Historias de la Guerra de Malvinas

Tema en 'GUERRA DE MALVINAS' iniciado por Tabano1973, 14 Ago 2013.

  1. MarioAr Administrador Temperamental

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    Y hubo otros oficiales que son héroes indiscutidos... Y? Te repito, cuantos conscriptos u oficiales vos conoces que se acobardaron? Como podes generalizar? Hubo casos y casos, de los dos tipos, y pasa en TODOS los países, en TODAS las guerras...
  2. Pepin Colaborador

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    Solo conozco a uno, un Ex Capitán que según él estuvo en Malvinas.
    Reconozco estuve mal en generalizar y no llamaré cobarde (Conscripto u Oficial) a quien estuvo en una situación en la que yo jamás estaré pero sí me tomaré el atrevimiento de cuestionar a dichos oficiales.
  3. Diego Ruben Administrador

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    En todos lados se cuecen habas, pero recorda estos apellidos : Estevez, Giachino, Cisneros, Castagnari, Jukik, Esteban, Suarez, Montalvo, Dattoli, Seineldin, Rico, Vasquez, Collemil, Schweizer, los tripulantes del Belgrano, TODOS los pilotos caidos, los mecanicos armeros muertos en Darwin, algunos como Jimenez Corvalan que siendo Subteniente en Comision (aun sin egresar del CMN y de menor edad que sus soldados) organizo la defensa del Mte. Harriet hasta resultar herido. Me parece una liviandad tildar de cobardes y mucho peor traidores a todos los oficiales por unos pocos que se pasaron de vivo. Hable con muchos subordinados de varios de los nombrados y aun les tienen un respeto reverencial, ganado a sangre y fuego en combate.
  4. diazpez Administrador

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    Lo hemos hablado con Mario más de una vez: hay una cuestión doctrinal (herencia Prusiana) en nuestro Ejército que convierte a los Oficiales en Semi- Dioses que no tocan el barro. Ahora, hubo muchos tipos con más cojones que escalafón y comandaron a su gente como requería la hora. Oficiales que estuvieron a la altura del conflicto y fueron valientes. Y hubo otros a los que la conciencia y la historia los atormentarán hasta el último día de sus vidas. No pasa tanto por el rango. Pasa por la fibra de cada uno.
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  5. MarioAr Administrador Temperamental

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  6. MarioAr Administrador Temperamental

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    La Argentina tiene muchos más héroes de los que nadie sospecha, pero el proceso de desmalvinizacion que los políticos encararon después del 83 y que solo lo malo vende, han llevado a este nivel de lavado de cabeza de la gente que repite sin pensar ni saber.

    Solo basta leer las memorias del Alte. Woodward para ver que piensan los ingleses de los soldados argentinos...
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  7. maginot1918 Moderador

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    Si quieres saber como te fué en la guerra preguntale a tu enemigo ;)
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  8. VERDUGO Colaborador

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    El rugby unió a veteranos británicos y argentinos de Las Malvinas

    33 años luego de la guerra por el archipiélago, ex combatientes de ambos bandos se reencontraron en un partido de rugby. "No les guardo ningún rencor", compartió uno de sus protagonistas.

    Agencias21 de septiembre del 2015 / 19:17 Hrs
    [IMG]El veterano Harry Whales, en el partido de rugby para los ex combatientes en Las Malvinas. Foto: AFP

    Con un balón bendecido por el papa Francisco, veteranos británicos y argentinos de la guerra de Las Malvinas se reencontraron este lunes, 33 años más tarde, para disputar un partido de rugby cerca de Londres.
    El estadio del club inglés Esher, a media hora de la capital británica y en el país que acoge el Mundial de rugby, fue escenario de un duelo que pretendía ayudar a cerrar heridas y que fue organizado por la Fundación Rugby Sin Fronteras.
    "Fue una guerra innecesaria y no les guardo ningún rencor, el rencor daña a las personas", explicó a la AFP Horacio Gatas, un veterano argentino.
    "Quise aprovechar la oportunidad de encontrarme 33 años después con la gente que combatió contra mí, siguiendo órdenes como yo, y estrecharles la mano", añadió.
    Argentinos y británicos jugaron mezclados en los dos equipos, a los que se sumaron familiares y amigos. Los veteranos llevaban un brazalete distintitivo, y, como superan los 50 años, el partido se acortó a dos tiempos de 20 minutos.
    El equipo azul, que jugaba como local, venció al rojo por 20 a 5. Al final, como es de rigor en el rugby, se celebró el tercer tiempo para tomar unas cervezas todos juntos.
    "La belleza del rugby es lo que viene luego: hablamos, bebemos y reímos", explicó a la AFP el doctor David Jackson, de 57 años, que abandonó el ejército británico para hacerse médico y especializarse en el tratamiento del estrés postraumático que él mismo sufrió.

