Grande.
  14. VERDUGO Colaborador

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    Chilenos recuerdan cómo combatieron en la II Guerra Mundial



    En 1941, 80 chilenos viajaron a Francia, siguiendo el llamado del general Charles de Gaulle. Sólo cinco volvieron. Dos de ellos reviven aquí sus experiencias. También entregan sus testimonios veteranos nacidos en Alemania, Estados Unidos y Gran Bretaña, que se radicaron en Chile cuando concluyó la guerra.

    "Yo estuve en el 'Día D'"

    En 1943, casi todos los jóvenes universitarios con buena salud de la Universidad de Syracuse, Nueva York, habían sido reclutados para servir en las Fuerzas Armadas. Bertram Husch era uno de los pocos que no se habían enrolado, pues aún no cumplía la mayoría de edad. Avergonzado, decidió no esperar más y falsear su edad, lo que fue aceptado por las autoridades.

    Luego de un duro entrenamiento y un viaje de diez días, el regimiento de ingenieros de Husch llegó a Europa. Sólo un par de días antes supieron que su primera misión sería iniciar la reconquista de Francia desembarcando en la Playa Omaha, en Normandía, el 6 de junio de 1944, el "Día D". "Fuimos los primeros. Sentíamos el bombardeo de nuestras naves como un tren pasando sobre nuestras cabezas. Pensábamos que los soldados enemigos no sobrevivirían a eso, pero nos equivocamos. Aún no habíamos avanzado y ya habíamos perdido un 30% de la tropa". Tras horas y horas, el grupo logró abrir el camino para la invasión masiva. "La playa estaba cubierta de cuerpos y de soldados heridos, muchos de los cuales gritaban en su agonía. En la tarde, los muertos fueron recolectados y enterrados".

    Tras algunos días de descanso, la unidad de Husch, ahora subteniente, fue destinada a adentrarse en territorio francés, donde participó en la batalla de Las Ardenas. "La misión de mi pelotón de 44 hombres era detener la ofensiva alemana, defendiendo o volando un puente en el camino. Pero nos atacaron con tanques y artillería pesada. Perdí a la mitad de mi grupo". Posteriormente sería movilizado a Alemania, lugar donde, el 5 de mayo de 1945, recibió la noticia de la muerte de Hitler. Ya fuera del ejército, finalizó sus estudios y entró a trabajar en la FAO como ingeniero forestal. En un viaje a Chile conoció a su esposa María Angélica y en 1976 se estableció definitivamente en el país.

    80 chilenos a luchar por Francia

    Fue un mensaje transmitido por radio a todo el mundo. Era el Presidente de Francia, Charles de Gaulle, pidiendo ayuda para liberar a su país. Eso bastó para inflamar el patriotismo de cerca de 80 chilenos con ascendencia gala y de franceses residentes en Chile, quienes viajaron a apoyar a su madre patria. De los ochenta que viajaron, sólo cinco volvieron.

    Margot Duhalde tenía 19 años cuando, en 1941, convenció a su padre para que le diera la autorización de viajar a Gran Bretaña para enrolarse en el ejército de De Gaulle. Para ello, tomó un barco a Liverpool desde Buenos Aires. Lo mismo hizo Paul Potin, un año después, a los 17.

    Margot, quien volaba aviones desde los 16 años, llegó a Gran Bretaña con la ambición de ser piloto de guerra, pero se encontró con que los franceses no usaban a las mujeres en la guerra. Así, debió conformarse con ayudar a la dueña de una casa de reposo en las tareas domésticas. Hasta que un piloto amigo le recomendó acercarse a los ingleses. "Me dijo: 'Con los franceses no volarás jamás' ", recuerda.

    Así, inició su entrenamiento en la Royal Air Force. "Me asignaron al transporte de aviones de guerra, desde las industrias a las bases. Volé decenas de diferentes naves", relata. El trabajo era arriesgado. "Pilotábamos naves que no conocíamos y que no tenían armas ni radio. Además, a veces pasábamos semanas sin dormir entre vuelo y vuelo". Luego de la guerra fue condecorada como "Comandante de la Legión de Honor".

    Potin voló en una escuadrilla de aviones Spitfire, pero no logró entrar en combate. "No había nada de confianza en los extranjeros", dice.

    Sin saber nada de aviones, se presentó a la Fuerza Aérea y quedó seleccionado para ser instruido en Canadá. Le tocó embarcarse en el Queen Mary, en compañía del Primer Ministro británico Winston Churchill. "Un día pasó revista a la tropa, y al ver que algunos teníamos uniformes diferentes, nos preguntó de dónde veníamos. 'De Sudamérica, señor, de Chile', contesté yo. Él me miró y me dijo: 'Aahh, ¿de Argentina?'. Yo le tuve que corregir". Potin volvió a Gran Bretaña en 1945, donde le correspondió patrullar en el Canal de la Mancha. Ese año vivió las fiestas con que los soldados celebraron el fin de la guerra. "Las borracheras eran tan terribles que, de día, los oficiales les sacaban piezas a los motores de los aviones para que nadie saliera a patrullar ebrio". Ese mismo año volvió a Chile. Hoy es empresario y presidente de la Asociación de ex Combatientes Franceses.