    [IMG]


    [IMG]

    "Me di cuenta hace muchos años que todos los que luchamos en aquella guerra éramos hijos o maridos de alguien, fuimos agentes de tiempos políticos y decisiones políticas", añadió.
    Para Jackson, los veteranos de cualquier guerra y cualquier país, acaban unidos por una experiencia única.
    "Cuando están en su sociedad, son culturalmente diferentes. Tenemos un sentido del humor diferente, una etica laboral diferente, y eso es lo que nos une, las diferencias con los civiles", argumentó, confensándose muy emocionado con la reunión.
    La idea de que fueron víctimas de la política prevaleció en el testimonio de los participantes, con una nutrida delegación argentina de 54 personas, que incluía a veteranos y a sus familiares.
    "Los políticos fallaron y nosotros tuvimos que ir y arreglarlo", explicó Russell Craig, un veterano británico de 56 años, definiendo a él y sus colegas argentinos como "víctimas de las circunstancias".
    "Éramos todos compañeros de armas y cumplimos nuestro deber como mejor supimos. La reconciliación es importante, es muy buena, este es un momento muy emocionante", agregó.

    La política, al margen

    [IMG]


    [IMG]


    [IMG]

    Abundaron los abrazos y la cordialidad, y se ausentó la política: "Nosotros no estamos ni a favor ni en contra de la soberanía (argentina de las Malvinas), nosotros no tenemos fronteras", sentenció Alejandro Diego, de la Fundación Rugby sin Fronteras y uno de los promotores del partido.
    El uruguayo Gustavo Zerbino, uno los supervivientes del famoso accidente aéreo de los Andes en 1972, y cofundador de esta fundación, también disputó el partido.
    En 1982 tropas de la dictadura militar argentina tomaron por asalto las islas del Atlántico Sur. Se inició una guerra que duró 74 días y culminó con victoria británica, dejando como saldo la muerte de 255 británicos y 648 argentinos.
    Argentina sigue reclamando la soberanía de las Malvinas, que los británicos denominan Falklands, pero Londres rechaza negociar.
    El sacerdote bonaerense Jorge Murias explicó que "lo importante entre la gente es el encuentro, para trabajar por la paz, la justicia, la solidaridad y la fraternidad, para todos, y todos los días".
    Para otro argentino, Fabián Abraham, se trataba de "estrechar la mano de quien estuvo combatiendo contra nosotros".
    "Todo ayuda a superar aquello, lo que seguro que no ayuda es no hablar", sentenció.
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  9. COMPASS U.M. (Ultimate Moderator)

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    De alguna forma hay que ir reconstruyendo la imagen argentina ante la sociedad inglesa para evitar los estereotipos y prejuicios que se alimentan a causa de la ignorancia; somos más parecidos de lo que pensamos y nos afectan humanamente las mismas cosas; lo importante es descubrir eso para superar las diferencias que, forzadamente, se han impuesto y mantenido a lo largo de todos estos años.
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  10. MGB Forista Ilustre

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  11. MarioAr Administrador Temperamental

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    Telenoche: el avión fantasma de Malvinas

    hercules1024-576.jpg
    En un informe exclusivo, dos tripulantes y el mécanico del Hércules TC-68 de la Fuerza Aérea Argentina contaron cómo transformaron este avión en un "bombardero".


    Así describieron los tripulantes del "avión fantasma"."ORGULLO". Así describieron los tripulantes del "avión fantasma". "Esta historia se mantuvo oculta porque uno de los barcos que bombardeamos hicieron un juicio. Dijeron que los bombardeó un Hércules pero nosotros lo negamos", relató Ortiz. La causa ya prescribió y es por eso que los protagonistas se animaron a contar los hechos en Telenoche.

    34 años en silencio. El Hércules TC-68 de la Fuerza Aérea Argentina cumplió un papel preponderante en la Guerra de Malvinas. Ese avión desarrolló varias tareas durante el conflicto armado de 1982. Incluso tareas para las que no había sido diseñado.

    TC-68 Bombardero FAA.jpg

    "Hicimos traslado de carga y de pasajeros, lanzamiento de carga y reabastecimiento en vuelo", recuerda el vicecomodoro Andrés Valle. Por su envergadura, esa nave está pensada para el traslado y maniobra de cargas pesadas. Un poco por necesidad y otro por ingenio, el TC-68 operó como bombardero.

    En una obra de reingeniería, el avión fue modificado para poder transportar armamento. También lograron obtener una mayor cantidad de horas de vuelo sin necesidad de recargar combustible. "Había reuniones en las que bromeábamos con cargarlo de piedras para lanzárselas a los buques. Hicimos algo mejor: le pusimos bombas en los planos. Aumentamos la autonomía a casi 20 horas", precisó el suboficial Carlos Ortiz.

    TC-68 Bombardero FAA 2.jpg

    Ya modificado, en uno de los vuelos, el Hércules TC-68 se comunicó por frecuencia de radio con el buque Hércules Monrovia y le ordenaron que haga una determinada maniobra. Como no hubo cumplimiento, la tripulación argentina bombardeó el barco homónimo. El barco quedó inoperativo y fue hundido a 250 millas de la costa de Río de Janeiro, en Brasil.

    Puro ingenio argentino que lo transformó en un avión único. Sin embargo, las hazañas de este avión no se difundieron hasta hace poco. "Fue el héroe anónimo de la Fuerza Aérea. Para mí es un orgullo tocarlo. Las letras tango Charlie 68 que tiene deberían estar en dorado para que tenga el honor que merece. Es lo más grande que tuvo en servicio la Fuerza Aérea en servicio", concluyó emocionado Ortiz.

    TN.com
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  12. Pepin Colaborador

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    No tenía idea de este hecho, una prueba más del ingenio y del valor Argentino cuando las papas queman.
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  13. MarioAr Administrador Temperamental

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    Pero para que el ingenio trabaje, hacen falta medios... Sin ellos el ingenio nada puede hacer...
  14. RUSOHDP Forista Destacado

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    Hercules contra Hercules.

    El Reino Unido no reconoce la perdida del petrolero Hércules, porque de hacerlo debería pagar los seguros de Guerra por arrendamiento del buque.

    El buque fue hundido por la compañia, según ellos por no poder desarmar las bombas y según el gobierno ingles, lo hicieron a propósito para cobrar el seguro y que no se pueda con certeza verificar el ataque.

    El gobierno de Brasil se negó a recibir al buque ya que lo consideraba parte del conflicto.

    Creo al igual que la tripulación del Tango Charly 68, se debería tratar con mas respeto a esa aeronave, que contribuyo a escribir una parte de la historia de la gesta de Malvinas y darle un lugar donde cualquier persona pregunte "porque se le rinde homenaje" manteniendo viva la historia y el espíritu de los combatientes del 82.

    Saludos
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  15. MarioAr Administrador Temperamental

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    El Tango Charlie 68 debería tener un puesto de lujo en el Museo Aeronáutico Nacional...
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  16. Busso Forista Destacado

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    Voy a colocar varias anécdotas que voy sacando del libro "El Sabor de la Derrota" de Gustavo Tamaño, jefe de las fuerzas blindadas argentinas en la Guerra de Malvinas :

    Durante la Guerra, las fuerzas blindadas británicas consistían en un escuadrón compuesto por dos secciones, cada una con dos FV101 Scorpion y dos FV107 Scimitar. A su vez este escuadrón era completado por un FV106 Samson, un blindado de recuperación. El jefe de este escuadrón era el Teniente de Caballería Mark Coreth, quien se encontraba al mando de su FV101 Scorpion durante el asalto al monte Tumbledown cuando su blindado pisa una mina antitanque argentina, la cual debido a las características permeables del suelo, no llega a romper el casco pero si destruye el sistema de rodamiento del blindado. La tripulación salió ilesa, pero aún así Coreth sufre de un zumbido en sus oídos desde ese día.

    Otro dato:

    Los Blues and Royals tuvieron diferentes misiones que asumieron con la flexibilidad propia de la Caballería. En Teal Inlet, le encomendaron a Coreth desempeñarse como Oficial de Defensa Aérea, por lo que sus Scimitar con sus cañones Rarden de 30mm se abocaron a esta nueva misión. Según crónicas y palabras de Coreth, los artilleros no tenían problema en apuntar y abrir fuego contra los relativamente lentos Pucará, e incluso afirman que el fuego fue efectivo sobre los más rápidos A4 Skyhawk.

    Hay que reconocer que la elección de estos blindados para la contienda fue muy buena, considerando que los FV101 y FV107 comparten el mismo chasis por lo que el mantenimiento se facilita enormemente, y además de que se trasladan sobre orugas, por lo que la presión ejercida por cm2 es mucho menor a la que ejerce un blindado a ruedas como el Panhard que usó el EA (concretamente 0,36 kg/cm2 del FV101 contra 1,8 kg/cm2 del Panhard). Además. incluir un blindado de recuperación ante tales terrenos fue en enorme beneficio para la caballería británica.