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    Cuando la bandera chilena flameó en el Lago Titicaca…

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    Por Julio Velasco Urbina, Escritor


    Al terminar ya la guerra del Pacífico, en 1882, solo quedaban algunas fuerzas guerrilleras hostilizando a nuestro ejército, especialmente en el sur del Perú. Como no sólo molestaban, sino que podían constituir una potencial base de nuevos problemas, se acordó enviar una expedición militar hacia la zona de Arequipa y Puno, regiones en que hacía de las suyas un jefe montonero llamado Albarracín.No tuvieron mayores problemas nuestras tropas en combatir, cercar, y luego destruir a los núcleos guerrilleros, y limpiaron toda la región, llegando nuestros soldados hasta el mismo borde del gran lago Titicaca, frontera acuática natural con Bolivia.
    Ya este último país se había retirado de la guerra, pero todavía no se firmaba la paz. Habría sido fácil para el ejército chileno seguir por tierra, ya sea bordeando el gran lago, o directamente desde Arica hacia La Paz.La capital de Bolivia se debatía en medio de revoluciones políticas, y la resistencia habría sido mínima, ante fuerzas aguerridas y disciplinadas como las chilenas, veteranas de cien victorias.Sin embargo, había entre los gobiernos conversaciones de arreglo que podrían poner fin a la guerra, y así la orden a las tropas de seguir a la capital boliviana no se dio nunca. Y se perdió la oportunidad histórica de ver nuestra bandera flamear en el Palacio Quemado, y a nuestros soldados desfilando por las calles de La Paz. Parece claro que una ocupación militar de la capital boliviana, remachando la derrota, no habría dado lugar a elevar, después del retiro de nuestras tropas, planteamientos reivindicacionistas improcedentes sobre el litoral recuperado por Chile en la guerra, y que hasta hoy día entraban nuestras normales relaciones con ese país hermano.Bueno, la historia está llena de oportunidades perdidas por falta de visión en el momento oportuno. Pero, volvamos al Lago Titicaca, que es el tema de nuestro vistazo a la historia. Las tropas chilenas estaban en el puerto de Puno, sobre el lago, y como todos sabemos, en dicho lago existían y existen centenares de lanchas de totora, hechas por los lugareños, tanto bolivianos como peruanos, que ocupan para sus traslados y comercio entre las riberas y las islas.Seguramente a algún guerrillero peruano o boliviano se le ocurrió usar varias de estas embarcaciones para hostilizar a los chilenos, y hacían incursiones armadas, sobre todo de noche, disparando desde el lago hacia nuestros campamentos.Tanto molestaron estas acciones guerrilleras lacustres, que el mando de la expedición solicitó ayuda a nuestra Armada, y la ayuda llegó en la siguiente forma:
    En el puerto de Mollendo se desarmó una lancha torpedera de la Armada , llamada Colo-Colo y se llevó por tren hasta Puno. Allí, los mecánicos navales la rearmaron, y la botaron al agua. La comandaba el teniente Angel C. Lynch y completaba la dotación un guardiamarina y 25 tripulantes. La nave desplazaba 30 toneladas y estaba equipada con 3 torpedos de botalón y una ametralladora Hotchkiss. Gemela de la "Tucapel", era la más moderna torpedera de la Armada y única nave de guerra chilena que ha navegado en el lago de mayor altitud de todos los grandes lagos del mundo, a 3.812 metros. La Colo-Colo había participado en combate durante el bloque del Callao, junto a otras unidades. Fue desmontada y dada de baja en 1885.Y esa lancha, haciendo flamear nuestra bandera por sobre las aguas del Titicaca, hizo varias expediciones, pero no necesitó causar mayores daños, porque su sola estampa navegando sobre el lago determinó la rendición incondicional de las montoneras que hostilizaban nuestros campamentos.Un hecho poco conocido de nuestra historia naval y militar, pero que nos enseña como reaccionaban los chilenos del 79, frente a los grandes y pequeños desafíos del destino.
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    Un día como hoy...
    7 de octubre de 1954


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    Blanca Luz Brum Elizalde, escritora y poetisa uruguaya, nace el 31 de mayo de 1905 en Pan de Azúcar, Maldonado y muere en Chile el 07 de agosto de 1985

    La escritora uruguaya Blanca Luz Brum recibe la condecoración Orden al Mérito "Bernardo O´Higgins", en reconocimiento a su obra de divulgación de la cultura chilena. Autora de "Robinson Crusoe y las islas de Juan Fernández", habitó durante largos años en el archipiélago.
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    08 de octubre
    Día del Suboficial Mayor

    En la actualidad son alrededor de 120 los hombres que lucen con orgullo en la botamanga de su uniforme el ancho galón dorado y la estrella que los distingue en las filas navales como Suboficiales Mayores y los identifica como parte de un grupo de selectos marinos, los que durante el transcurso de su carrera naval han sobresalido por el cumplimiento del deber, su constancia, espíritu de sacrificio, trabajo y estudios múltiples.
    En este dia la Armada de Chile recuerda y celebra a sus Suboficiales mayores, el cual es el maximo grado al que alcanza el personal de Gente de Mar, la cual se inicia en la Escuela de Grumetes como Grumete y finaliza despues de 30 años como Suboficial Mayor.
    Se recuerda en esta fecha ya que ocurrio el Combate de Angamos donde el Cocrane, al mando del Comandante Juan Jose Latorre, vencio al Huascar del Almirante Grau; para el Comandante Latorre su gente era primordial, por eso antes de asumir el mando del "Cochrane" el pide llevarse a su tripulacion desde la "Magallanes", asi es como el Comandante Latorre se llevo a toda su Gente de Mar, dandole importancia a esta.
    Debido a este hecho curioso o anecdotico, es que se instaura el 08 de Octubre como el Dia del Suboficial Mayor de la Armada
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    Buenas historias Verdugo, aqui, poco conocidas.
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    Gracias estamos escarbando buscando mas

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