    Datos sobre la caballería argentina:

    Los 10 Panhard Argentinos estaban distribuidos en dos secciones de 5 vehículos cada una. Estas dos secciones conformaban un escuadrón al mando del Subteniente Tamaño y llegaron a Malvinas el 9 de Abril. Como dato de color: Se mantuvieron hasta mediados de Abril solo con la munición que traían en los vehículos, que eran 10 proyectiles HEAT, 10 HE y uno o dos fumígenos, además de solo 600 balas para las dos ametralladoras que equipan al blindado, cuando su dotación completa es de 2000. El tema de la munición para estas ametralladoras francesas (AA-52) era muy complejo, porque los Panhard eran los únicos vehículos que las utilizaban en todo el EA, y ellas usaban cintas con eslabones desarmables especiales para este arma. La situación era delicada ya que las ametralladoras no solo eran importantes para la defensa contra infantería cercana, sino que también se utilizaban para reglar el tiro del cañón.

    Justamente a mediados de Abril llegan por medio de un vuelo de la FAA 1800 tiros de cañón (900 cajas de 10KG cada una), los cuales fueron recogidos en el aeropuerto usando pequeño remoque que se encontraba en el cuartel de los Royal Marines y un remolque que pertenecía al FIGAS (Malvinas Islands Goverment Air Service) que era destinado en sus tiempos a sacar a los DHC-2 Beaver (con los que contaba el gobierno de las islas) del agua para llevarlos al hangar. Estos aviones (dos concretamente) se encontraban almacenados en perfectas condiciones en un hangar perteneciente al FIGAS.

    Otro dato:

    En Moody Brook el Subteniente Tamaño se encontró con dos pequeños blindados ingleses Bren Carrier, uno bastante entero y el otro prácticamente desguazado. Eran muy similares a los T-16 que el EA había mantenido en servicio hasta hacía muy poco tiempo (el T-16 es la versión agrandada del Bren Carrier, con cuatro ruedas de rodamiento en lugar de tres). Se estudió la opción de ponerlo en servicio para utilizarlo como vehículo de reabastecimiento y para realizar reconocimientos ya que contaba con orugas y era ideal para transitar por terrenos poco firmes, pero el mal estado del motor y la falta de piezas dieron por tierra la idea.
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  17. Delfinicus Colaborador

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    Emoción pura al leerlo ... "tomado" de Bernardo Schweizer (IMARA)


    Bernardo Schweizer
    22 h · Ciudad de México, Distrito Federal, Mexico ·

    Una historia de la guerra por las Is Malvinas y del nacimiento de un héroe...
    Tenía veinticuatro años, volaba a ras del mar y estaba a punto de bombardear un destructor y una fragata misilística.
    Le decían Piano porque se llamaba Guillermo Dellepiane, y era alférez en una fuerza que no tenía héroes ni próceres porque jamás había entrado en combate. Se trataba de la primera misión de su vida y acababa de despegar de Río Gallegos.
    Su padre se había muerto sin poder cumplir el sueño de realizar en el terreno de la realidad lo que a lo largo de toda su carrera había simulado hacer: la guerra del aire.
    Tan inquietante como entrar en batalla debe de resultar el hecho de consagrar una vida a un acontecimiento que no ocurrirá.
    Guerreros de la teoría y el entrenamiento, muchos cazadores se reciben, se desarrollan y se retiran sin haber cazado jamás una presa verdadera.
    El padre de Piano , cerca de la jubilación, había muerto hacía dos años en un accidente absurdo, cuando se derrumbó un ala del edificio Cóndor.
    Volando hacia el blanco en un A-4B Skyhawk, el hijo venía a cumplir ahora la escena deseada y urdida por el fantasma de su padre.
    Era el 12 de mayo de 1982 y una escuadrilla de ocho aviones argentinos avanzaba en silencio de radio hacia dos barcos británicos.
    Los cuatro primeros iban adelante y dispararían primero. Los cuatro halcones de atrás, a una distancia prudencial, tendrían una segunda oportunidad o entrarían a rematarlos.
    Para Piano, era una misión iniciática, la última lección de un profesional de la guerra: la guerra misma. Hasta entonces todo habían sido aprendizajes y pruebas.
    Alférez es el primer escalafón de los oficiales, y Dellepiane ni siquiera había experimentado el reabastecimiento en vuelo, una compleja operación que en este caso consistía en acercarse volando a un Hércules, encajar la lanza de la trompa del A-4B en la canasta de combustible y cargar tanques para seguir viaje.
    Muchos fallaban en ese intento: se ponían nerviosos y no podían meter la lanza. “Mirá si yo no puedo, es una vergüenza”, se decía. Estaba más preocupado por ese bochorno que por la muerte.
    Pero cuando tuvo al Hércules frente a frente no falló, y rápidamente se unió a su jefe, un primer teniente, que ordenó bajar a menos de quince metros de las olas y avanzar a toda máquina. Volaban tan bajo que dejaban estelas en el mar.
    Evadiendo misiles
    Con el alma en vilo escucharon que, cinco minutos antes de llegar al blanco, los primeros cuatro aviones atacaban. En el horizonte no se veía nada pero Piano se dio cuenta en seguida de que a sus compañeros no les había ido muy bien.
    En dos minutos supieron que tres aviones habían sido alcanzados por la artillería antiaérea y que habían sido derribados en medio de hongos de fuego y estampidos de agua. El cuarto avión regresaba por las suyas.
    El sol volvía espléndido un día negro. Negrísimo. Piano vio de repente los buques enemigos. Eran efectivamente dos y les estaban disparando.
    En ese momento no pensaba en la patria ni en Dios, sólo veía con una cierta incredulidad esa película fantástica y en technicolor. La veía como si él no fuera parte de ella.
    Era un espectáculo corto y alucinante pero sin ruidos, porque en la cabina no se oía nada.
    Fueron fracciones de segundos: Piano contuvo el aliento verificando la velocidad y la altura, y en el momento exacto en el que pasaba por encima de uno de los dos barcos, mientras recibía y eludía disparos de todo tipo, apretó el botón y soltó una bomba de mil libras.
    Las bombas impactaron en el destructor y le abrieron agujeros horribles y definitivos.
    Quedó fuera de servicio, pero eso Piano lo supo mucho después porque en ese instante lo único que pudo hacer fue salir rápido de la ratonera evadiendo misiles y huyendo a toda velocidad.
    Cuando una escuadrilla dispara, los aviones se dispersan y cada uno regresa como puede. El joven alférez se sintió solo unos minutos pero de pronto divisó la nave de su jefe y la alcanzó.
    No podían hablarse, porque las navegaciones aéreas eran en silencio, pero volaban juntos, como hermanos, a una distancia de doscientos metros uno del otro, con el infierno atrás y el continente adelante.
    Habían cumplido y volvían con la gloria; era una extraña y grata sensación.
    Hasta que de repente un proyectil rasante surgido de la niebla pegó en un alerón del avión del primer teniente.
    Fue un golpe mortal a velocidad infinita que le hizo dar una vuelta de campana, pegarse contra la superficie del océano y explotar en mil pedazos. Todo en un pestañeo de ojos. Piano lo vio sin poder creerlo pero sin dejar de apretar el acelerador.
    Descendió todavía más y prácticamente aró el mar con un gusto metálico en la boca. Dependía emocionalmente de su jefe.
    Había bajado por un momento la guardia, pensando “me va a llevar a casa”, pero ahora estaba solo y desesperado. Ahora dependía únicamente de su propia pericia, o de su suerte.
    Voló un rato de esa manera, huyendo del diablo, y luego, cuando estuvo seguro de que no lo seguían, avisó al Hércules C-130, que los cazadores le llaman “La Chancha”, e inició el ascenso.
    “La Chancha” puso la canasta y sin perder el pulso el joven alférez empujó la lanza y recargó combustible. Después voló el último tramo casi a ciegas: el mar había formado una gruesa capa de salitre en el parabrisas del avión.
    El salitre de la desolación le nublaba a Piano los ojos. Lo más duro era entrar en la habitación de un compañero muerto, juntar su ropa, hacer su valija y dejarla en el vestíbulo del hotel donde pernoctaba su escuadrón.
    Ese ritual lo esperaba en Río Gallegos al final de aquel día en el que finalmente había tenido su bautismo de fuego en el Atlántico Sur. Los dioses, como decía la vieja sentencia griega, castigan a los hombres cumpliéndoles los sueños.
    En los años sucesivos sólo recordaría esa primera misión. Y la última. En el medio únicamente quedaban vuelos de reconocimiento, incursiones en la zona del Fitz Roy, nervios terribles y más caídos y duelos.
    También el ánimo de los mecánicos, que siempre despedían a los pilotos de combate con banderas y aclamaciones, y el regreso de la base al hotel que, con éxito o sin éxito, con muertos o sin ellos, hacían en un jeep o en una camioneta Ford F100 cantando canciones contra los ingleses.
    No tenían, por supuesto, la menor idea de cómo iba la guerra. Y cuando los trasladaron a San Julián sufrieron cierta tristeza: ocuparon una hostería y anduvieron por esa pequeña ciudad en estado de alerta total.
    No eran muy supersticiosos, pero tenían cábalas y de hecho no se sacaban fotos entre ellos porque creían instintivamente que eternizarse en esas imágenes significaba un pasaje directo hacia la desgracia.
    Nada pensaron, sin embargo, de aquella misión en día 13: estaba nublado y frío, y a Piano y a sus compañeros les ordenaron partir hacia las islas. Decían que los ingleses habían desembarcado y que se luchaba cuerpo a cuerpo en tierra.
    Los A-4B llevaban bombas, cohetes y cañones. Piano estaba, como siempre, ansioso. Aunque esa ansiedad solía terminarse cuando lo ataban en la cabina y había que salir al ruedo.
    Los nervios entonces desaparecían, como el torero que siente un nudo en el estómago hasta que baja a la arena y enfrenta con su capote al toro.
    Pero el despegue no fue tan fácil. Se rompieron unos caños de líquido hidráulico y hubo que buscar a mil quinientos metros un avión gemelo.
    Al alférez lo desesperaba que su escuadrilla partiera sin él, de manera que se subió al otro A-4B y empezó el rodaje sin cargar el sistema Omega, que permitía coordinar y volar con precisión.
    Piano no quería quedarse en San Julián, y como los suyos ya se habían marchado llamó al jefe de la segunda escuadrilla y le pidió permiso para plegarse a su grupo. Le dieron el visto bueno y despegó sin tener bien configurado el avión.
    Ascendió y buscó entre las nubes el rumbo, y encontró en un momento al Hércules, que llevaba doce hombres y tenía la orden de no entrar en la zona de la batalla ni quedar al alcance de los misiles enemigos por ningún motivo.
    Cargó combustible y siguió a su guía por el norte de las islas Malvinas, luego tomó dirección Este a vuelo rasante y hacia el Sur bajo chaparrones.
    Y se sorprendió al escuchar que el operador de radar de las islas preguntó si había aviones en vuelo. El jefe de la formación le respondió con un pedido, que les proporcionaran las posiciones de las patrullas de Sea Harriers.
    Cuando llegó el informe verbal los pilotos argentinos sintieron un escalofrío. Había cuatro patrullas en el aire y una quinta al norte del estrecho de San Carlos.
    El cielo estaba infestado de aviones ingleses. Era una trampa mortal, y la lógica indicaba regresar de inmediato al continente.
    Pero ya estaban a cinco minutos del objetivo y el día se había despejado, y entonces el guía tomó la resolución de seguir. Después descubrirían que estaban atacando un enorme vivac armado por los ingleses en Monte Dos Hermanas.
    Más de dos manzanas con carpas, containers y helicópteros, un campamento desde donde dirigía la guerra el general Jeremy Moore.
    Todo ocurría en el término de minutos. Los A-4B iban a ochocientos kilómetros por hora y a veinte metros de distancia entre unos y otros. Los pilotos temían que una fragata misilística les cortara el paso antes de llegar al blanco.
    No llevaban armamento para atacar un buque; las bombas tenían espoletas para objetivos terrestres.
    Por la gran movilización de helicópteros de esa zona los generales de Puerto Argentino habían conjeturado que allí podía estar el mismísimo centro de operaciones de los británicos. Y no se equivocaban.
    Las cartas de vuelo decían que el ataque debía hacerse a las 12.15.
    Y faltaban dos minutos. Los cazadores pasaron por encima de la bahía San Luis y el operador del radar de Malvinas les advirtió que los Harriers los habían detectado y que ya convergían sobre ellos.
    Cuando faltaban un minuto y veinte segundos la escuadrilla casi despeinó a un soldado inglés que subía una loma.
    Ahora los aviones, en la corrida final, volaban pegados al suelo. Más allá de la elevación apareció el campamento. Y Jeremy Moore evacuó su carpa un minuto antes de que le cayeran los obuses.
    Dellepiane lanzó sus tres bombas de 250 kilos, provocó destrozos, y percibió que les tiraban con todo lo que tenían. Desde misiles y artillería antiaérea hasta con armas de mano.
    Era un festival de fuegos artificiales. Y casi todos los pilotos se desprendieron de los tanques de reserva y de los portamisiles e hicieron una curva para regresar por el Norte, cada uno librado a su inteligencia.
    Piano voló haciendo maniobras de elusión y acrobacias, y sintió impactos en el fuselaje. Era otra vez un espectáculo increíble y aterrador.
    A la altura de Monte Kent se topó con un helicóptero Sea King en pleno vuelo y le disparó. Salieron dos proyectiles y se le trabó el cañón, pero una bala pegó en las palas y obligó al piloto inglés a un aterrizaje de emergencia.

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    Enseguida, por la izquierda, vio que pasaban dos bolas de fuego que iban directamente hacia el avión de su teniente, así que le gritó por la radio “Cierre por derecha” y siguió virando hasta ver que los misiles pasaban de largo y se perdían.
    Más adelante se topó con otro Sea King y volvió a intentar dispararle, pero también fue en vano: el cañón no se destrababa.
    Así que en el último instante levantó el Skyhawk y pasó a centímetros de las aspas del helicóptero para evitar que el piloto de casco verde lo liquidara con su gatillo.
    Fue más o menos en ese instante cuando se dio cuenta de que estaba sucediendo algo inesperado: se estaba quedando sin combustible. Un proyectil le había perforado el tanque, y tenía sólo 2000 libras.
    Precisaba más del doble para alcanzar la posición de “La Chancha”. Pero no pensaba en ese momento crucial en llegar a ningún lado sino en escapar del acoso de los Harriers.
    Se desprendió entonces de los portamisiles y siguió volando un trecho pidiéndole al radar de Malvinas que le dijera, sin tecnicismos y con precisión, dónde estaban sus verdugos.
    Los Harriers volaban a una distancia considerable, así que ya sobre el norte del estrecho San Carlos dudó sobre si debía eyectarse en la isla o tratar de llegar al Hércules.
    Sus maestros, en las lecciones teóricas, le habían recomendado siempre que en una situación semejante intentara regresar. Eyectarse significaba perder el avión y caer prisionero.
    Cruzar significaba enfrentar el riesgo de no lograrlo y terminar en el mar. Si caía no podría sobrevivir más de quince minutos en las aguas heladas, y no había posibilidades operativas de que ninguna nave pudiera rescatarlo a tiempo.
    Sus compañeros, por radio, trataban de darle consejos y sacarlo del dilema. Pero su jefe tronó: “Déjenlo a Piano que decida”. Y entonces Piano decidió.
    Salió a alta mar, se puso en la frecuencia del Hércules y comenzó a conversar con el piloto que lo comandaba.
    Dos hombres hicieron ese día caso omiso a las órdenes de los altos mandos: el piloto de “La Chancha” salió de su posición de protección, entró en la zona de peligro y avanzó a toda máquina al encuentro del A-4B de Piano , y un oficial de San Julián tuvo un arrebato, se subió a un helicóptero y se metió doscientas millas en el mar a buscarlo, un vuelo completamente irregular y arriesgado que no ayudaba pero que mostró el coraje suicida del piloto y la desesperación con que se seguía en tierra la suerte de aquel cazador herido de combustible que intentaba volver a casa.
    El alférez escuchó “Vamos a buscarte” y trató de mantener el optimismo, pero el liquidómetro le indicaba a cada rato que no conseguiría salir vivo de aquel último viaje.
    “¿A qué distancia están?” -preguntaba cada tres minutos-. “¿A qué distancia están?” La radio se llenaba de voces: “Dale, pendejo, con fe, con fe que llegás”.
    El alférez sacaba cuentas sobre la cantidad de combustible, que se extinguía dramáticamente, y pronosticaba que se vendría abajo. Y sus oyentes redoblaban los gritos de aliento: “¡Tranquilo, pibe, con eso te alcanza y sobra!”
    Sabía que le estaban mintiendo. Cuando llegó a 200 libras se dio por perdido. De un momento a otro el motor se plantaría y se iría directamente al mar. Comida para peces.
    Cuando llegó a 150 libras recordó que eso equivalía, más o menos, a dos minutos de vuelo. “¡No me abandonen!” -los puteó, porque había silencio en la línea-. De repente el piloto del Hércules C-130 creyó verlo, pero era un compañero. Piano pasó de la euforia a la depresión en quince segundos.
    No rezaba en esas instancias, sólo le venían relámpagos del recuerdo de su padre. El fantasma estaba dentro de aquella cabina, metido en sus auriculares.
    “Dame una mano, viejo”, le pedía guturalmente, con las cuerdas vocales y con los ventrículos del corazón.
    El liquidómetro marcó entonces cero, y de pronto Piano escuchó que lo habían divisado y vio por fin a “La Chancha”. La vio cruzando el cielo, hacia la derecha y bien abajo.
    Le pidió al piloto que se pusiera en posición y se largó en picada sin forzar los motores, planeando hacia la canasta salvadora.
    Cuando la tuvo enfrente le dio máxima potencia con una lágrima de combustible en el tanque y al ponerse a tiro pulsó el freno de vuelo y metió la lanza. Todos atronaban de alegría en la radio y se abrazaban en tierra.
    Piano también gritaba, pero quería abastecerse rápido, retomar el control y regresar a San Julián por su propia cuenta. Pronto descubrieron que eso no era posible. Todo el combustible que entraba, pasaba al tanque y caía por el orificio.
    “Quedate enganchado”, le dijo el piloto del Hércules. No tenían alternativa. Volaron así acoplados el resto del camino, perdiendo combustible y con el riesgo de una explosión o de no llegar a tiempo.
    Fue otra carrera dramática hasta que vieron el golfo y luego la base. Entonces el A-4B se desprendió y chorreando líquido letal buscó la pista. Piano intentó bajar el tren de aterrizaje pero la rueda de nariz se resistía.
    Estaba todo el personal de la base de San Julián esperando, y él dando vueltas, dejando estelas de combustible de avión y tratando de lograr que esa maldita rueda bajara.
    Finalmente bajó, y el alférez aterrizó, se desató rápido, se quitó el casco, saltó al asfalto y se alejó corriendo del enorme lago de combustible que se formaba a los pies del A-4B.
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    Medalla al valor
    Hubo fiesta hasta tarde y felicidad desenfrenada en San Julián. Como Piano se consideraba vivo de milagro se tomó muchas copas y tuvieron que acompañarlo hasta su habitación: se durmió con una sonrisa y se despertó muy tarde.
    Era el 14 de junio de 1982 y sus compañeros le informaron que la Argentina se había rendido.
    Gracias a una licencia providencial, dos días después ya estaba en Buenos Aires. La ciudad permanecía hundida en la ira y en la depresión. Y también en la indiferencia.
    Cualquiera que se cruzaba con Piano se le acercaba con precaución y al rato le pedía que contara todo lo que había vivido. Pero Piano no tenía ganas de contar nada.
    Durante años soñó con aquellas piruetas mortales, aquellos vuelos rasantes, aquellas muertes: insomnio pertinaz y espectros atemorizantes que lo perseguían como Sea Harriers impiadosos.
    Le dieron la Medalla al Valor en Combate, y se mantuvo dentro de la Fuerza Aérea haciendo una callada carrera con foja intachable y mucha capacitación profesional. Hace dos años fue enviado como agregado aeronáutico a Londres.
    Los ingleses lo recibieron como un gran guerrero. En la misma tradición de Wellington y de Napoleón, los ejércitos europeos aún practican el honor para sus antiguos y respetables enemigos.
    Las aspas atravesadas del Sea King que había derribado Piano en Monte Kent están en el Museo de la Royal Navy, y el helicopterista que conducía aquel día está vivo pero retirado.
    Piano consiguió su teléfono y conversó afectuosamente con él. “Me alegra no haberlo matado”, se dijo.
    Los veteranos ingleses que lucharon en el Atlántico Sur tienen un enorme respeto por los aviadores argentinos.
    Y sienten nostalgias por aquellos tiempos: “Fue la última guerra convencional -dicen-. Unos frente a los otros por un territorio concreto. Hoy todo se hace a distancia, metidos en terrenos sin fronteras definidas y por causas borrosas, con terrorismos atomizados y combatientes religiosos eternos. Con esos enemigos al final no podemos juntarnos a tomar una cerveza”.
    Aquel alférez, convertido en comodoro, fue invitado una tarde a entregar un premio en la escuela de aviación de la RAF. Por la noche, los pilotos de guerra recién recibidos y sus señores oficiales cenaban en un salón majestuoso de mesas larguísimas.
    Piano ocupó un lugar privilegiado, y el director de la escuela pidió silencio y habló del piloto argentino.
    Se sabía su currículum bélico de memoria y en su discurso mostraba el orgullo de tener esa noche a un hombre que había luchado de verdad contra ellos.
    El jueves pasado Guillermo Dellepiane asumió como director de la Escuela de Guerra Aérea en Buenos Aires. Ocupa un despacho en el Edificio Cóndor, donde murió su padre. Piano es ahora un cincuentón bajo y gordito.
    Se le cayó el pelo, es sumamente cordial y tiene un pensamiento moderno, y por supuesto en la calle nadie lo reconoce. Nadie sabe que forma parte de la hermandad del honor, y que es un héroe imborrable de una guerra maldita.


    Bernardo Schweizer

    22 h · Ciudad de México, Distrito Federal, Mexico ·

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  18. Diego Ruben Administrador

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    Gran historia y que responsabilidad la de sus jefes al ver que su numeral se acercaba a una muerte segura si no llegaba al reabastecedor.
  19. RUSOHDP Forista Destacado

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    Excelente fragmento de la Historia Argentina.
  20. Delfinicus Colaborador

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    Historias de Padres e Hijos (Ejército Argentino)

    El general Sergio Fernández es vecino (vive en Ramos Mejía) y su hijo Esteban es amigo cercano de mi "hijo del corazón" Sergio Fernández (totalmente casual los nombre iguales)


    No viene al caso pero los cuatro hijos de mi esposa son de apellido Fernández, aclaro porque si dejo solo "mi hijo Sergio" y miran el apellido .. :nofui:

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